Buscar

La situación de las mujeres en Afganistán con el regreso al poder del régimen talibán

Por: María Victoria Ramírez Coordinadora de Perspectiva de Género – Pares



No deseo abrir la boca ¿A qué podría cantar? En mí, a quien la vida odia, tanto da cantar que callar. ¿Acaso debo hablar de dulzura cuando siento tanta amargura? Ay, el festín del opresor me ha tapado la boca. Sin nadie al lado en la vida ¿a quién dedicar mi ternura? Tanto da decir, reír, morir, existir. Yo y mi forzada soledad con mi dolor y mi tristeza. He nacido para nada mi boca debería estar sellada. Ha llegado, corazón, la primavera, el momento propicio del festejo. ¿Pero qué puedo hacer si un ala tengo ahora atrapada? Así no puedo volar. Llevo mucho tiempo en silencio, pero nunca olvidé la melodía que no paro de susurrar. Las canciones que brotan de mi corazón me recuerdan que algún día romperé la jaula. Volando saldré de esta soledad y cantaré con melancolía. No soy un frágil álamo sacudido por el viento. Soy una mujer afgana Entiéndase pues mi constante queja.


Escrito por la poeta afgana Nadia Anjuman, asesinada por su esposo y su familia en 2005.


Esta columna está motivada por la perplejidad que causan las imágenes que le dan la vuelta al mundo sobre los acontecimientos recientes en Afganistán. Personas desesperadas en los aeropuertos tratando de obtener un vuelo que las saque de ese país para huir del nuevo régimen. Aclarando que no soy experta en el conflicto de Afganistán, me mueve la convicción respecto al derecho que tienen todas las mujeres de este planeta a una vida digna y libre de toda forma de violencia, por lo tanto, me centraré en la situación de las mujeres afganas en medio del cambio de poder.


Distintos medios de comunicación han cubierto la noticia. El portal Al Jazeera asegura que no está muy claro lo que les espera a las mujeres con los talibanes nuevamente en el poder, pero alerta que “públicamente, los talibanes están intentando impulsar la narrativa de que han moderado algunas de sus posiciones más extremas, y su portavoz anunció el martes por la noche un indulto oficial para ‘todos’ los involucrados en la guerra”. Además, uno de los portavoces talibanes, Zabihullah Mujahid aseguró en una rueda de prensa que el grupo estaba comprometido a permitir que las mujeres trabajaran de acuerdo con los principios del islam. En entrevista con Sky News de Gran Bretaña, otro líder de los talibanes, Suhail Shaheen, ofreció garantías y aseguró que las mujeres podrían acceder a todos los niveles de educación, desde la primaria hasta el nivel universitario.


Pero las declaraciones de los talibanes no dan tranquilidad, ni a los afganos ni al resto del mundo, debido al historial de brutalidades cometidas por ese grupo. El medio France 24 titulaba esta semana: “Las mujeres y las niñas afganas temen ‘días oscuros’ con la llegada de los talibanes a Kabul”. Hay razones históricas para temer que, con la toma del poder por los insurgentes islamistas, se produzca una desintegración de las libertades y los derechos de las mujeres que fueron ganados durante los 20 años de intento de transición democrática. «Los talibanes harán retroceder la libertad en todos los niveles y eso es contra lo que estamos luchando. Las mujeres y los niños son los que más sufren y nuestras fuerzas están tratando de salvar la democracia. El mundo debe comprendernos y ayudarnos», dijo a Reuters un portavoz del Gobierno afgano el 13 de agosto.


Farkhunda Zahra Naderi, exlegisladora y asesora principal de la ONU del presidente afgano Ashraf Ghani y ahora miembro del Alto Consejo para la Reconciliación Nacional de Afganistán, afirmaba en entrevista con Bloomberg: “Mi mayor temor es que ahora están marginando a las mujeres que han estado trabajando en estos puestos de liderazgo, que han sido una voz fuerte contra los abusadores más poderosos, pero también están trabajando con ellos para cambiar la situación en el terreno”.


