Las élites y el miedo a la democracia: el pánico de los corruptos



Lo que hemos visto con el proceso de revocatoria del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, es, sencillamente, una vergüenza, un asalto a la Constitución, una burla a la ciudadanía y el reflejo de comportamientos autoritarios dignos de dictadores de la segunda mitad del siglo XX. En Colombia, los políticos se rasgan las vestiduras porque Maduro en Venezuela, se opone y obstruye una revocatoria, mientras que, por la puerta de atrás, tienen exactamente los mismos comportamientos que el Gobierno vecino. Los partidos de Cambio Radical, Centro Democrático, Partido de la U y un sector de los conservadores, se mueven en el Consejo Nacional Electoral [CNE] para tumbar la revocatoria y garantizar que el ineficiente, terco y mal alcalde Peñalosa, continúe en el poder.

La conclusión es que a las élites políticas de este país la Constitución les sirve hasta que los toca. Cuando les concierne, se burlan de esta y de la ciudadanía; pero no lo hacen de frente, lo hacen de forma vergonzante y por la puerta de atrás. La triquiñuela que utilizaron Cambio Radical, el Centro democrático y el partido de la U fue la siguiente:

Le trasladan al CNE la función de calificar si un mandatario cumple o no el programa de gobierno. Es decir, que los magistrados del CNE que son elegidos por los partidos políticos en el Congreso, son los encargados de supervisar a aquellos que hacen parte de la maquinaria de senadores que los eligen.