Las siete vidas de Iván Márquez

Por: León Valencia, para @infobae


Iván Marquéz está vivo en Venezuela después de un atentado que por poco le cuesta la vida. Se recupera y está al tanto de los acercamientos de su grupo armado –la Nueva Marquetalia– con el gobierno del presidente Gustavo Petro. Así lo dijo el Alto Comisionado de Paz, Danilo Rueda, en entrevista con Yamid Amat.


Lo de Márquez se sale de toda proporción. Ha participado en las muy diversas negociaciones entre las FARC y el gobierno de Colombia desde 1984. Ha firmado dos acuerdos de paz y se ha vuelto a la guerra después de un tiempo en la vida civil. Fue un brillante y locuaz parlamentario de la Unión Patriótica, el agrupamiento que surgió de los acuerdos de paz y tregua entre las FARC y el gobierno de Belisario Betancur.


Escapó a la muerte en el grave segundo lustro de los años ochenta del siglo pasado, cuando arrasaron con la Unión Patriótica sacrificando a sus candidatos presidenciales Jaime Pardo Leal y Bernardo Jaramillo, a sus parlamentarios y alcaldes, y a más de tres mil militantes del movimiento en el más espantoso genocidio de la historia del país. Volvió a la guerrilla.


Luego salió vivo del más extraño de los episodios de una guerrilla pródiga en acontecimientos oscuros y escabrosos. En los tiempos en que lideraba el Bloque Caribe y se movía por la Sierra Nevada de Santamarta dio en hablar con Simón Bolívar a través de un médium que resultó ser un infiltrado del ejército en pleno corazón de las FARC. El relato de esta aventura del realismo mágico está en la Blanca Oscuridad, la novela en clave de Jorge Enrique Botero.


Las sesiones de espiritismo se realizaron periódicamente por más de un año y comprometieron al destacamento guerrillero en la búsqueda de los restos de Bolívar y de algunas pertenencias que deberían convertirse en símbolos de la segunda independencia por la que luchaban tanto Hugo Chávez como las FARC. La aventura finalizó cuando el médium le puso una bomba a Márquez debajo de su cama que estalló con un estruendo de mil demonios en un momento en el que el guerrillero se había levantado intespetivamente para vaciar su vejiga.


Se escapó también del entrampamiento que autoridades de Estados Unidos y el exfiscal general Néstor Humberto Martínez le tendieron con la colaboración de su sobrino Marlon Marín. Márquez le había abierto las puertas de las FARC a su sobrino y este se había ganado la confianza de los mandos de la guerrilla, pero al tiempo había empezado a trabajar con la DEA.


Prevalido de esa confianza involucró a Jesús Santrich en unos negocios que tenían el veneno de aportar pruebas de que tanto Santrich como Márquez estaban en la empresa de exportar diez toneladas de Cocaína a los Estados Unidos. Santrich se prestó para grabaciones que lo inculpaban, pero Márquez olió la trampa y sacó a empellones a su sobrino de su casa en Bogotá y abortó la operación. Así refieren la trama los compañeros de Márquez que permanecieron en la vida civil.


Márquez era un tranquilo maestro de colegio en el departamento del Caquetá en los años ochenta del siglo pasado y se vinculó a las FARC cuando esta guerrilla saltó a la escena política enarbolando las banderas de la apertura democrática y la reforma agraria, buscando un acuerdo de paz en el momento en que Belisario Betancur decretó una amnistía general y sin condiciones para todos los guerrilleros del país que se vinieran a la vida civil.


Con la fama adquirida en el liderazgo de la Unión Patriótica y en el ejercicio parlamentario, saltó luego a la cúpula de las FARC y después de la muerte de Manuel Marulanda, de Alfonso Cano y de Raúl Reyes, se convirtió en el principal líder político de esa guerrilla y en el jefe de la delegación que después de mil viscisitudes firmó el Acuerdo de Paz del Teatro Colón que llevó a la desmovilización de la insurgencia más grande y más antigua del país y del hemisferio.


Cuando Jesús Santrich cayó preso cargando sobre sus hombros las acusaciones urdidas por Marlón Marín, la DEA y el exfiscal Martínez, Márquez se fue a las montañas del sur del país y no quiso atender los llamados de sus compañeros, ni los requerimientos de la Justicia Especial para La Paz –JEP–. Después declaró roto su compromiso con el Acuerdo de Paz y junto a una oncena de comandantes se dispuso a retomar las armas y construir una fuerza guerrillera recogiendo a los disidentes del proceso de paz.


No ha tenido mucho éxito en este segundo retorno a las guerrillas. Buena parte de los disidentes no lo acogieron como su comandante y formaron toldo aparte. Los jefes guerrilleros notables que lo acompañaron han sido dados de baja, empezando por Santrich, en operaciones que tienen todas las trazas de acciones de caza recompensas norteamericanos que se mueven en la frontera con Venezuela y se han lanzado por encargo sobre los jefes de la Nueva Marquetalia. Y ahí está otra vez lo insolito: Márquez, aunque mutilado y mal herido, ha sobrevivido al ataque y sus compañeros han muerto. Sabían que era un fumador obsesivo de puros y le enviaron un explosivo en una caja de tabacos cubanos.


Esperemos que en esta oportunidad el espíritu de Bolívar le aconseje terminar su aventura y venir definitivamente a la vida civil para nunca regresar a la guerra.