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¿Para qué, cuándo y cómo la Constituyente?

Por: León Valencia

Uribe fue uno de los primeros en hablar de la necesidad de una Asamblea Nacional Constituyente, lo hizo el 4 de julio de 2012, en el lanzamiento de la plataforma del Centro Democrático, con el argumento de la reforma a la Justicia. Después, el 21 de diciembre de 2013, las FARC propusieron en La Habana un “gran acuerdo político nacional para una Asamblea Nacional Constituyente” con el propósito esencial de refrendar los acuerdos de paz.

Recientemente fue el fiscal general Montealegre quien armó un alboroto proponiendo una constituyente con presencia de las FARC. No son los únicos que están en la idea. Por los lados de la izquierda la mayoría de los dirigentes ven con buenos ojos una convocatoria de este tipo y en la coalición de gobierno también hay voces en esa dirección. Se sabe igualmente que es una aspiración del ELN en las negociaciones de paz.

Creo entender por qué actores políticos o institucionales de las más diversas tendencias están buscando un espacio constituyente. El recuerdo de la Constituyente del 91 es bueno, por las reformas realizadas y por el ambiente de esperanza que se generó en el país en los cuatro años siguientes. El momento que vivimos tiene además algunos parecidos con aquel final de los años ochenta: hay una asombrosa pérdida de legitimidad de algunas instituciones, una crisis de liderazgo, un proceso de paz en curso y un clamor de cambio en algunos sectores sociales. También hay alguna conciencia de que los constituyentes del 91 no pudieron o no quisieron abordar algunos temas espinosos como un nuevo ordenamiento territorial y una reforma a las Fuerzas Armadas.

Pero, precisamente, porque la Constituyente del 91 es la referencia, tenemos que tomar en cuenta tanto sus éxitos como sus limitaciones y no olvidar que en la Constitución que salió de allí hay una definición precisa de las constituyentes del futuro. Esa asamblea se hizo después de la desmovilización y el desarme de las guerrillas que concurrieron al proceso de paz y no tuvo el propósito de refrendar los acuerdos establecidos. Tuvo un fin mayor, quizás no deliberadamente buscado: darle legitimidad plena al pacto de paz y a las nuevas fuerzas que ingresaron a la vida democrática del país. Ese fue su gran aporte.

Y la debilidad más importante le vino de la naturaleza parcial del pacto de paz. Dado que las guerrillas más viejas persistieron en el conflicto y que una parte de las elites políticas regionales ligadas a los paramilitares también se mantuvieron al margen, no fue posible encarar las transformaciones a las Fuerzas Armadas y darle un vuelco al territorio. El fantasma de la guerra no permitió ir más lejos.

Meter a una constituyente a refrendar los acuerdos mínimos que se han hecho en