El torbellino de violencias sigue y hay que persistir en ponerle fin

Por: Luis Eduardo Celis  Analista de conflictos armados y de sus perspectivas de superación – Asesor de Pares  


Colombia ha vivido en toda su historia republicana una persistencia de una acción violenta organizada que tiene profundas raíces en nuestro ordenamiento social y político, caracterizado por lógicas autoritarias, excluyentes y por su incapacidad de lograr, al menos hasta el presente, un pacto de convivencia democrático. Salir de exclusiones y autoritarismos, y tener realmente un Estado democrático y de derecho —como el formulado hace treinta años en el proceso constituyente del 91, que firmado un 4 de julio de ese año— sigue siendo un reto presente.


La semana pasada fue atacado el helicóptero en el que viajaba el presidente Iván Duque junto a los ministros de Defensa y del Interior. Si hubiera sido un ataque efectivo, no imaginamos las profundas consecuencias que esto habría tenido en esta precaria democracia. Con seguridad estaríamos en un escenario de caos y profundización de las violencias. Afortunadamente, este es un llamado a la seguridad del presidente, que, por supuesto es una prioridad de interés nacional, así como lo es la seguridad y la vida de todas las personas líderes de primera línea sin importar su postura política. Todo ataque contra la dirigencia social y política debe ser prevenido.