Una tormenta perfecta que Duque tiene que evitar

Por: León Valencia, director – Pares


Una intervención militar en Venezuela; una declaración pública de vinculación de Iván Márquez y otros líderes desmovilizados de las FARC a las disidencias; la ruptura de las negociaciones con el ELN; y una mayor presencia de los carteles mexicanos de la droga en el territorio colombiano formarían una tormenta perfecta de violencia que nos haría retroceder a graves perturbaciones del pasado.

No sé que tan consciente sea Duque de esta situación, pero con el Ministro de Defensa que lo acompaña, dudo que tenga una idea clara del asunto. Botero, ni sabe, ni quiere saber de los problemas reales que enfrenta y, en cambio, se ha dedicado a provocar nuevos litigios como la estigmatización la protesta social, diciendo que es financiada por el narcotráfico.

El secretario general de la OEA, Luis Almagro, vino a agitar las aguas de la intervención militar sobre Venezuela en una declaración desde Cúcuta, la principal ciudad de la frontera colombo-venezolana. El señor, muy orondo y bocón, va diciendo estas cosas sin calcular las consecuencias que tendría para Colombia. Maduro feliz de encontrar motivos para alimentar el nacionalismo y la polémica con nuestro país. Nadie en el gobierno colombiano, ni en la opinión pública, reaccionó a la provocación.

Tampoco veo que Duque este haciendo algo para aclarar todo lo que ha ocurrido en el caso Santrich, que tanto impacto ha producido en el proceso de paz con las FARC. Este es un proceso del mayor interés nacional. Iván Márquez, ‘El Paisa’ y otros jefes del nuevo partido argumentan que fue un montaje urdido entre la DEA y la Fiscalía y temen que les pueda ocurrir algo similar.

Las pruebas sobre la participación de Santrich en una trama de narcotráfico después de la firma del acuerdo tienen que ser contundentes y presentadas ante el país o, en caso contrario, dejar libre al implicado. Igualmente, los colombianos debemos saber que le está diciendo Marlon Marín, el sobrino de Márquez, a la DEA. Duque no puede dejar que la incertidumbre jurídica siga ahondando las rupturas en el nuevo partido político y arrojando a los desmovilizados a los brazos de las disidencias.

El gobierno le está dando largas a la reanudación de los diálogos de paz con el ELN. Era legítimo y necesario exigirle al ELN la libertad inmediata de los miembros de la Fuerza Pública en su poder, también está muy bien demandar la aclaración de los demás secuestrados. EL ELN accedió a los llamados de Duque de liberar de inmediato a policías y soldados, mostrando interés en la continuidad de los diálogos y esto debería aprovecharlo el gobierno para sentarse a pactar un cese bilateral indefinido al fuego y a las hostilidades que incluya, claro está, el abandono definitivo del secuestro por parte de esta guerrilla.

No es inteligente continuar en un pulso con el ELN por fuera de la mesa, sabiendo que se puede llegar en un tiempo razonable a un acuerdo para cesar todas sus actividades armadas mientras se avanza en la negociación de los puntos de la agenda que se pactaron en el gobierno de Santos. El anterior cese de hostilidades fue un gran alivio para las empresas del sector minero energético del país, para las comunidades y las regiones y sólo tuvo cuatro incidentes lamentables.

Se está hablando en varias regiones del país de la presencia de los carteles mexicanos. Se ve, además, como algo folclórico al gran aumento de la venta de tequila en las licoreras y la proliferación de empresas de giros de dineros con registros importantes de envíos entre México y Colombia, la leyenda crece; pero en las autoridades nacionales no hay una valoración de la penetración de estas organizaciones en la vida colombiana ni una estrategia clara frente al crimen trasnacional. Estamos hablando de algo serio según las investigaciones que adelanta la Fundación Paz y Reconciliación.

Siempre que se advierten riesgos de esta naturaleza los partidarios del gobierno salen al quite diciendo que vienen de la administración Santos y que Duque apenas lleva un mes y algo de ejercer el poder. Este reproche es cierto. Pero la advertencia tiene el propósito de que se traten estos temas con la mayor inteligencia y sofisticación y no sólo con declaraciones retoricas de apelar a la fuerza y a la autoridad. Duque no puede dejar que se junten estos problemas, tiene que tratarlos cada uno por su lado y desactivarlos poco a poco.