Serrat y el medio siglo de Mediterráneo

Por: Guillermo Segovia


Difícil que alguien nacido en los años 60 del siglo pasado no tenga en la memoria el recuerdo de algún verso de las canciones que integran el álbum Mediterráneo de Juan Manuel Serrat, el entonces, y siempre, rebelde joven que protestaba contra la represión y la asfixia cultural en los estertores del franquismo, reivindicaba su nacionalismo catalán y acompañaba las causas justicieras del mundo.


El tema que da nombre al disco de larga duración, impreso en vinilo en aquella época —reeditado ahora en ese formato en homenaje a los 50 años de publicación—, fue votado como la canción más popular de España en una encuesta de la televisión nacional de ese país. Esto fue ratificado luego por especialistas en un sondeo de la revista Rolling Stone. Sin saber si en América Latina y el Caribe se ha hecho una indagación similar, con seguridad se puede afirmar que también ocuparía un lugar muy destacado.


Por muchos aspectos, es un trabajo inolvidable. La mayor parte de los temas fueron compuestos en Calella de Palafrugell, un poblado de pescadores en Cataluña. Mediterráneo, el tema emblemático, fue grabado en Milán —según intuye Serrat, una jugarreta de la disquera para rebajarse impuestos—. La composición musical estuvo a cargo de Juan Carlos Calderón, un talentoso músico, responsable, en parte, del éxito del baladista Luis Miguel, quien compartió la dirección y los arreglos con Gian Piero Reverberi.


En las composiciones de Serrat para ese disco se hizo realidad aquella afirmación de que, con los beneficios y estragos de la globalización, haría carrera para reivindicar lo propio ante la avalancha inversionista que intentó homogeneizar el planeta: el más universal de los seres humanos es aquél que es capaz de sentir el pueblo en que nació en cualquier lugar del mundo. Así se asumió. Por eso, varios de los temas de Mediterráneo se cantan en distintos idiomas y con adaptaciones a los ritmos y melodías adoptivos.


Antes de grabarlo, Serrat había realizado un gesto de potente resistencia. Delegado por su país para representarlo en el festival Eurovisión, condicionó su participación a cantar en catalán. Desde luego, la dictadura lo reemplazó, pero no pudo contener el sacudón que el disco y los temas que lo componen generó en una España ávida de democracia y ansiosa de desprenderse de las ataduras retardatarias del franquismo. Para medir su osadía basta recordar que le dedicó, un tiempo después, un himno al grupo insurgente Los montoneros de Argentina.


Sojuzgados durante cuatro siglos por la monarquía española, nuestra historia escolar se construyó sin la visión geopolítica y universal que nos hubiera permitido comprender la importancia del Mediterráneo para España: el porqué de su posicionamiento en el norte de África, en el siglo XV, como estrategia de contención a la expansión otomana, y la presencia árabe que marcó la identidad de los pueblos bañados por aquél mar histórico. Hoy esa cercanía explica la migración africana con puente en Ceuta y Melilla, y las dificultades de la relación del país ibérico con Marruecos, adverso a reconocer la independencia del Sahara.


En mayo de 1971, el adolescente Serrat, aperado de su guitarra, papel y lápiz, se ubicó en un hotelito pueblerino para dar rienda suelta a los recuerdos, impresiones, rebeldías y utopías de su vida. La estampa de la geografía y el espíritu del pueblo donde nació, los hechos a veces intrascendentes que sellan la vida, la mujer que uno quiere y que seguro no será la que guste a sus padres, las que se liberan sin importar el qué dirán, la nostalgia del amor que se fue y ya no será, la gratitud a ese alguien que, sin llevar nuestra sangre, en el momento preciso nos estiró la mano, y un homenaje siempre presente en su obra a los grandes poetas españoles (Federico García Lorca, Miguel Hernández, Antonio Machado), en este caso la musicalización y canto de Vencidos de León Felipe.


Hay en el trabajo discográfico tres evocaciones sublimes al pueblo natal (Mediterráneo) a La mujer que yo quiero y a una actitud liberadora desde una conciencia crítica, Vaganbundear. De la primera, el cantautor dijo en la presentación mexicana del disco “Se hace difícil ser objetivo cuando uno tiene que hablar de algo de lo que es arte y parte, pero con franqueza y musicalmente hablando, pocos momentos en mi vida fueron tan afortunados como aquellos en los que la inspiración y el trabajo me llevaron a poner un pañuelo blanco sobre la silla azul de aquél mar que de niño me contaba hermosas historias sobre sus rodillas y de mayor me prestó su nombre para una canción y un disco”.


El arreglista, Juan Carlos Calderón, considera Mediterráneo una de sus mayores creaciones “Se me ocurrió que con ese ritmo, que podía estar entre e jazz y lo latinoamericano, se podía hacer un arreglo bonito”. Bella la lírica, bella la música.


“Quizas porque mi niñez

sigue jugando en tu playa

y escondido tras las cañas

duerme mi primer amor,

llevo tu luz y tu olor

por donde quiera que vaya …


En La mujer que yo quiero, Serrat se da y provoca un sacudón a las cortapisas de la cultura autoritaria y clerical imperante en la época franquista para gritarle a los padres y a la dictadura el derecho de apartarse de los estereotipos. Calderón, evoca el momento de los arreglos de la canción, para nada extraño al ver el resultado romántico, nostálgico y sensible: “La terminé como pude, estresado y borracho. No lo volveré a hacer en mi vida, llegué al avión hecho una mierda. Toda la noche con el copista, con unas copitas de Whisky”.


“La mujer que yo quiero, me ató a su yunta

para sembrar la tierra de punta a punta

de un amor que nos habla con voz de sabio

y tiene de mujer la piel y los labios …


Y para mi gusto, difícil en un álbum con tantos motivos, tal vez la mejor canción y el grito liberador mejor cantado de Hispanoamérica, Vagabundear. La proclama del caballero errante con puerto en la libertad. Algo tendría que ver la mamá de Serrat cuando decía “Yo soy de donde comen mis hijos”. Calderón, que hizo el arreglo, afirma que en esta canción, Juan Manuel saca a relucir su lado latinoamericano y él entendió lo que el poeta del Poble-sec (su barrio natal barcelonés) quería heredarle a nosotros sus admiradores:


“Harto ya de estar harto, ya me cansé De preguntar al mundo por qué y por qué La rosa de los vientos me ha de ayudar Y desde ahora vais a verme vagabundear”