Pedro Castillo y los desafíos en la protección de derechos humanos

Por: Karina Castro

CooperAcción – Organización aliada de Pares en Perú

En el 2017 nadie sospechaba que Pedro Castillo Terrones, un maestro rural y dirigente de la huelga magisterial nacional que en ese entonces se llevó a cabo, asumiría en el 2021, año del bicentenario de la independencia del Perú, el cargo de presidente de la República.

La aparición de Pedro Castillo en el escenario nacional refleja una convergencia de una tendencia a elegir outsider de y la elección, por primera vez, de un representante de los sectores más postergados de la población peruana. Es decir, la llegada de Pedro Castillo a la segunda vuelta electoral y su posterior ascenso a la Presidencia del país fue el resultado de la empatía que despierta un rostro nuevo en la política. En contraposición a las personalidades políticas tradicionales (varias de ellas vinculadas a escándalos de corrupción y a las élites económicas del país), su condición de profesor rural le ayudó a capitalizar las demandas de los sectores sociales más olvidados, quienes lidian constantemente con la ausencia del Estado y con una deficiente prestación de servicios públicos. Tal situación se vio reflejada, con toda claridad, en la abrumadora mayoría que Pedro Castillo logró en muchos de los distritos electorales y regiones con altos índices de pobreza y ocurrencia de conflictos sociales[1].

En medio de una de las más profundas crisis sanitaria, económica y política que el país ha atravesado, y con la fuerte resistencia de las élites económicas y políticas, Castillo Terrones se ha posicionado como una voz entre quienes no tienen voz, contando con el apoyo de los sectores de izquierda y de las organizaciones indígenas para proponer un país con igual de derechos y oportunidades, con cambios estructurales que permitan una mejor redistribución de la riqueza y la reforma de sectores como el de salud y el de la educación, buscando ampliar su cobertura y garantizar calidad[2].