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Las reparaciones del otro lado

Llegó el momento de comenzar a decirnos algunas verdades o mejor de comenzar a aceptarlas. El país, a las FARC, le va a pedir que entreguen los secuestrados, que diga dónde quedaron los cadáveres de muchos de ellos, que cuenten todos los delitos que cometieron, y que reconozcan hechos como los del Nogal o las pescas milagrosas, además que pidan perdón por todos crímenes cometidos. Pero también, hay que recordar que las FARC no fueron las únicas responsables de muchos hechos de violencia y crímenes cometidos en este país.

Aunque a muchos no les gusté o no estén enterados, al Estado también le tocara pedir perdón y reconocer numerosos crímenes. A ese mundo que se le llama FARC y a su entorno político, tanto la sociedad, como el Estado, además de pedirles perdón deberán hacer acciones de justicia restaurativa. Tal vez una de las acciones más importantes tienen que ver con lo que se podrían llamar la restauración política.

Por ejemplo, uno de los grandes debates que existen en la actualidad es si las FARC tendrán algunas curules en el Congreso. Esta realidad qué le cuesta al país aceptar es fundamental y necesaria para sacar adelante los decretos y leyes que surjan de los acuerdos firmados en la Habana, esto lo analizaré en una columna posterior. Pero además esta realidad de verlos en el Congreso por simple lógica de los acuerdos, es también un ejercicio de justicia restaurativa.

Desde mediados de la década de los ochentas del siglo pasado o mejor desde 1986 cuando se dio la elección popular de alcaldes y gobernadores hasta 1995, más de tres mil miembros de la Unión Patriótica fueron asesinados por una acción llevada a cabo por narcotraficantes, paramilitares, agentes estatales y élites locales. Básicamente la elección popular de alcaldes y gobernadores asustó a las élites locales que durante décadas habían gobernado de forma estable. Estas élites ante la llegada de la democracia se aliaron con narcos y paras para asesinar la oposición política. A ese periodo de la historia se le conoció como la Guerra Sucia y a la operación liderada por agentes estatales se le conoció como el Baile Rojo.

En el siguiente cuadro se puede observar los niveles de violencia política durante estos años. Desde la elección popular de alcaldes y gobernadores, la guerra sucia fue en aumento, compárese el año de 1985 con 1986.

EVOLUCIÓN DE LA VIOLENCIA EN COLOMBIA

1981-1991

Años

Asesinatos políticos