Lucho Sandoval, el amigo y el compañero

Por: Luis Eduardo Celis


Conocí a Lucho Sandoval en el proceso de constitución de la Central Unitaria de Trabajadores, quizás en el año 1987, él era el Director del Instituto María Cano y yo trabajaba en el Instituto Nacional Sindical. Lucho ya era un veterano de la lucha social y política, con amplio conocimiento de ese mundo, del cual fue protagonista. Promovió el sindicato de instructores del Sena a principios de los años setenta, pero de esa institución lo despidieron. Consagró buena parte de su vida a la lucha de los trabajadores y con otras personas reivindicó el nombre de María Cano, liderando una institución que aportó a cualificar la acción social y las reivindicaciones de obreros y trabajadores. Allí tuvo cientos de experiencias y amistades que dan fe de su compromiso y convicciones.


Desde el Instituto María Cano, acompañó el proceso constituyente del 91, tenía muchos amigos y amigas que eran parte de ese proceso. Se consagró a incidir en los temas de su interés: los derechos de los trabajadores, la participación ciudadana, la paz. Trabajó de la mano de Abel Rodríguez, Angelino Garzón, Augusto Ramírez Ocampo, para mencionar algunos. Una vez promulgada la nueva constitución del 91, fue un promotor de su divulgación y desarrollo. Fue, además, muy cercano de Armando Novoa, quien lideraba el conjunto de los y las Constituyentes, la Corporación Plural. Siempre fue un defensor y promotor de la Constitución del 91, la consideraba una formulación poderosa para una sociedad democrática y de derechos, allí consagró mucha energía y trabajo.


Con Lucho nos volvimos a encontrar en la acción ciudadana por la paz, corría el año de 1991 y en medio de una guerra que arreciaba, confluimos con Ana Teresa Bernal, Francisco De Roux, en su momento Director del Cinep, Monseñor Leonardo Gómez Serna que, desde la Diócesis de Socorro y San Gil, lideraba el movimiento “Derrotemos la guerra”. Entonces, con miles de activistas y procesos sociales y comunitarios, constituimos en 1993 la Red de Iniciativas Ciudadanas por la paz, Redepaz y allí seguimos construyendo amistad y acción social compartida.


En el año 2000 yo trabajaba en Corporación Nuevo Arco Iris y Antonio Sanguino, su director, me propuso trabajar en la secretaria técnica de una plataforma de entidades que insistíamos en las salidas negociadas, en medio de un conflicto armado enorme Esa plataforma se llamó Colombia Va, y mi interlocutor del día a día fue Lucho. Allí tuve la oportunidad de trabajar con él, ver su pasión, rigor, compromiso y capacidad de liderar.


No sé en que momento nos volvimos más y más cercanos, amigos de ejercicio y constituimos la tertulia del Pan Bendito, con Gonzalo Arcila, Liliana Galindo, Dorys Ardila, Vladimir Zabala, los más estables de la tertulia. Nos juntábamos en una cafetería de la Calle 45 con 24, que se llamaba el Pan Bendito. Buen pan, dueño acogedor y precios módicos. Desde esa tertulia le hicimos seguimiento al proceso de paz del presidente Juan Manuel Santos y las FARC y las dificultades para un proceso con el ELN, hablábamos de la acción social y política. Eran maravillosos momentos de compartir y tomarle el pulso a la vida del país.


Lucho era una caja de sorpresas, todo lo que vivió, todo lo que sabia, generosidad, alegría y compromiso. Hasta sus últimos días mantuvo su pasión de siempre por una Colombia en paz y democrática.


Buen viaje, querido Lucho, quienes tuvimos la fortuna de compartir la vida contigo, te llevamos en el corazón.

 

*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido su autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.