Buscar

Suecia y Finlandia, la OTAN, Putin y el Tao

Por: Attila Lenti


“El buen militar no es belicoso.

El buen guerrero no es irascible.

El buen vencedor evita la guerra.”

– Lao-Tse

Antes de la intervención rusa de 2014, en Ucrania solo una pequeña minoría apoyaba el ingreso del país a la alianza militar de la OTAN. En las encuestas esta cifra subió por encima de 60% de la población después de la adhesión de Crimea por parte de Rusia. Hoy está en alrededor del 80%. Con otras palabras: los ucranianos tenían una postura bastante tranquila y sensata al respecto, pero la guerra provocada por Rusia en el país a partir del 2014 cambió radicalmente la dirección de la opinión pública.


En su argumentación Putin a menudo cita la expansión de la OTAN como el principal agravio de Occidente a Rusia y una de las causas de la guerra contra Ucrania. La expansión de la OTAN, realizada a través de la solicitud de ingreso de diversos países en 1999 y en 2004, fue motivada principalmente por tres razones:


1. La experiencia histórica de los países de Europa Central y del Báltico de vulnerabilidad total frente a las grandes potencias de Alemania y Rusia y sus políticas expansionistas.

2. La sensación de inestabilidad en los 90 provocada por el caos interno de Rusia, agravado por conflictos armados en sus territorios fronterizos, y por la terrible Guerra de los Balcanes.


3.La voluntad generalizada de pertenecer a Occidente en términos económicos, políticos y militares, como una especie de “zeitgeist”, espíritu central-europeo de la época. Nuestros países, por cierto, católicos desde su fundación, históricamente han tenido vínculos más fuertes con la parte occidental de Europa que con la oriental.

Así que, la razón más importante de la expansión de la OTAN fue la sensación de vulnerabilidad de países pequeños tanto en su tamaño y población, como en su capacidad militar. De todos modos, después de la Guerra Fría esta organización gradualmente iba perdiendo su relevancia en el tablero mundial, pero en los últimos 8-10 años Vladimir Putin ha hecho hasta lo imposible por devolverle su peso.

En épocas de amenaza externa estar acobijado por el principio de seguridad colectiva es un gran atractivo para cualquier país. El Artículo 5. del Tratado del Atlántico Norte establece que un ataque contra uno de los aliados se considera un ataque contra todos. El agresor pensará dos veces atacar si eso significa la activación de la alianza militar más fuerte del mundo.


La última gran noticia es que dos países nórdicos de notable tradición de neutralidad, Finlandia y Suecia, están preparando su ingreso a la OTAN. Suecia no se ha involucrado en alianzas y conflictos desde que Jean Bernadotte, el mariscal de Napoleón, subió al trono de este país. Finlandia no tuvo tanta suerte con la paz. Apenas se independizó del Imperio Ruso en 1917, ya entre 1939 y 1940 le tocó enfrentar la ofensiva soviética de Stalin en la Guerra de Invierno, en la cual perdió aproximadamente 80 mil soldados. En la Guerra Fría, no obstante, mantuvo su rol de país neutro, manteniendo estrechos vínculos con ambos bloques, y en esta calidad tuvo un importante desempeño como país mediador y promotor del desarme.


Ahora, el guión es el mismo de siempre. Solo una fracción minoritaria de la población finlandesa apoyó el ingreso a la OTAN hasta el ataque de Rusia contra Ucrania. Después de este acontecimiento el apoyo creció al 53% para subir al 62% a mediados de marzo. Clamor popular. En Suecia la tendencia es similar: de un 37% en enero, el apoyo subió al 59% para finales de marzo. Como reacción típica, el gobierno ruso está agotando todas las formas de amenaza, lo cual solo ha incrementado la voluntad nórdica de buscar mayor seguridad en los brazos de la OTAN. En marzo, aviones militares rusos violaron el espacio aéreo de Suecia, expresando con más contundencia la postura de Putin al respecto y dándoles más razones a los suecos para no cambiar de opinión.


Es interesante ver cómo el presidente ruso, que algunos consideran un gran estratega, está llevando a su país hacia un reto geopolítico mayor: con el ingreso de Finlandia, Rusia pronto va a compartir una frontera de 1340 kms con la OTAN y el Mar Báltico en poco se convertirá en un “lago” interno de países miembros. Así, la guerra que supuestamente se ha combatido para reforzar la seguridad de Rusia, aparentemente la está debilitando.


Tampoco es de subestimar el rol histórico de Rusia en forjar la unidad de naciones vecinas a través de agresiones militares. Poco antes de la famosa Guerra de Invierno, Finlandia pasó por una terrible guerra civil. Sin embargo, con el ataque ruso y surgida la necesidad de tener que defender la patria, se fortaleció la unidad nacional, resolviendo tensiones internas.


Algo parecido está pasando hoy en Ucrania: una nación joven con políticas torpes de fortalecer la identidad nacional recibió un empuje inesperado (a un costo altísimo) para volverse una nación grande y unificada. Si antes había dudas sobre la relación con Rusia, ahora el comportamiento genocida de las tropas rusas en suelo ucraniano, lastimosamente, están forjando una identidad nacional antirusa.


Antes de que sea tarde, Vladimir Putin debería leer y reflexionar sobre el Tao Te Ching, obra ancestral china de Lao-Tse.


”Si un hombre quiere darle forma al mundo,

modelarlo a su capricho,

difícilmente lo conseguirá.

El mundo es un jarro sagrado

que no se puede manipular ni retocar.

Quien trata de hacerlo, lo deforma.

Quien lo aferra, lo pierde.

Por eso el sabio no intenta modelarlo,

luego no lo deforma.

No lo aferra, luego no lo pierde.”


 

*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido su autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.