Las relaciones entre Colombia y Venezuela no se pueden agotar entre Bogotá y Caracas

Por: Luis Eduardo Celis, para El Espectador


Entrevista con Socorro Ramírez, doctora en ciencia política, posdoctorado en relaciones internacionales, experta académica en la relación Colombia-Venezuela

Socorro Ramírez es una de las personas que más ha trabajado desde la academia la relación Colombia-Venezuela, tiene una amplia obra y experiencia sobre el tema. En esta entrevista nos comparte una mirada histórica de los múltiples procesos vividos entre ambas naciones y lanza un conjunto de propuestas, ahora que se abre un diálogo político y diplomático entre Bogotá y Caracas.


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Luis Eduardo Celis, Fundación Paz & Reconciliación (Pares): ¿cómo podríamos resumir la relación entre Colombia y Venezuela?

Socorro Ramírez: la relación entre Colombia y Venezuela ha sido la de dos países con una articulada frontera, una amplia población binacional pues cada uno ha sido el mayor destino migratorio del otro, así como con gran dinamismo comercial y muy buena integración económica.

Hace años hubo un incidente delicado, el de la Corbeta Caldas en 1987, que puso en tensión la relación entre ambos países por la delimitación del Golfo de Venezuela. Esa crisis se superó y a eso ayudó a que en aquel momento los presidentes eran de la zona fronteriza, Virgilio Barco, que había nacido en Cúcuta, y Carlos Andrés Pérez, que había nacido en Táchira. La coincidencia de ambos en el poder ayudó muchísimo a volver a generar instancias de diálogo y negociación, a rehacer la negociación limítrofe sin que fuera traumática, a que el comercio bilateral pudiera desarrollarse.

La integración económica binacional ayudó a que los intercambios informales en la frontera se formalizaran, se generaran empleos, impuestos, regulaciones, desarrollos de empresas a ambos lados; y a eso contribuyó el que ambos países hicieran parte de la comunidad Andina. Hubo un predominio desde los años 60 de una relación bastante integrada en lo económico y articulada también con muchos mecanismos de diálogo y negociación.

Pares: ¿cuáles fueron esos mecanismos, esas instancias, para construir esa relación binacional en medio del tema fronterizo?

Socorro Ramírez: además de las reuniones periódicas entre los presidentes, fueron tres los mecanismos más significativos. Al primero se le conoce como la Comisión Negociadora (Coneg), que se encargaba básicamente de la negociación del diferendo limítrofe velando por tener un espacio de trámite que no paralizara el resto de dinámicas de la relación.

El segundo muy importante fue la Comisión Binacional Fronteriza (Combifron), que básicamente permitía que las fuerzas militares y de policía de ambos lados pudieran coordinar de manera permanente tanto el examen de lo que sucedía en temas de seguridad ciudadana y delincuencia en la frontera, como los mecanismos de control conjunto. La Combifron sesionó regularmente permitiendo coordinaciones para la seguridad, y la evaluación conjunta de esas problemáticas transfronterizas así como de la estrategia articulada.

El tercer mecanismo fue la Comisión Presidencial de Fronteras e Integración (Copiaf). Tuve la oportunidad de ser miembro de esa Comisión conocida como de Vecindad desde que comenzó hasta que se paralizó en las tensiones entre los gobiernos de Nicolás Maduro y Juan Manuel Santos; fue una experiencia muy rica en la que pude participar.

Pares: quisiera que hicieras un balance de los conflictos más relevantes que hubo entre Colombia y Venezuela desde los 70 hasta finales del siglo XX. ¿Cómo los analizas, cómo se trataron estos conflictos?

Socorro Ramírez: los conflictos más significativos fueron los que estaban relacionados con la delimitación. Luego del acuerdo para delimitar la línea limítrofe terrestre de 2219 km, la negociación de áreas marinas y submarinas, que aún no se ha podido definir, generó tensión, en particular en torno al episodio de la Corbeta Caldas en 1987 que marcó mucho la relación.

