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Amazonía: la cooperación aún no desarrollada

Por: Igor Parma, Internacionalista


“Un gran pacto para salvar la selva amazónica en favor de la humanidad. Hacia un cambio de la política antidrogas; un Brasil garante de la.paz en Colombia y el estudio de la interconexión eléctrica de las Américas con fuentes de energías limpias.” Eso escribió el presidente Petro en su cuenta de Twitter el 02 de enero de este año, al momento de la ceremonia de inauguración del presidente Lula, en Brasil, por su tercer mandato. Los dos países vivieron al tiempo un cambio político similar. De Bolsonaro a Lula en Brasil y de Duque a Petro en Colombia. Cómo constató el profesor Mauricio Jaramillo en entrevista a Contra Reloj: “Petro ha despertado en el progresismo latinoamericano una suerte de expectativa muy grande”.


En efecto, la conexión entre Petro y Lula ya se había mostrado fuerte incluso antes que Petro fuera electo por el pueblo colombiano. En uno de sus discursos, Lula dijo que, por más que no estuviera acostumbrado a interferir en elecciones en el extranjero, pedía que los y las colombianas votaran por Petro “para que desde octubre, Brasil y Colombia puedan unirse a otros países y construir una América del Sur fuerte, con integración política, económica, cultural, para que tengamos un bloque muy fuerte para negociar con otros bloques en todo el mundo”.


Los dos países poseen un histórico de aproximación también en las gestiones anteriores de Iván Duque y Jair Bolsonaro. El 19 de octubre de 2021 firmaron siete acuerdos de cooperación en Brasilia. Esos acuerdos se suman a unos memorandos de entendimientos —que se pueden entender como un compromiso futuro de cooperación en determinadas áreas— y una carta de intención, en un total de 15 instrumentos oficiales entre los dos países.


La cooperación Colombia-Brasil, aunque se presente robusta en número de instrumentos, todavía no se ha traducido ni por Petro ni por Lula en hechos. Ambas gestiones enfrentan ahora retos en sus gobiernos. Petro con el hundimiento de la reforma política y la dificultad de la Paz Total, así como las tensiones alrededor de las reformas de los sistemas de salud, laboral y de pensiones que están en discusión, y Lula con obstáculos en la gestión de la economía y dificultades para componer y mantener la mayoría para la aprobación de reformas importantes como la tributaria, prometida por su ministro de Economía, Fernando Haddad.


Se entiende que en este contexto la cooperación regional no sea una prioridad en la agenda de los dos países. Sin embargo, una cooperación en la región amazónica ofrece una oportunidad de integración a bajo costo que puede aproximar A los dos países y conferirles protagonismo en el escenario latinoamericano.


Si bien hablar de la Amazonía es siempre un asunto sensible en el escenario internacional y regional, el diálogo Colombia-Brasil se facilita por una serie de factores coyunturales. Primero porque las políticas de frontera brasileras son coordinadas bajo el concepto de “faixa de fronteira” que agrupa los países vecinos a Brasil en tres grandes arcos: Norte —involucrando desde las Guayanas hasta Perú—, Central —Bolivia y Paraguay— y Sur — Paraguay, Argentina y Uruguay—. En el arco Norte, Colombia y Brasil se constituyen como las dos mayores economías. Además de eso, hay un reconocimiento en Brasil de problemas en común que enfrentan los dos países en la región, como “incursiones de mineros brasileros y extranjeros, acción de redes internacionales de tráfico de cocaína y pasta de coca, cercanía con áreas del conflicto colombiano y una incertidumbre en relación al comportamiento indígena en relación a estas cuestiones”. Ahora que los gobiernos de Colombia y Brasil se acercan ideológicamente, se presenta una posibilidad de desarrollo regional. Es cierto que coordinar políticas en esta región es algo complejo que demanda una gran cantidad de capital político, que necesitaría también coordinar y definir conjuntamente cuestiones que en cada nación de por sí ya son complejas, como el status de tierras indígenas, el desarrollo y la transformación. Sin embargo, podrían formularse cooperaciones para la región amazónica que sean sencillas, no demandarían mucho capital político —una vez que son espacio común entre los países— y permitirían un protagonismo colombiano y brasilero en una iniciativa que resonaría en el contexto latinoamericano y que podría por fin colaborar a la integración y fortalecimiento regional, algo a lo cual ambos gobiernos aspiran.


