Saliendo del absurdo con Venezuela

Por: León Valencia, para @infobae


Vean esto. Hace pocos días Invamer publicó su sondeo de opinión y dijo que el 79% de los encuestados respalda el restablecimiento de relaciones diplomáticas, comerciales y consulares con Venezuela. Por otro lado, no se oye una sola voz de la oposición política o del empresariado colombiano a favor de mantener el reconocimiento de Juan Guaidó como mandatario de los venezolanos. Es una muestra palmaria del absurdo al que habían llevado Iván Duque y el uribismo al país.


Bien dijo alguna vez Pepe Mujica que la ideología puede llevar a la estupidez a los seres humanos. Pues bien, la ruptura de relaciones con el vecino país fue una mezcla de ideología e ignorancia imperdonables. Con este coctel se produjo un estropicio que nos demoraremos mucho tiempo en reparar.


Por más diferencias ideológicas que el gobierno de Duque y el uribismo tuvieran con Maduro y su gobierno, por más críticas que tuvieran al régimen político venezolano, no estaban a autorizados por el derecho internacional y por el sentido común para meterse en los asuntos de Venezuela y conspirar para derrocar al gobierno de ese país.


Lo hicieron, además, desde un total desconocimiento de la realidad venezolana. No tenían ni media idea del control férreo que el chavismo tenía y tiene de las Fuerzas Armadas, del arraigo que aún conserva en algunos sectores de la población y de la grave división y las pocas luces de la oposición venezolana. Esa ignorancia supina produjo esta frase de Duque: “Maduro tiene los días contados”.


Con ese “Maduro” es que ahora el presidente Gustavo Petro normaliza unas relaciones que la mayoría del país aplaude y la oposición no se atreve a criticar. Porque la diplomacia es un recurso inventado por la humanidad para las relaciones entre los países, con mayor razón si hay conflictos, y con mayor razón si en algún momento dos países están en polos opuestos.


La parte protocolaria va rápida, lo cual es muy bueno. El canciller designado Álvaro Leyva acudió al estado Táchira para reunirse con el canciller venezolano, antes de la posesión de Gustavo Petro. Luego de la posesión se procedió a la apertura de las dos embajadas y los embajadores nombrados –Armando Benedetti en representación de Colombia y Félix Plasencia en representación de Venezuela– son personas con ascendencia en los dos gobiernos.


A estas decisiones le seguirán la normalización de los pasos fronterizos, el restablecimiento de los vuelos entre Caracas y Bogotá y la apertura de los 15 consulados de Colombia en Venezuela y de los 9 consulados de Venezuela en Colombia. Este proceso tardará un poco más, pero los dos gobiernos han dejado entrever que hay disposición para acortar los tiempos.


Pero el trabajo de fondo será dispendioso. Volver a poner en marcha el vigoroso intercambio comercial que tuvimos implicará un gran esfuerzo de los dos lados. Se calcula que al finalizar este año lleguemos a la cifra de 1200 millones de dólares en ese intercambio, muy lejos de los 8000 millones que tuvimos en el mejor momento de la relación. También es obligatorio reestablecer una sociedad entre los dos países para explotar a Monómeros, una empresa esencial para el desarrollo de nuestra agricultura.


Forjar estrategias conjuntas para superar la criminalidad y la violencia en la frontera también tomará tiempo. En este momento el largo corredor fronterizo está bajo el control del ELN, las disidencias de las FARC, el Clan del Golfo, el Cartel de Sinaloa, La Frontera, La Línea, el EPL y El Tren de Aragua. El narcotráfico y una variedad de negocios ilegales que van hasta la esclavitud sexual han crecido manera exponencial ante la falta de control institucional de lado y lado de la frontera.


La paz es otro campo de colaboración entre los dos países. No será fácil. El gobierno de Nicolás Maduro tendría que tomar verdadera distancia del ELN para asumir una posición neutral que contribuya a las negociaciones de paz. Se trata de generar incentivos para que la guerrilla avance hacia un cese bilateral de las hostilidades y contribuya a tranquilizar la frontera más caliente del país. Se trata de buscar un acuerdo entre los dos países para desatar un pacto social y un ambicioso plan de desarrollo a lo largo de la frontera que mueva al ELN hacia la paz.