El otro gran tema fue lo comercial, lo que puso a los dos países frente a la posibilidad de asumirse como socios y de generarse mutuamente alternativas y posibilidades muy positivas para ambos. Esa dinámica de integración fue muy interesante. Me parece que el que hubieran podido tener coordinación las fuerzas de ambos países encargadas de los temas de seguridad a través de la Combifron y que pudieran estar permanentemente haciendo un examen conjunto de todas las problemáticas, permitió controlar muchos fenómenos que afectan especialmente a las poblaciones en la frontera y que se han agudizado con los cierres de los pasos fronterizos formales.

Creo que fueron unas décadas en las que primó la percepción de un país como el socio necesario y productivo del otro y la necesidad de ir negociando e ir resolviendo temas pendientes como el de la delimitación. Creo que la experiencia de la Copiaf fue muy interesante porque acordamos que no nos reducíamos a reuniones en Bogotá y en Caracas, si no que cada vez hacíamos la reunión en un punto de la frontera a uno y otro lado. El primer día de la sesión oíamos a las autoridades locales, a los sectores sociales que estaban organizados. Y era una forma de fortalecer esos nexos positivos antes de entrar a trabajar conjuntamente como comisión. Eso fue muy positivo y arrancamos desde la Amazonía para arriba, hasta la Guajira. Siempre nos reuníamos a uno u otro lado en uno de los puntos fronterizos y ese diálogo con las autoridades y la población local fue sumamente interesante.

Pares: ¿cómo se manejaba la presencia de la guerrilla colombiana en Venezuela y el tema del narcotráfico?, ¿no fueron estos también elementos de perturbación de las relaciones en los años 80 y 90?

Socorro Ramírez: no tanto como después, y como decía, porque había mecanismos para tramitar y coordinar y para construir respuestas de manera conjunta. Luego vinieron desfases aumentados por las tensiones entre los gobiernos, que dificultaron hacerle frente de manera conjunta a esas problemáticas. De hecho, la tensión entre los gobiernos fue aprovechada por esos grupos armados ilegales y por el narcotráfico.

Pares: Ubicándonos ya en la época de la llegada del expresidente Chávez, en 1999, ¿cómo crees que se asumió ese cambio de régimen político en ambos países?

Socorro Ramírez: en ambos lados se vio como un hecho propio de la evolución interna de la sociedad y política venezolanas. Pero comenzó en la relación binacional una dinámica diferente a la que venía, porque empezaron a contrastarse los dos sistemas políticos, sobre todo cuando ya se acentuaron mucho más las dinámicas de estatización que más adelante hizo Chávez. Me parece, por ejemplo, que con los gobiernos de Pastrana y el primero de Uribe, primaron más las coincidencias y siguió de alguna manera esta relación de integración que venía de antes. De hecho, aunque hubo momentos de tensión, nunca hubo ruptura de relaciones. Me tocó estar en muchas reuniones, por ejemplo, con los presidentes Chávez y Uribe, y ver cómo se entendían, se parecían mucho, y tenían una relación fluida. Sin embargo, me parece que de todas formas los momentos de tensión que hubo fueron paralizando muchos mecanismos para tramitar asuntos conjuntos y eso fue teniendo efectos complicados para la relación, y aprovechado por grupos armados ilegales y por el narcotráfico para ir aumentando el control en áreas fronterizas. Nunca se llegó con el expresidente Chávez a los niveles de tensión que se han vivido con Maduro.

Pares: entrando a estos últimos años del deterioro de la relación, digámoslo del gobierno Santos para acá, ¿qué se hubiera podido hacer mejor del lado colombiano para no llegar a tal deterioro?, ¿o era una cosa inevitable?

Socorro Ramírez: la relación del gobierno Santos, en el periodo en que coincidió con el gobierno de Chávez, fue bastante fluida. Las mayores tensiones comenzaron con Maduro cuando fue canciller de Chávez y sobre todo después de 2013 cuando murió Chávez y Maduro asumió la presidencia. Luego hubo un momento en 2015 muy traumático: la expulsión que hizo Maduro de colombianos que no habían podido obtener el permiso de residencia, la quema de sus viviendas y la ordenen de “cierre de fronteras”. Pero la frontera no es como una cremallera que con el grito de Bogotá o de Caracas se cierra. Se cierran los siete pasos, ¿qué pasa con los 2219 km llenos de desiertos, ríos, montañas, ecosistemas compartidos? La gente tiene que verse obligada a pasar por ahí, porque son muchas las poblaciones binacionales y más con el éxodo desde Venezuela de migrantes, de quienes piden asilo, comunidades indígenas transfronterizas compartidas, retornos de personas con familia binacional pues cada país ha sido el destino migratorio del otro. Y está el flujo pendular de personas que deben pasar a Colombia a buscar servicios, a abastecerse, a hacer gestiones; hay tal cantidad de interacciones económicas que ese comercio se ve presionado a pasar por trochas donde -como las poblaciones- también es extorsionado.

