Un mito que se derrumba

Por: Guillermo Segovia Mora. Columnista Pares


La detención domiciliaria de Álvaro Uribe Vélez ordenada por la Sala de Instrucción de la Corte Suprema de Justicia es un duro golpe contra la hasta ahora intocable figura del polémico y cuestionado líder. Fracasó la presión desde sus huestes políticas, medios y periodistas, que destaparon su corazón uribista, exigiendo a la Corte desde abdicar hasta prevaricar. Intentan convertir el proceso judicial en escenario de una batalla ideológica y arriesgan el argumento venal de que su papel histórico lo absuelve así sea culpable. Su esposa incluso aduce que los magistrados no obraron en derecho sino alienados por el entorno de animadversión, mas que reclamo de dolor un insulto a la judicatura.


Eluden deliberadamente que este proceso inició porque en venganza por un debate en su contra en el Congreso de Iván Cepeda por paramilitarismo, Uribe lo denunció por manipulación de testigos pero las cosas van en quien actuó así fue el expresidente. No obstante la arremetida, la Sala de la Corte decidió por unanimidad, parece tener suficientes elementos de juicio para encausarlo por soborno y fraude procesal y tomó la medida de aseguramiento basada en un cúmulo de evidencias de su manía de traficar con testimonios. La causa seguirá en un ambiente polarizado en el que sus partidarios se negarán a aceptar algo distinto a una absolución lo que, de no ser por circunstancias extra procesales, parece improbable.


Una decisión judicial que debió honrarse por las otras ramas del poder, a la altura de un Estado de Derecho, intentó interferirse por el Presidente de la República mediante juicios personales de valor de pretensiones absolutorias, fue