Las mil batallas contra la corrupción

Por: León Valencia, director – Pares


Este domingo 26 de agosto libraremos una batalla más contra la corrupción. Dura batalla para llegar a doce millones de votantes en la consulta y para alcanzar mayorías por el sí. Es una de tantas batallas democráticas. Esta lucha es larga, sin final quizás, porque la política es un campo a la vez envenenado y virtuoso, un lugar donde se producen con sinigual regularidad lo noble y lo ruin.

Fue Antanas Mockus quien le dio un matiz ético y cultural a la política hablando de desterrar la trampa y el atajo de nuestras costumbres, señalando que los recursos son sagrados, buscando en el alma ciudadana la vergüenza, promoviendo sin cesar el control social. No es menor este aporte en la construcción de un nuevo país. Continuar a Mockus es un reto.

Pero está visto que no basta, que otras batallas son políticas y judiciales y estas suelen ser duras, sinuosas, bárbaras si se quiere.  Algunos pensamos que había sido pura ingenuidad la de Claudia López y el Partido Verde llegar a un acuerdo con el Centro Democrático para aplazar la consulta ciudadana para una fecha después de las elecciones presidenciales. Alguna trampa le harán en el camino, decíamos.

Pero quizás no lo fue. Con esa actitud garantizaban que el llamado a las urnas fuera realidad. Ya habían acudido en ocho o nueve oportunidades a un trámite de una ley en el Congreso y habían fracasado, tenían que intentar el recurso de la convocatoria ciudadana. Lo lograron. Este domingo los ciudadanos tendrán la oportunidad de decirle sí a la protección de los recursos del Estado, sí al castigo a los corruptos, sí a perfeccionar los mecanismos de transparencia, sí al endurecimiento de penas para los malversadores y tramposos.

Pero el engaño también se dio. Uribe, el Centro Democrático y sus aliados, han terminado, como era de esperarse, en un doble discurso. El presidente Duque apoya públicamente la consulta, pero presentó proyectos de ley contra la corrupción para ser tramitados en el Congreso, con esto habilitó a los parlamentarios de su partido para que digan que la jornada del 26 es innecesaria y costosa, que lo mejor es darle curso a una decisión exclusiva en el ámbito parlamentario. Algunos, entre ellos el expresidente Uribe, ya abjuraron abiertamente de la consulta.

Cualesquiera sea el resultado del domingo será una señal para la clase política. Colombia está despertando. Viene otra batalla: vigilar si se convierte en verdad, o es una mentira más, la promesa de Duque de gobernar sin mermelada, de cambiar las relaciones con el Congreso y con los partidos. Vamos a ver. La prueba es inmediata, tanto en el trámite de su paquete legislativo como en las relaciones con los políticos de cara a las elecciones locales de 2019. Las presiones de su propio partido y de sus aliados más cercanos se multiplicarán. No se quedarán quietos y apelarán a todas las artimañas para obtener recursos para apalancar a candidatos a gobernaciones y alcaldías. Será muy apasionante ver este pulso.

Y las dos batallas judiciales y de opinión de los próximos meses serán:  primero, el caso Odebrecht y grupo AVAL con sus múltiples ramificaciones políticas y empresariales; y segundo, la trama de corrupción que va de Saludcoop a Medimas pasando por Cafesalud. La prensa y la sociedad civil tienen aquí un gran papel, de estas instancias depende en gran medida que estos casos no languidezcan.

La investigación sobre Odebrecht no empezó bien y difícilmente irá al fondo del asunto. No fue aquí donde se originó la investigación, fue a partir de los hallazgos del Departamento de Estado de los Estados Unidos en 2016 que en América Latina se iniciaron las pesquisas. Pero en otros países ya se han ido presidentes al suelo, en cambio, en Colombia el Consejo Nacional Electoral se apresuró a archivar las primeras indagaciones sobre las campañas presidenciales.

Lo demás está en veremos y no tiene buenos signos. Sólo han llegado a la cárcel personajes de segunda línea, tampoco se han involucrado de verdad a otros grupos empresariales distintos a la empresa brasilera que participaron en la trama de sobornos y, para colmo, Odebrecht ha pasado a la ofensiva interponiendo en España una demanda contra nuestro país.

La tendencia en los círculos gubernamentales -los de antes y quizás los de ahora- y también en los judiciales, es a echarle tierra a la enorme olla podrida del desfalco en la salud. Hacerse pasito. Ir poco a poco paliando la crisis por el temor a que meter el bisturí al fondo significaría destapar un cáncer que ya ha hecho metástasis en todo el organismo. No podemos permitir que se siga contando a medias lo que allí ocurre. Ahí está otra batalla.