Valores éticos en elecciones

Por: Walter Aldana

Político social alternativo


El escándalo mediático, ocurrido a raíz de la presencia en tarima de Gustavo Petro en Girardot, Cundinamarca, el pasado martes 8 de febrero, después de ingerir unos tragos de whisky, nos evidencia la fragilidad de las gestas electorales en nuestro país. Según Economipedia,” Los valores éticos son las bases por las que las personas rigen su conducta. Son guías de comportamiento, normalmente aceptados de manera social y ayudan a diferenciar lo que es correcto o no”. Es por ello que la sociedad colombiana tenía el derecho de saber qué había ocurrido en dicho evento, entre otras razones porque de los hombres y mujeres de actividad pública, sus pensamientos y acciones son igualmente de tal sentido.

Por ello, el candidato del Pacto Histórico presentó su lectura de lo ocurrido, así como las respectivas excusas; “Y es verdad que con el cansancio del viaje a Europa y el cambio de horario, me cayó mal un trago que tome antes del acto de Girardot, en una reunión previa, expresó Petro en un trino, en el que también pidió disculpas por su conducta”.


En una sociedad decente basta con las explicaciones y la solicitud de comprensión, a partir del reconocimiento del error, pero en una campaña electoral, donde no se desarrolla en la lucha civilizada de las ideas, si no que se pretende sacar ventaja de una palabra mal dicha o de una actuación equivocada, cualquier acción es posible de ser utilizada.


Es tan evidente lo anterior que la revista Semana realizó un despliegue sobre el tema digno del que debe darse el día electoral.


Pero al margen del suceso, lo que queda en evidencia es el amarillismo, el morbo de novela de traqueto, la certeza de que, por falta de cultura política, el país electoral se debate entre las emociones, el miedo, el carro bomba, las masacres, asesinatos selectivos, amenazas (apócrifas dicen unos) de paro armado nacional por parte del ELN.


La definición de estrategias en las campañas electorales parece estar más dirigidas a desprestigiar al contrincante que en presentar las propuestas y a disputarse el electorado que “participa” cada cuatro años, algo así como el corcho en el remolino, pues emigran de una sigla a otra, ayer son contrarios y hoy aliados.


Mientras, por el contrario, buscan anular preferencias o apoyos a propuestas de transformación real con relación a la educación de calidad con gratuidad en el nivel superior, o terminar la odiosa intermediación de las EPS, el uso de energías limpias y renovadas, o la transformación de productos que dan valor agregado y el aseguramiento estatal de comercialización para cadenas productivas que garanticen mejores condiciones de vida y oportunidad de ingresos para la comunidad.

Si la guillotina cayera sobre todo aquel que se toma un trago social, seriamos poquitos quienes habitáramos el país.