Liderando desde el afrofeminismo

Por: Línea Pares Pacífico


“Hoy reconocer y definirse políticamente como una mujer negra feminista y antirracista es un reto, pero también es un gran paso que permite que los liderazgos femeninos adopten en sus acciones, posturas que nos respaldan a todas y en los diferentes espacios”.

Desde la década de los 90, Buenaventura ha sido una de las zonas del país más impactadas por el conflicto armado interno. Este conflicto gira alrededor de enfrentamientos por el control del territorio, de la industria portuaria, de su posición geográfica y por la presencia de los grupos ilegales. Aunque se ha intentado ejecutar un proceso de paz del 2016, no ha sido lo suficientemente real para garantizar la seguridad en el Distrito y, por ende, la vida en las zonas urbanas y rurales.

La gran variedad de situaciones de conflictividad y de exclusión estructural ha obligado a diferentes personajes y líderes de la comunidad a tomar las riendas de la paz, buscar soluciones que el contexto permita realizar y adoptar otras formas de lucha.

Uno de esos caminos de resistencia los guía la lideresa social Bibiana Peñaranda, licenciada en Filosofía, especialista en Derechos Humanos, integrante de la Red Mariposa, Alas Nuevas Construyendo Futuro, con la que recibió en 2014 el Premio Nansen para los Refugiados del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), e integrante de la Fundación Akina, organizaciones sociales que aportan a la construcción social desde un enfoque étnico y desde el trabajo con mujeres. Además, en el 2017 recibió el reconocimiento «Mujeres que Crean» de manos del Consejo Distrital de Buenaventura.


¿Cómo inició su liderazgo?

Siendo muy niña tuvo su primer acercamiento con el trabajo social comunitario que la motivó a trabajar desde la raíz y que la encaminó durante toda su vida a luchar por los derechos humanos.

“En varias ocasiones y durante mi estadía en la capital del país, me encontré con personas mestizas que me decían: Maria Jesú. Cuando esto sucedía, yo aclaraba a la persona que decía la palabra, que ese no era mi nombre y él o ella solo sonreía. Hasta que un buen día, alguien me explicó que así se les decía a las mujeres que venían del Chocó y que se dedicaban al oficio de trabajos domésticos. Ese día comprendí que mi liderazgo debía estar a favor de las mujeres, de las mujeres negras, indígenas y las que se habían construido en esta sociedad como mujeres porque tenían mucho camino por recorrer en contra del racismo y en contra de todo aquello que nos doblega más por nuestra condición de mujeres negras, mujeres pobres y de mujeres que viven o son de estos territorios excluidos por la estructura de gobierno blanco de este país”, señala Bibiana.

¿Por qué es importante el trabajo desde y con el territorio?

La Red de Mujeres y la Fundación Akina acompañan a niñas, jóvenes y mujeres adultas que se encuentran en medio del conflicto y desde los diferentes procesos de autoconocimiento, aceptación, reconocimiento de la labor que realizan para sus comunidades, implementación de ruta de atención para atender los temas relacionados con las violencias de género y desde la generación de conocimientos para la protección de sus familias.

“En el pacífico todos somos víctimas del conflicto armado de manera directa o indirecta, yo por lo menos he sido víctima de algunas amenazas en contra de mi persona y a lo largo de mi vida, he visto a mis familiares siendo atacados de diversas formas del conflicto, pero en la Red y en Akina lo que hacemos es apoyar desde un círculo sanador de escucha y de orientación emocional, física y espiritual a quien lo permita. Además, nos centramos en la mujer porque tenemos muy claro que en nuestros espacios y por fuera de estos, son estas las que llevan las peores batallas de toda su familia y tenemos claro que desde el comadreo, la compañía es de mayor impacto y que desde ahí se puede dirigir a todo el círculo que rodea a la mujer que es acompañada”, afirma.

¿Por qué seguir liderando?


El trabajo que Bibiana y el resto de sus compañeras han realizado, con más de 2.000 familias, les ha dejado experiencias enriquecedoras que la motivan a continuar a pesar del asesinato sistemático de líderes sociales.

“Yo tengo un propósito de vida, y en ese propósito me llamaron a ser parte del cambio, no me llamaron para que me quedara en una banca mirando lo que pasaba. Por eso, voy a trabajar en lo social, hasta donde pueda. Las transformaciones ya iniciaron, yo las estoy mirando. Hoy reconocer y definirse políticamente como una mujer negra feminista y antirracista es un reto, pero también es un gran paso que permite que los liderazgos femeninos adopten en sus acciones, posturas que nos respaldan a todas y en los diferentes espacios. Sin olvidar, que es importante reconocer que el conflicto nos afecta a todos y a todas y que las luchas de las mujeres no son una cosa aparte, son una cosa de todos y todas porque las mujeres no viven en el aire, ellas hacen parte de la familia y de las relaciones en la comunidad”. finalizó.