Las miserias de la ley de financiamiento

Por: Ariel Ávila, subdirector – Pares


La primera versión de la ley de financiamiento tenía la siguiente lógica: destruir la clase media y a los pobres vía el aumento del IVA a la canasta familiar, impuesto a la vivienda usada y otra serie de medidas. Pero por otro lado, había una serie de beneficios a los grandes capitales, como la reducción del impuesto a la renta en un 3%, entre otros.

Luego de la presión social y las protestas lideradas por los estudiantes, se hicieron modificaciones sustanciales, entre otras cosas el aumento del IVA se quitó; sin embargo, se mantuvieron los beneficios tributarios para grandes capitales. Es decir, en la primer versión de la reforma tributaria se buscaba recaudar cerca de 14 billones de pesos, eso servía para tapar el supuesto hueco que hay en el presupuesto e igualmente se buscaba cubrir, vía IVA, las reducciones de impuestos a grandes capitales, es decir, que los pobres ayuden a los ricos a volverse más ricos. Así, como lo leen, es la fórmula del gobierno Duque.

En la segunda versión, por ende, ocurre algo terrible para las finanzas públicas, pues no va a ingresar más plata vía impuestos y se reducen los impuestos a grandes capitales, eso lo que significa es que el hueco fiscal pasará de 3.1% del PIB a por lo menos 3.7% en solo un par de años. Esto va en contravía de la reducción del déficit fiscal y puede llevar a que Colombia pierda en la calificación de riesgo país, lo cual a su vez llevará a que los préstamos externos sean más caros. Pero además provocará que en 18 meses estemos en una nueva reforma tributaria que aniquilará a los pobres y a la clase media.

Así las cosas, la actual reforma tributaria es un gran frackenstein. Lo que salga del Congreso no será nada bueno