Reapertura fronteriza: el rifirrafe diplomático y la captura de ‘Otoniel’

Por: Camilo Díaz (investigador nacional) y Nataly Triana (asistente de investigación)

Línea Democracia y Gobernabilidad - Pares


El anuncio de la reapertura bilateral de la frontera, desde el pasado 5 de octubre, entre los Estados de Colombia y Venezuela, aún no se ha traducido en una apuesta real y concreta que permita la protección efectiva de los derechos de las poblaciones migrantes de forma permanente. De acuerdo con fuentes de prensa, en el puente Simón Bolívar se había mantenido el paso humanitario de estudiantes, personas en condición de discapacidad y en condiciones críticas de salud hasta el día de ayer, 25 de octubre. En esta fecha se levantaron las restricciones y se dio inicio a la implementación del plan piloto peatonal en este puente, lo cual condujo, finalmente, al tránsito de personas por la estructura binacional sin ninguna restricción.


El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre ambos Gobiernos se hace más apremiante debido a, por un lado, los riesgos de seguridad presentes en los pasos irregulares tras la captura de ‘Otoniel’, máximo cabecilla del ‘Clan del Golfo’, y, por otro lado, a la llegada del fenómeno de La Niña a Sudamérica. Sin embargo, el escenario diplomático y humanitario no es claro tras la negatividad del Estado colombiano de restablecer las relaciones con Caracas.


En las semanas pasadas, cuando la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) aún no había recibido órdenes para permitir el ingreso y salida de todos los connacionales, se puso en riesgo la vida de los y las migrantes, quienes, a pesar de la creciente de los ríos y la inundación de las trochas por el fenómeno de La Niña, debieron cruzar por estos pasos irregulares. Debido a este fenómeno climático, la susceptibilidad de contagio por covid-19 o por otras enfermedades de carácter respiratorio podría ser crítica, teniendo en cuenta que el enfriamiento de la temperatura puede conducir a un crecimiento de este tipo de patologías.


El 11 de octubre, debido a la creciente de los ríos y a la imposibilidad del paso por las trochas (circunstancia causada por el fenómeno de La Niña), se conoció que la GNB fue forzada a permitir la movilidad de las personas migrantes más allá del paso humanitario. Luego, el pasado 25 de octubre, se dio el retiro de los contenedores en el Puente de la Unión, es decir, el corredor que une Puerto Santander con García de Hevia. Para el 26 de octubre, se anunció que la mesa técnica de la Gobernación de Norte de Santander, la Cámara Colombo Venezolana, Fitac y Colfecar tienen todo listo para la apertura económica, la cual iniciará con una exportación de papel higiénico. Sin embargo, frente a esto, se desconocen los acuerdos y las medidas para desincentivar el contrabando.


Diplomacia entre órganos legislativos


A pesar del anuncio del desbloqueo de la frontera, esto no ha significado una propuesta efectiva que conduzca a la protección real de los derechos de las poblaciones migrantes. Esta incapacidad se hace evidente, entre otras cosas, en la desconexión entre el Gobierno regional y el Gobierno nacional, que no asistió a la mesa de trabajo convocada en Cúcuta para abordar el tema de la reapertura comercial de la frontera colombo-venezolana.


La realidad que se configura a partir de esta situación llevó al Congreso de la República, en cabeza de los senadores Yezid García y Jorge Guevara, a proponer, en la plenaria del Presupuesto General de la Nación, la composición de una comisión bilateral con la Asamblea Nacional de Venezuela para trabajar, de manera conjunta, en la normalización de las relaciones diplomáticas y comerciales.



Fuente: Congreso de la República.

Tras la aprobación de esta iniciativa, Juan Diego Gómez Jiménez, presidente del Senado, radicó la propuesta en la Asamblea Nacional de Venezuela. Por su parte, Jorge Rodríguez, presidente de este organismo parlamentario, afirmó estar en completa disposición para la creación de la comisión, y sometió el tema a debate en la Asamblea. En una carta enviada en respuesta a la presentada por Gómez Jiménez, Rodríguez comunicó la aceptación de la propuesta y expresó su voluntad para acordar tiempos. Incluso, la iniciativa fue vista con buenos ojos por parte de Nicolás Maduro.


