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El sur de Bolívar bajo el acecho de los fusiles

Por: Mauricio Valencia, Investigador Nacional

Línea Paz, Posconflicto y Derechos Humanos


Foto tomada de: Telesur y Radio Nacional de Colombia


En las últimas semanas el Sur de Bolívar se ha configurado como epicentro de confrontaciones entre el Clan del Golfo y el ELN, quienes se disputan el control territorial sobre la zona. Estos enfrentamientos han derivado en un recrudecimiento de la situación humanitaria en el municipio de Santa Rosa del Sur, el cual se ha extendido hasta los municipios de Cantagallo, Simití, San Pablo, Morales y Arenal, provocando el confinamiento de cerca de 130 familias y más de 300 personas. La defensoría del Pueblo a través de la Alerta Temprana 034 de 2023, emitida el pasado mes de septiembre, ya había advertido sobre el riesgo inminente de estas afectaciones contra la población civil de estos territorios.


Luego de la firma del Acuerdo de Paz y el vacío de poder que dejaron las extintas FARC-EP en esta subregión se produjo una reconfiguración en la presencia de actores armados que operan allí. La incursión progresiva de estructuras criminales como el Clan del Golfo en el sur de Bolívar desde el año 2020 ha desafiado el dominio territorial de otros grupos armados que han hecho presencia históricamente allí como el ELN a través del Frente de Guerra Darío Ramírez, e incluso de estructuras como los Frentes 4, 24 y 37 de las disidencias de las antiguas FARC. Cabe decir que, si bien en los últimos años la estructura del Frente 37 se había estimado como parte de la Segunda Marquetalia, la alerta temprana 034 de 2023 advierte un presunto accionar de esta estructura bajo la línea del extinto Gentil Duarte del Estado Mayor Central (EMC), ahora al mando de Iván Mordisco. A esto se suma el apoyo logístico y militar que se encuentra prestando la estructura del frente 33 del EMC, que opera en Catatumbo, Norte de Santander, a estas estructuras de los Frentes 4, 24 y 37 en el sur de Bolívar.


La coexistencia de estos tres grupos ha estado marcada por acuerdos y alianzas que se han ido redefiniendo de acuerdo a los intereses específicos que demanda la coyuntura. En su momento el ELN y el Clan del Golfo mantenían un pacto territorial que se extendía desde el Bajo Cauca y el Nordeste Antioqueño hasta el Sur de Bolívar, no obstante, este se rompió en 2021, derivando en confrontaciones entre ambos hasta el día de hoy. Según la Defensoría del Pueblo, en la actualidad se ha logrado constatar una anuencia entre el ELN y el Frente 37 presuntamente del EMC, operando en conjunto no solo para mitigar la consolidación del Clan del Golfo en el Sur de Bolívar, sino para repartirse los réditos de las economías ilícitas que hoy hay en el territorio.


Parte de la actual confrontación entre el Clan del Golfo y el ELN en alianza con el EMC radica en la disputa por las rentas proveniente de la minería artesanal. El sur de Bolívar es una subregión cuya principal vocación productiva se encuentra asociada a la minería artesanal, de la cual dependen la mayoría de familias. En este sentido, para los grupos armados resulta de gran importancia hacerse con el dominio sobre los territorios mineros, pues el control de esta actividad y sus rentas es un mecanismo de control poblacional y de gobernanza criminal que les permite instrumentalizar a la población, similar al control que ejerce el Clan del Golfo en el Bajo Cauca Antioqueño. El último informe de la UNODC sobre monitoreo de cultivos ilícitos en el país en 2022 evidencia una alta concentración de Explotación de Oro de Aluvión (EVOA) especialmente entre Simití, Santa Rosa del Sur y San Pablo.


Sin embargo, la minería artesanal no es el único botín que se disputa el Clan del Golfo con el ELN y el EMC, la gran presencia de cultivos de coca en el Sur de Bolívar también se ha constituido en un factor que ha contribuido al recrudecimiento de la violencia. Aunque el departamento de Bolívar registra una reducción de los cultivos de hoja de coca en un 4% respecto al 2021, según el informe de la UNODC la región “Central – Sur de Bolívar” sigue produciendo anualmente un promedio de 263.00 toneladas métricas (tm) de hoja de coca, siendo la cuarta región en el país con mayor producción. De las 10.358 hectáreas sembradas en el departamento de Bolívar durante el 2022 el 81,62% se concentra en cuatro departamentos: San Pablo, Santa Rosa del Sur, Simití, y Cantagallo. Precisamente en esta zona se ha configurado uno de los 15 grandes enclaves de producción de coca en el país “San Pablo – Taracué” y es donde se han concentrado los enfrentamientos de los últimos días entre las estructuras armadas que hacen presencia en el territorio.


Gráfico No.1 Hectáreas sembradas por municipio en Bolívar (2022- 2023)

Elaborado por: Fundación Paz & Reconciliación (Pares). Fuente: SIMCI/UNODC


Así mismo, la posición estratégica del sur de Bolívar es vital para estructuras armadas como el Clan del Golfo, quienes vienen consolidándose allí dado que representa un corredor estratégico que conecta el occidente y el oriente del país hacía el caribe, posibilitando su tránsito desde Antioquia y sur de Bolívar hacia la región del Magdalena Medio, Santanderes y parte del Cesar, donde ya vienen reforzando su presencia. Pares ha logrado identificar cómo durante el último año el Clan del Golfo viene ampliando su control territorial, especialmente en la subregión de los Montes de María, donde tiene una presencia hegemónica y en el Magdalena Medio, especialmente en Santander, donde vienen ejerciendo una fuerte labor de represión contra los liderazgos ambientales que se oponen a los proyectos extractivistas de empresas transnacionales en la zona.


En los últimos meses el Clan del Golfo ha procurado mantenerse al margen de la exposición pública, en tanto viene adelantando un control poblacional en ciertas zonas del país como en los Montes de María. Esto mediante acciones armadas de baja escala como asesinatos y desplazamientos selectivos para evitar el asedio de la fuerza pública y de la institucionalidad, de manera tal que puedan seguir expandiéndose de manera silenciosa. No obstante, los últimos hechos ocurridos en el sur de Bolívar e incluso los recientes enfrentamientos del Clan del Golfo con la Fuerza Pública en Tierralta, Córdoba, ponen de manifiesto la necesidad seguir acentuando la mirada sobre esta estructura criminal, cuando los reflectores hoy se posan sobre otros actores como el ELN y el EMC en el marco de los diálogos con el Gobierno Nacional.

Lejos del cese de la violencia, hoy el sur de Bolívar parece avocada a una realidad en la que acechan los fusiles y el sonido de las balas resuena.





 

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