El deterioro mayor se ha visto con esas medidas de expulsión de colombianos, del cierre de pasos fronterizos fronterizos y la peligrosa fase que ha sido esta de coincidencia de Maduro y Duque en el poder. Se volvió una especie de querella entre los dos jefes de estado, con mutuos señalamientos, insultos, medidas. Duque en enero de 2019 reconoció y apoyó a Juan Guaidó como presidente interino y asumió la estrategia de Donald Trump de hacer un cerco diplomático para provocar la caída de Maduro.

Todas las medidas y sanciones generaron una radicalización mayor por parte de Maduro, quien respondió bloqueando los pasos fronterizos, cerrando el sistema consular y rompiendo las relaciones diplomáticas con Colombia, acusando tanto a Colombia como a Estados Unidos de causar todas las crisis de Venezuela. Las sanciones distanciaron aún más a Venezuela de occidente y el país empezó a acercarse mucho más a Rusia, a China a Irán. De alguna manera todo eso generó no solo una tensión, sino una distancia y una perspectiva diametralmente distinta entre los dos países.

Pares: un tema que ha sido muy álgido entre los gobiernos ha sido la presencia del ELN en Venezuela...

Socorro Ramírez: eso ha tenido dos grandes etapas. Una tiene que ver con el momento en el que el ELN se consolida en la frontera en Arauca y usa a Venezuela de alguna manera para buscar algún tipo de servicios, abastecerse, evadir la persecución militar del lado colombiano. Eso de alguna forma podría decirse que marcó desde los años 80 la presencia del ELN primero en Arauca y después en el Catatumbo. Hay un segundo periodo en el que el ELN fue consolidando su presión, acción y presencia al otro lado de la frontera, en Táchira, en Zulia, en Apure, y de alguna manera fue jugando un papel más parecido al que jugaba en Colombia, de control de poblaciones, de regulación de dinámicas territoriales. Después entró al arco minero del Orinoco, en los estados de Bolívar y Amazonas en Venezuela, el gobierno de Maduro ha tenido mucho interés en la explotación de oro, coltán, tierras raras ante la reducción de la producción petrolera por la crisis en las empresas venezolanas y por las sanciones de Estados Unidos. Lo que se saca de esa zona del arco minero del Orinoco es muy significativo en términos económicos y ahí el ELN entró a explotar esos recursos junto a otros grupos irregulares, intentando mantener un cierto dominio territorial, de imponer una regulación en favor de que los recursos entren al Estado y no que se queden en los grupos criminales que dominaban la explotación de esos recursos mineros. De alguna manera el ELN empezó a actuar como guerrilla binacional. A cada lado fue consolidando su base social, su control territorial y de alguna manera en algunas zonas en Venezuela juega unos papeles que lo hacen ver como aliado del gobierno. ELN podría ser, en cualquier momento de conflicto entre Colombia y Venezuela, un factor complejo. Ya se vio en 2021, en las tensiones en Apure y Arauca, y aumentó las tensiones entre los presidentes Maduro y Duque.

Pares: ¿cuál es la perspectiva con respecto a reconstruir la relación binacional de acuerdo al gobierno entrante en Colombia?

