Prevenir nuevas tragedias de la guerra: comunidades ribereñas de Buenaventura en riesgo

Por: Dennis Huffington

Investigador territorial - Pares Pacífico


El posconflicto violento se ha ensañado con la población étnica del país. A la situación crítica que se vive actualmente en departamentos como Cauca, Antioquia y Chocó, se le suma la realidad de Buenaventura en su extensión rural, donde los habitantes de las diferentes cuencas de los ríos se encuentran en alto riesgo por la presencia y acciones de las estructuras armadas ilegales. El más reciente hecho ocurrió el pasado martes, 2 de noviembre, cuando fue asesinado Edinson Valenzuela, líder del consejo comunitario de Raposo, por hombres armados no identificados hasta el momento.


Este no es el primer caso que se presenta, hace cerca de un mes, tres jóvenes fueron asesinados en el río Cajambre por hombres vestidos de camuflaje, lo que ocasionó el desplazamiento de, por lo menos, 130 personas hacia el casco urbano. Las alarmas están encendidas, por lo que se le hace el llamado a las autoridades locales y nacionales para que tomen medidas que salvaguarden la vida de los liderazgos sociales y de las comunidades que hoy, nuevamente, están en medio de las disputas armadas por su territorio.


Ríos de vida convertidos en angustia


La zona rural de Buenaventura experimenta un nuevo proceso de reconfiguración de las disputas entre las estructuras armadas ilegales, en varios casos provenientes del Cauca y el Chocó, departamentos limítrofes donde las llamadas disidencias o grupos armados posFarc (GAPF), Autodefensas Gaitanistas de Colombia (AGC) y el ELN sostienen enfrentamientos a muerte por el control territorial y comunitario, las economías de la guerra y las rutas hacia el mar Pacífico.


El primer escenario proviene del sur, frontera entre Valle y norte del Cauca. Allí, en febrero de 2020, se creó el Comando Coordinador de Occidente (CCO), conformado por diferentes frentes y columnas que, en algunos casos, se enfrentaban entre sí. Algunas de estas son: las 'Columna Móvil Jaime Martínez', 'Columna Móvil Dagoberto Ramos', 'Columna Móvil Franco Benavídez', los frentes 'Carlos Patiño' y 'Rafael Aguilera', y compañías como la 'Adán Izquierdo'. El CCO tiene su enclave en varias subregiones del Cauca y con expansión rápida hacia Nariño, sur y centro del Valle, Buenaventura, Huila y Tolima.


Dicho comando nace con la necesidad de unificar poder militar para hacerle frente a la expansión territorial del ELN y la 'Nueva Marquetalia', por lo que se agrupan en la denominada 'línea de Gentil Duarte'. Esto permitió que, en la subregión del Naya y la cuenca del río Yurumanguí, en Buenaventura, la 'Jaime Martínez' estableciera su control territorial, casi hegemónico, absorbiendo grupos dispersos como las Guerrillas Unidas del Pacífico y Defensores del Pacífico, que se enfrentaban como herederos del 'Frente 30'.


Desde el norte del Cauca, pasando por los corregimientos de Naya, Yurumanguí, Cajambre, Raposo y Anchicayá, hasta el corregimiento 8, en Sabaletas, dicha columna móvil ha continuado su proceso de expansión. Incluso, ya se han registrado incursiones hasta el casco urbano de Buenaventura, donde habrían colgado un pendón en inmediaciones de la Universidad del Pacífico.


Al mismo tiempo, desde el Bajo San Juan, el ELN se moviliza y las AGC vienen en avanzada, ganando espacios en la confrontación armada que desarrolla en el sur del Chocó, por lo que el ELN ha comenzado algunos repliegues en el distrito de Buenaventura. Se conoce que hoy se ubican en Bajo Calima, Mayorquín, Raposo, Cajambre y Corregimiento 8, zona carreteable conocida como la antigua vía al mar. Este último es donde mayor control ejerce, y desde donde ha operado en los últimos meses entre Agua Clara y Sabaletas, ahuyentando la visita de turistas. Por su parte, en Bajo Calima, recientemente, se denunciaron incursiones de grupos armados a los caseríos.


Buenaventura, ¿rumbo a ser epicentro de una nueva guerra?


En el Cauca se vive una guerra sin cuartel entre el Comando Coordinador de Occidente, al que pertenece la 'Jaime Martínez', y el 'Comando Suroccidental' del ELN; lo mismo ocurre en el Chocó entre el 'Comando Occidental' del ELN y las AGC, grupos que recientemente volvieron a operar en la zona rural de la ciudad. Se prevé que es cuestión de tiempo para que fortalezcan su ofensiva si las autoridades no actúan a tiempo.


Los controles por parte de estos grupos armados se ha intensificado en los diferentes territorios: hay comunidades confinadas de manera recurrente, procesos de vinculación y reclutamiento, y personas que han llegado al casco urbano huyendo del fantasma de la guerra que cada vez coge más forma, mientras que las comunidades más desafortunadas ni irse pueden porque se encuentran incomunicadas.


Restringen el tránsito de la información, como ocurre en veredas del Naya y la parte alta de Yurumanguí, donde se prohibió la conexión y uso de internet. Los patrullajes y su presencia se han convertido en rutina diaria, con un agravante: se están asentando en medio de la comunidad y no desde las montañas, como otrora. Las personas líderes y defensoras de derechos humanos son constantemente interrogadas e intimidadas por hombre armados, vestidos de camuflado. Otro aspecto que resalta es que la mayoría de combatientes de la 'Jaime Martínez' serían indígenas provenientes del norte y oriente caucano.


Hay un escenario de pánico que resulta en un comprensible silencio: en Bajo Calima se espera que las autoridades impidan los enfrentamientos inminentes entre el ELN y las AGC (que, en agosto, anunciaron su llegada a la ciudad); en Cajambre, Raposo y Yurumanguí esperan no quedar en medio de combates entre la 'Jaime Martínez' y el ELN; y en el Naya, donde la Jaime Martínez' tiene control casi absoluto, que los rumores de la llegada de la 'Nueva Marquetalia' sean solo eso, rumores.


Para ello, es menester que, desde ya, al igual que se está haciendo en el casco urbano, los gobiernos nacional, departamentales y municipales centren sus esfuerzos en garantizar la vida de las comunidades rurales de las cuencas de Buenaventura y su permanencia en el territorio, especialmente, en medio de este posconflicto violento que no respeta principio de distinción.