¿Que no pasó nada?

Por: Guillermo Segovia

Politólogo, abogado y periodista


En un país donde las fuerzas alternativas han padecido desde siempre los rigores de un sistema político y un establecimiento excluyentes, hasta el extremo del exterminio cuando sus controles han sido rebasados por opciones populares electorales o la movilización social, la votación y lo logrado por el Pacto Histórico en la consulta interna presidencial y en escaños en el Congreso de la República constituye una inflexión en la historia política.


Por primera vez una convergencia progresista logra votaciones mayoritarias para Senado (16 a 19 curules), Cámara (35 o más representantes), la postulación de su candidato presidencial, Gustavo Petro, con la mayor votación de las consultas (casi 4.5 millones de votos) y la obtención por Francia Márquez, otra de las opciones del Pacto, de la tercera votación general (casi 800 mil votos), consolidando el posicionamiento de una líder afrodescendiente en el panorama nacional.


Al contrario de la prensa y los observadores internacionales, los grandes medios, los analistas proclives al establecimiento y los adversarios políticos del Pacto y de Petro, con los resultados de la jornada electoral aun frescos, en un intento por negar lo evidente, centraron sus análisis en minimizar el hecho: no alcanzan ni al 20% en las cámaras, están lejos del 86/50 -fórmula agitacional de la cabeza de lista al Senado, Gustavo Bolívar-, fue inferior a las consultas y a la primera vuelta de las presidenciales de hace 4 años, y muchas otras explicaciones amañadas que a pocos convencen. “El País” de España, lejano a la línea política del Pacto, no se midió para valorar. “Arrasador triunfo de la izquierda en Colombia”.


A la par con el intento de torcer la realidad de los números -que con los días además se demuestra fueron afectados por actos fraudulentos-, se puso en marcha una estrategia de “igualación” que venía andando debido a lo que se presentía: reducir las consultas a un resultado puntual y desligarlas del curso hacia la elección presidencial de tal forma que las contundentes cifras de Petro frente a Federico Gutiérrez, electo candidato de la coalición de “centro derecha” , y en la sombra de Uribe y parte de su partido Centro Democrático, se pusieran en cero para reducir o aumentar el efecto emocional, según el lado. “Ahora si comienza la campaña”, simulan preocupados políticos partidarios y comentaristas afines.


Los resultados de Petro se corresponden con el favoritismo sostenido desde hace meses en las encuestas, las masivas manifestaciones a lo largo y ancho del país y sus siempre contundentes comparecencias ante los medios. La estrategia de aglutinar a los sectores de izquierda y progresistas de otras tendencias políticas en el Pacto Histórico está demostrando su efectividad, no obstante que un triunfo en primera vuelta, o en defecto en la segunda, requiere ampliar el espectro de votantes hacia un frente amplio al que se pueda llegar sobre la base de acuerdos que apoyen y precisen un paquete reformista que atienda los principales reclamos de cambio existentes en el país. Propósito al que apuntarán la designación de la fórmula vicepresidencial, los mínimos programáticos y la participación en un posible gobierno.


Lo que ha dejado claro Petro es que de obtener la presidencia hará un gobierno reformista: “para qué participamos en elecciones sino es para cambiar las cosas”. En ese sentido, entendiendo que la situación pensional de la mayor parte de los colombianos es un asunto crítico, con lo riesgos que acarreaba meterse en un debate público y en asunto tan complejo un día después de las elecciones, aprovechó el escenario para plantear líneas gruesas de su propuesta en la materia y, como debió preverlo, puso al país a estudiar y debatir, incluido su más seguro rival en segunda vuelta, Federico Gutiérrez, que se notó sorprendido y sin respuesta. La polémica decantará los términos de la reforma pero a diferencia de los medios, administradoras de fondos pensionales y gobierno, la expectativa de millones de personas por obtener una pensión se traducirá en preferencias electorales y compromiso de gobierno.


Una convergencia (frente amplio) como la que intenta Petro incidiría en la posibilidad de contar con un apoyo parlamentario que le de gobernabilidad y viabilidad a las reformas pensional, tributaria, renta básica, salud, cambio climático, hidrocarburos y transición energética, entre otras. Las más afines en esa perspectiva son la mayoría de las organizaciones participantes en la Alianza Verde Centro Esperanza a la que su disminuido resultado en la consulta interna presidencial, aunque decoroso en las legislativas, pareciera no permitirle chance entre dos sectores definidos y en avanzada como son el progresista del Pacto y la derecha (Conservadores, CD, Cambio Radical, La U) que mayoritariamente acompañarán a Gutiérrez. También un importante sector del Partido Liberal en manos de César Gaviria que se encuentra en la disyuntiva de repetir con Pastrana y Uribe la foto de apoyo a Duque o resarcirse en algo de los estragos de la apertura económica.


A reafirmar el guarismo logrado por el Pacto Histórico, concretar apoyos en los sectores señalados, e incluso otros más allá del centro, y despertar el interés y votación de indecisos, que no se manifestaron en las consultas, y abstencionistas (más del 50% del censo electoral) estarán dirigidos los esfuerzos del candidato de esa coalición. Un dato a tener en cuenta de algunas encuestas, es que tanto en estratos medios y altos como en grupos políticos que le son adversos, Petro obtiene votos, en algunos casos, significativos. Ya no calan los “cocos” del uribismo y se abre paso un relevo político. Mientras a Federico Gutiérrez le toca tratar de disimular el respaldo uribista y duquista, en medio del desprestigio de ambos, Petro tiene la ventaja del descontento y las ansias de cambio a su favor.


El poder mediático, empresarial y político de extrema derecha intentará “parar a Petro” -como dicen. Preocupantes en tal sentido las denuncias de fraude en los comicios del domingo pasado y la poca credibilidad pública en el registrador, las causas judiciales iniciadas con argumentos endebles contra los gastos de campaña del Pacto y, en especial, que una magistrada de la Corte Suprema de Justicia, conocida por su parcialidad, haya logrado que “El pollo” Rodríguez -exmilitar desafecto del régimen de Chávez que acusa al candidato de haber recibido plata de Venezuela- declare ante esa corporación el 26 de abril a escaso mes de la primera vuelta presidencial. El gobierno, la Registraduría y el Consejo Nacional Electoral deben honrar su función de garantes de la transparencia, la soberanía del votante y la legitimidad democrática.

 

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