Socorro Ramírez: Gustavo Petro ha dicho que va a rehacer las relaciones. Me parece que no se puede reducir la estrategia simplemente a las relaciones diplomáticas entre los gobiernos centrales que es importante, pero no suficiente. Pienso que el nuevo gobierno tendría que comenzar por garantizar de forma coordinada con su par venezolano que todos los pasos fronterizos formales estén abiertos y que su regulación sea acordada entre los dos países. Las distintas modalidades en las que circula ese éxodo poblacional desde Venezuela hacia Colombia requieren que no sigan pasando por trochas o por pasos informales. Se requiere que esos puentes internacionales estén plenamente funcionando paras que fluya el comercio legal y se reconstruyan las interacciones económicas positivas entre ambos países, que se generen empleos, que se ayuden a superar problemas de contrabando, de economías ilegales y de criminalidad que aprovecha ese cierre de pasos fronterizos formales. Me parece que ese primer punto de manera explícita lo tiene que abordar el nuevo gobierno con mucha urgencia.

La apertura inmediata de los consulados en ambos países es crucial. Eso implica que cada país tenga capacidad para atender a sus nacionales en el otro país. Me parece que ese ha sido un daño terrible, la cantidad de venezolanos en Colombia o en América Latina que han tenido que salir sin documentación porque no hay consulados, o de colombianos que no han podido documentar su situación de que nacieron allá, que son hijos de colombianos o que son colombianos que se radicaron allá en Venezuela. Esos consulados tiene que ser abiertos de manera inmediata para que todas esas poblaciones compartidas puedan regularizar su situación, ejercer derechos fundamentales y tener oportunidades.

Es importantísimo volver a reactivar el comercio binacional. De hecho, ya en 2021 se generaron muchos acercamientos entre los gremios económicos de ambos lados, que no solo permitieron el aumento del uso de los procesos aduaneros en Maicao y Paraguachón, que son los únicos que están permitidos, sino que de alguna manera aumentó la carga y el comercio, la inversión de muchos colombianos estimulando la producción económica del lado venezolano. El nuevo gobierno tiene que partir de las dinámicas para la reapertura de los pasos fronterizos generadas por las Cámaras de Comercio y los gremios económicos, que han propuesto una hoja de ruta para revivir buena parte de esa positiva reintegración económica. Ese es un punto al que el nuevo gobierno tiene que hacerle frente pronto, y ojalá con estas organizaciones empresariales y comerciales que han preparado ya el camino.

Me parece que es clave el envío de las representaciones diplomáticas de un país al otro. Pero como decía, no se puede quedar en eso. Tienen que entender que las relaciones no se agotan entre Bogotá y Caracas. Implica todo un esfuerzo de reconstrucción de la relación interinstitucional que ha sido rota en un momento complicado de aumento de ese éxodo poblacional. A eso hay que ayudar a que se le haga frente y un nuevo gobierno tiene que profundizar las medidas de regularización de toda esa población venezolana que ha venido a pedir refugio o que ha migrado acá, a las personas que retornan colombianas, con familia que por falta de documentos no es de aquí ni es de allá. Además, hay comunidades indígenas compartidas, cuyo territorio es claramente transfronterizo. Y la representación diplomática tiene que entender la complejidad de la relación, ayudar a que se aplique una política integral.

Y hay que institucionalizar la relación para hacerle frente a todas las problemáticas en las zonas fronterizas. El tema ambiental es decisivo, de hecho, en medio de la tensión hubo emergencias ambientales en ecosistemas compartidos, como por ejemplo en el Perijá. Por fortuna la gobernación del Táchira y la del Norte de Santander pusieron una mesa de trabajo conjunta para poder atender esos asuntos, dado que se presentaron en un momento de gran tensión entre Maduro y Duque.

Hay que revivir la Comisión Negociadora, la Comisión en que dialogan militares y policías para asuntos binacionales y fronterizos, la Combifron. Hay que revivir la Copiaf. Todo eso ayuda a construir la relación para que no se quede simplemente en un intercambio entre los dos presidentes.

Finalmente decir que hay que fortalecer todos los nexos positivos para que todos estos procesos sean profundos y pronto existan perspectivas conjuntas. Creo que en ese sentido las autoridades locales, alcaldes y gobernadores de municipios y regiones fronterizas deben estar en comunicación. Los gremios económicos y las cámaras de comercio deben coordinar sus actividades, y la sociedad civil y las universidades deben multiplicar nexos para fortalecer la comunicación y el seguimiento de la situación.