Una de esas posibilidades se encuentra en el intercambio de tecnología. Brasil empezó a utilizar satélites para monitorear y señalar operaciones de minería ilegal en su territorio. Esta nueva metodología mostró resultados de caídas de hasta el 78% de nuevas alertas en sus territorios. Una cooperación tecnológica tiene beneficios adicionales también, además de su simple utilización. El uso de herramientas tecnológicas permite un rebosamiento en el desarrollo de diversas áreas. Es un efecto secundario del intercambio de tecnología, distintas áreas están vinculadas y todas se desarrollan de la mano. En esta situación, un desarrollo en tecnologías de vigilancia por satélite trae beneficios no solo en el empleo y coordinación de satélites, sino que se suman beneficios para las telecomunicaciones, para sectores de alta tecnología y conlleva beneficios que se pueden traducir al área de seguridad nacional.


La cooperación Colombia-Brasil enfocándose en la Amazonía sería además un fuerte impulso para la cooperación e integración latinoamericana. Si bien Colombia ya se hace presente en 14 de los 18 bloques que componen el sistema Interamericano de integración regional y subregional según la CEPAL, hace mucho tiempo, el país tiene dificultades en protagonizar esfuerzos de integración regional. Se puede entender que, por largo tiempo, Colombia y sus presidentes estuvieron justamente ocupados con las consecuencias de su conflicto interno, sea en el combate a los narcos, o en el conflicto con las guerrillas, los retos presentados en el escenario doméstico dificultaron la acción internacional más allá de este ámbito. Sin embargo, hay señales por parte del presidente Petro recientemente de que, con el desarrollo de la Paz Total, es hora buena de que Colombia empiece a tener un protagonismo mayor en el área ambiental. Es lo que explicó el presidente Petro en la cumbre Iberoamericana cuando dijo: “no podemos perder los tiempos en una guerra, cuando los tiempos de la humanidad se están acortando por la crisis climática”. Petro señala así que uno de los cambios que pretende su gobierno es dejar de mirar solo hacia adentro de Colombia, con las espaldas al extranjero, revirtiendo así un movimiento de retracción internacional enfocado más en relaciones bilaterales, como hizo el expresidente Duque, por ejemplo con la salida de Colombia de UNASUR.


Buscar cierto protagonismo regional puede ser un reto para Colombia, puesto que el escenario latinoamericano es complejo, multifacético y con grandes áreas de competencia y potencias regionales como Brasil, Argentina y Chile. Enfocar este impulso inicial en la macro agenda climática y, además, en la Amazonía, representa para Colombia una oportunidad de protagonismo por dos razones de la coyuntura actual, de las cuales se puede aprovechar la gestión Petro. La primera es que ya hay un organismo regional para la Amazonía, la OTCA —Organización del Tratado de Cooperación Amazónica—, que cuenta con un numero de Estados miembros reducido (solamente Bolivia, Brasil, Colombia, Ecuador, Guyana, Perú, Surinam y Venezuela toman parte una vez que son los países amazónicos). El segundo factor coyuntural es, como ya mencionado, la victoria de Lula en Brasil. Lula fue uno de los presidentes en la historia de Brasil que más utilizó la diplomacia presidencial. Esos dos factores coyunturales presentan a Colombia una ventana de oportunidad por componer un escenario en el que Colombia y Brasil son las potencias más fuertes del bloque y en la que su impulso puede más fácilmente direccionar la acción regional. Petro puede usar este espacio para avanzar su agenda ambientalista y de integración latinoamericana con poca resistencia, incluso encontrando un espacio de enfoque para su propio proyecto de diplomacia presidencial, evidenciado recientemente en su anuncio de que convocará una conferencia internacional para el diálogo en Venezuela.


La cooperación Colombia-Brasil se presenta de esta manera como una oportunidad de consolidación de un esfuerzo que ya ocurre en una coordinación entre los dos países. Sería una oportunidad de afrontar problemas que acometen a ambas naciones, como la minería ilegal, la polución de acuíferos y la deforestación de la selva amazónica. Enfocarse en el escenario amazónico permitiría un campo de acción en el que el protagonismo colombiano se haría sentir más fuerte y no costaría mucho capital político, pues podría enfocar sus acciones de manera que afronten un espacio común a los estados miembros de la OTCA. Sería también un espacio en el que Colombia no tendría la competencia por el liderazgo regional de otros países latinoamericanos, alejándose de escenarios posibles, como la vuelta de la Unasur, protagonizada por Brasil y Argentina, o la acción de integración regional de Mercosur, bloques de los cuales Colombia no toma parte (Unasur) o al menos no cómo algo más allá de un estado asociado (Mercosur).

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