La danza: dignidad después de la guerra

Por: Sergio Saavedra, Redacción Pares

“Cabe en lo inverosímil, como un cuento”, dice un verso de Gabriel García Márquez que bien podría hablar de Deisy León Vergara, profesora de danza de Pita Capacho, en la región de Montes de María. Deisy es mujer que fue víctima de desplazamiento forzado en Unguía (Chocó) y que llegó a Montes de María a terminar la secundaria y a encantarse con la danza y la música. Fue becada por medio del grupo Zona de Torobé en la Universidad de Bellas Artes de Cartagena y decidió retribuirle su conocimiento a los niños y niñas de la comunidad de Pita Capacho.

“El cuerpo también dialoga, por medio del cuerpo aprendemos también a hablar. El cuerpo es nuestra herramienta vital para el danzar”, dice ‘la profe’. Deisy reconoce que los niños se sienten “propios, autóctonos de sí mismos, y que tienen seguridad con su cuerpo y su expresión. Con su mirada porque la mirada también habla, gracias al baile”.

‘La profe’ ha utilizado como herramienta al cuerpo para mostrarle a sus estudiantes –tímidos al bailar- que ella también vive ese proceso y que este resulta trasformador. El cuerpo, en este sentido, es un vehículo de su enseñanza, remitiéndose a su experiencia como mujer para compartirla con ellos. Por estas razones, Deisy le da especial importancia al baile, y a la cultura en general, para que los niños y niñas transmitan, conozcan y hagan memoria desde sus experiencias.

Nancy Morejón —poetiza cubana— escribió un día: “Detrás de estos rizos, con su voz quebradiza, asoman mis abuelos”, versos que, entre otras cosas, hablan de las raíces del continente africano. Deisy, quién se reconoce como una mujer negra —porque en esa palabra ve un proceso de resistencia— considera de gran importancia la apuesta política de las prácticas, de resistir con el cabello rizo, de resistir con el cuerpo para resignificar los procesos históricos que imbrican su vida, de los cuales no se rehusó el conflicto armado.

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A Deisy el desplazamiento forzado le cambió el rumbo de su vida en dos ocasiones. Cuenta que el primer desplazamiento fue en Chocó, a los 7