Maternidad no deseada

Por: María Victoria Ramírez


El próximo 21 de junio se cumplen cuatro meses de la sentencia que despenalizó el aborto en Colombia hasta la semana 24. No voy a detenerme a revisar lo que ha pasado con esta sentencia desde que la Corte Constitucional colombiana tomó esta decisión. Lo que quiero es retomar el pensamiento de una gran filósofa del siglo XX al respecto de temas como la libertad sexual y la libre opción de la maternidad.


En mi opinión, la maternidad y la interrupción del embarazo son dos caras de la misma moneda, dado que, alrededor del mundo, muchas mujeres viven maternidades impuestas o no planeadas, que resultan en hijos no deseados y en hombres y mujeres infelices. El Fondo de Población de las Naciones Unidas asegura que casi la mitad de los embarazos en el planeta (121 millones) no son intencionales. Según el DANE, “En Colombia, la mitad de los embarazos son no planeados, y de estos, el 40% son no deseados, resultado de relaciones de desigualdad”.


Me apoyo en la obra más conocida de De Beauvoir, El Segundo Sexo, en el Tomo II, y destaco su reflexión en torno a que, a pesar de que el organismo de la mujer está diseñado para cumplir una labor reproductiva, que en casi todas las culturas se considera como un destino y una vocación natural orientada a perpetuar la especie, la sociedad humana no se ha abandonado a la naturaleza. Esto, en otras palabras y para el caso, se traduce en que se han desarrollado métodos para separar la sexualidad de la función reproductiva, los métodos anticonceptivos y se ha practicado el aborto. En la Francia de 1943 se hablaba de que se practicaban un millón de abortos (todos clandestinos) y en Colombia hoy se habla de cifras que oscilan entre 300.000 y 450.000 al año. Lo que demuestra que en todas las sociedades hay una postura hipócrita al respecto que empuja a la clandestinidad y al riesgo de enfermedad y de muerte a las mujeres. Por eso la importancia de la decisión de la Corte Constitucional colombiana de este año que permite que se ponga fin a embarazos no deseados, sin que la mujer sea apresada por ello o pierda la vida.


Yo soy madre, lo decidí conscientemente, lo planeé, lo disfruté y, por tanto, mi vivencia de la maternidad, aunque no está exenta de dificultades, ha sido una experiencia gratificante. Sé que ese no es el caso de muchas mujeres en el mundo forzadas a ser madres por actos violentos como el abuso sexual o la inseminación no consentida, que serían casos extremos; pero también aquellas que tienen ese como único camino de reconocimiento social y de realización a través de otro ser y no de sí mismas.


Hoy, el único camino para las mujeres no es el de la maternidad. Conozco muchas que son felices sin serlo. Por eso hoy quiero rendir tributo a la posibilidad de una maternidad y una sexualidad conscientes (parafraseando a la maestra Simone De Beauvoir) en libertad, lucidez y generosidad.


 

*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.