Existe un gran temor por parte de la generación de mujeres afganas que han accedido a la educación, que han logrado ejercer cargos públicos y que se han destacado en la ciencia o en las artes de que todo se borre de un plumazo. Su llamado desesperado se ha expresado, a través de las redes sociales, en mensajes de auxilio en los que aseguran que a las mujeres ya se les está impidiendo ir a sus trabajos o ingresar a establecimientos educativos, y que se les está forzando a usar la burka (ya una mujer fue asesinada por no portarla).


Un ensayo publicado en 2018 por UKEssays[1] (y del cual aquí traduzco un apartado) describe la situación de las mujeres durante el período talibán (1996-2001) de la siguiente forma: “La brutalidad de los talibanes consistió en negar a las mujeres la oportunidad de comunicarse con otras mujeres que no fueran miembros de su familia. En la mayoría de los casos, las mujeres permanecían encerradas en sus casas con pequeñas ventanas oscuras, por lo que no era posible el intercambio público. Según una investigación, una mujer afgana solo podía caminar en público con la compañía de un homólogo masculino que debía pertenecer a su familia (OsmaÅ„czyk y Mango 2708). Estos hombres actúan como una barrera para la comunicación y el flujo de información entre mujeres y hombres en la esfera pública. La información solo puede obtenerse de esposos, hermanos y padres que, además, de acuerdo con las normas de los talibanes, son opresores de mujeres. Las duras circunstancias en las que vivían las mujeres afganas no permitían una comunicación eficaz. Las asociaciones de mujeres que fomentan el intercambio de información sobre asuntos sociales no están permitidas en la mayor parte de Afganistán. El flujo de información de una mujer a otra es difícil en tales circunstancias, lo que dificulta la comunicación efectiva. Por mucho que la libertad de expresión sea uno de los derechos defendidos por el Gobierno afgano, muchas mujeres ven negado este derecho por parte de hombres cercanos en sus vidas”.


Precisamente, respecto a las posibilidades que tienen las mujeres afganas de expresarse libremente, en ese mismo ensayo se señala: “La opinión de la mujer se considera inferior y la oportunidad de expresarse se encuentra negada para muchas mujeres que desean hacerlo. El levantamiento de voces se dificulta debido a la discriminación generalizada contra el género femenino en otras áreas importantes que contribuyen al flujo de información. La falta de educación para las niñas es un obstáculo importante para el libre tránsito de la información. Debido al analfabetismo, muchas mujeres afganas solo pueden conversar en sus lenguas vernáculas (Mittra y Kunar 143). La falta de acceso a la educación sigue deteniendo a muchas mujeres en la toma de decisiones, incluso en aquellas relacionadas con su propia situación. La falta de ideas, junto con el miedo, es un factor clave que hace que las mujeres afganas se queden atrás a la hora de alzar la voz más allá de su hogar”.


Lo que más preocupa es la reacción de la comunidad internacional. China y Rusia apoyan a los talibanes por razones geopolíticas y económicas, y los talibanes necesitan el dinero chino para reconstruir el país. Esta situación marca una gran diferencia con respecto al período 1996-2001, cuando solo tres Estados reconocieron a los talibanes como un régimen legítimo: Arabia Saudita, Pakistán y Emiratos Árabes. Estados Unidos ha retirado sus tropas y el resto de occidente apenas balbucea. Frank-Walter Steinmeier, presidente de Alemania, afirmó que lo que sucedía en Afganistán era la vergüenza de occidente. Sin embargo, con dos grandes potencias respaldando a los talibanes, creo que ningún país tomará acciones contundentes y el régimen talibán se consolidará en el poder, al menos por un tiempo. Así las cosas, el futuro de las mujeres afganas será realmente doloroso. No queda más que confiar en la tenacidad que ellas han mostrado, en su capacidad de resistencia y de búsqueda de estrategias de supervivencia física e intelectual.


* Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona a la que corresponde su autoría y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación (Pares) al respecto.