Los partidos y el Consejo Electoral al desnudo



Los debates de las últimas semanas sobre los avales para las elecciones de octubre y el informe público de actividades de Armando Novoa, miembro del Consejo Nacional Electoral, han dejado ver la incapacidad de los partidos y de los organismos de control y vigilancia electoral, para poner freno a la grave presencia de candidatos relacionados con las mafias y la corrupción en los comicios de octubre.

El evento más revelador fue el debate que organizó Diana Calderón en Hora 20 con los directores de los partidos. Estaban presentes Roy Barreras de La U, Horacio Serpa, liberal; David Barguil, conservador; Rodrigo Lara, de Cambio Radical; Antonio Sanguino, verde; Rosario Guerra, del Centro Democrático; y Jorge Enrique Robledo, del Polo. Diana tomó como referencia el informe de la Fundación Paz y Reconciliación que reseña 140 candidatos a gobernaciones y alcaldías con serios cuestionamientos y preguntó sobre la actitud de los partidos ante estas candidaturas. (Ver informe).

Salvo la posición crítica de Sanguino y algunos comentarios de Robledo, los dirigentes de los partidos defendieron a los candidatos de sus filas que resultaban con alguna anotación. Fue un espectáculo lamentable. El argumento, como siempre, fue el de la presunción de inocencia. Si no hay condenas no se deben negar los avales. Lo dicen a sabiendas de que, precisamente, quienes han sido condenados o están en las cárceles tienen la astucia de poner a jugar en las elecciones a personas subordinadas a ellos que aún no afrontan procesos judiciales o disciplinarios. Lo dicen sin reparar en las malas compañías de los postulados y saltan sin ningún rubor por encima de las obligaciones éticas que deben tener los aspirantes a gobernar.