Frente a la apertura de esta posibilidad de trabajo conjunto,senadores del Centro Democrático afirmaron que la manera en que se llevó a cabo la votación (en la que se votaron cinco proposiciones en bloque) llevó a que ellos no presentaran ninguna objeción o voto negativo. En la transmisión de la plenaria se pudo ver cómo el secretario del Senado, Gregorio Eljach, daba lectura a la proposición y no se presentó ninguna manifestación negativa, siendo votada por unanimidad


Por esta razón, varios senadores y senadoras del Centro Democrático se retractaron de su voto a favor de la iniciativa y, como bancada, sostuvieron su posición en apoyo al presidente de Iván Duque, quien, como jefe de Estado, es quien lidera las relaciones internacionales de Colombia.


Efectivamente, siguiendo las funciones constitucionales consagradas por el artículo 189 de la Constitución Política de Colombia, corresponde al presidente de la República dirigir las relaciones internacionales del país. Sin embargo, este tipo de iniciativas o proposiciones no comprometen al Gobierno nacional. Sin que deje de tener un valor político, es posible la existencia de una ”paradiplomacia” o “diplomacia paralela no institucionalizada, por parte de las secretarías de relaciones exteriores o los ministerios de asuntos internacionales (en este caso por el Ministerio de Relaciones Exteriores), para favorecer el restablecimiento de las relaciones con Venezuela y que sean gestionadas, posteriormente, por el Gobierno nacional. Inclusive, en Colombia se han dado procesos de “parlodiplomacia” (una de las formas de la diplomacia paralela) en los que se han desarrollado relaciones interparlamentarias.


En ese mismo orden de ideas, el senador Yezid García sostuvo que “esta propuesta en nada pretende ocupar el rol que corresponde al presidente de la República y mucho menos ejercer sus obligaciones, lo que sí pretende es cumplir el deber de traer soluciones a la mesa, pues la paciencia de los pueblos fronterizos hace mucho se agotó”.


De todas formas, la aprobación de la proposición causó revuelo porque Iván Duque no reconoce al Gobierno de Nicolás Maduro y, de hecho, tras conocerse la aprobación de la proposición, sostuvo que seguirá sin reconocerlo. De igual forma, la canciller y vicepresidenta Marta Lucía Ramírez consideró ‘inaceptable’ que el Senado reconociera una entidad sin reconocimiento a nivel nacional. Por lo pronto, el Gobierno nacional procura reducir las relaciones diplomáticas con Venezuela a los vínculos con un gobierno interino que no tiene poder real sobre el manejo fronterizo y, en especial, que tiene una vigencia próxima a vencer.

Municipios fronterizos y el ‘Clan del Golfo’


Mientras el Gobierno colombiano se niega a restablecer las relaciones con Venezuela y se regocija del supuesto fin del ‘Clan del Golfo’, las poblaciones migrantes y habitantes de los municipios fronterizos se encuentran en un alto riesgo de ser víctimas de violencia debido a las retaliaciones del ‘Clan del Golfo’ tras la captura de ‘Otoniel’, y a la ventana de oportunidad que esta circunstancia genera para otras Estructuras Armadas Ilegales (EAI) de cooptar y disputar los escenarios donde este grupo hace presencia.



La relevancia de ‘Otoniel’ y el ‘Clan del Golfo’ en Norte de Santander tiene que ver, precisamente, con el control territorial de los cruces irregulares para el tráfico de cocaína de Colombia hacia Venezuela. De acuerdo con las fuentes de Pares en Puerto Santander, el ‘Clan del Golfo’, en este territorio, previo a la captura de Otoniel, se ha dedicado a realizar toques de queda y ejercicios de “limpieza social”.


Ante este panorama, la necesidad del restablecimiento de las relaciones diplomáticas es más que obligatoria en función de la protección de las poblaciones que se pueden ver afectadas, no solo por los efectos del fenómeno de La Niña, sino por los posibles aumentos de violencia en los territorios donde estas transitan y/o habitan. Mientras el Gobierno nacional se abstiene de normalizar las relaciones bilaterales, las distintas EAI se organizan en la región fronteriza para aprovechar los posibles vacíos de poder que pueda dejar el ‘Clan del Golfo’.