El gobierno corporativo

Por: Ariel Ávila, subdirector – Pares


Las democracias contemporáneas atraviesan tres grandes desafíos: i) el surgimiento de Gobiernos autoritarios, que son algo distintos a las dictaduras tradicionales de los años sesenta y setenta del siglo XX; ii) el surgimiento de los neopopulistas, que los hay de izquierda y de derecha. En el continente hay muy buenos ejemplos de ambos casos y la Europa liberal y garantista tiembla ante el avance de los xenófobos y eurófobos populistas; iii) algo que se había advertido por todos los expertos y académicos en temas de democracia y partidos políticos desde el siglo XIX: las democracias corporativas; es decir, aquellas en las cuales no hay una línea clara entre grupos privados económicos y los Gobiernos públicos.

Una serie de teóricos había advertido que el crecimiento demográfico y la multiplicación de intereses sociales segmentados llevarían a la creación de grupos de presión que desempeñarían un papel más articulado entre el Estado y los individuos. El problema de esta teoría es que en las democracias contemporáneas ha hecho carrera un corporativismo salvaje, depredador y que solo representa un pequeño segmento de la sociedad. Tal vez el caso colombiano sea el mejor ejemplo.

Por ejemplo, el actual ministro de Hacienda colombiano, Alberto Carrasquilla, estuvo involucrado en el escándalo de los Panamá Papers. Además, en las últimas horas, el periodista Daniel Coronell destapó otro gran escándalo: cuando Carrasquilla fue ministro en la administración de Álvaro Uribe, promovió activamente la aprobación de una ley que al final lo terminaría favoreciendo con la creación de una empresa y el empobrecimiento de más de un centenar de municipios del país. Por si fuera poco, en las últimas semanas, el ministro anunció una fuerte reforma tributaria,