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«La vivienda es clave para construir una sociedad distinta»

Por: Carlos Castelblanco Pinedo – Redacción Pares


«Yo creo que en Colombia, en este contexto del Acuerdo de Paz, puede ser perfectamente viable la constitución de cooperativas de vivienda para los excombatientes de las Farc. Y no será igual al modelo uruguayo, porque no se puede trasladar mecánicamente un modelo, sino que nosotros brindaremos elementos de organización y una parte de la logística, luego los excombatientes colombianos lo harán a la colombiana; porque la vivienda también debe respetar la cultura y la idiosincrasia de los pueblos.»


Pares habló con el líder social uruguayo Gustavo González Soto, coordinador del programa de Vivienda y Hábitat de We Effect en América Latina. Ha sido tres veces Secretario General y dos veces Presidente de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) y es una autoridad en las políticas de vivienda y hábitat en la región y las experiencias de cooperativas autogestionarias.


Pares: La originalidad del movimiento de Cooperativismo de Vivienda por Ayuda Mutua uruguayo (FUCVAM), es una expresión del movimiento popular de su país ¿cómo surge este modelo de autoconstrucción de vivienda?


Gustavo González Soto: Yo soy uruguayo y en mi país hace más de 50 años nació un modelo que se llama Cooperativas de Vivienda de Ayuda Mutua Autogestionada. La idea comienza cuando empieza a precipitarse la crisis habitacional, que surge en un momento de gran polarización en la década del 60, y el parlamento nacional tenía intenciones de aprobar una Ley Nacional de Vivienda con un fondo creado por el conjunto de la sociedad para resolver el problema de la vivienda.


El problema que se tenía que resolver era qué papel iban a desempeñar los trabajadores en esa propuesta, porque el peligro era que ese fondo sirviera sólo para las empresas constructoras privadas. Que los trabajadores comiencen a estar en este modelo de vivienda se logra gracias a una intensa movilización de masas, a una conciencia política importante.


Hacia fines de los años 50 la existencia en Uruguay de un sindicalismo clasista, solidario y combativo que se enfrentó a los planes de remodelación reaccionaria impulsados desde el poder económico y político de las clases conservadoras, constituyó el punto de arranque de un proceso de crecimiento y maduración política de gran aliento: en esos años van a formarse los objetivos programáticos del conjunto del Movimiento Popular que empieza a agruparse en torno a los sindicatos.


El nacimiento del movimiento popular será decisivo para la conformación, más tarde, del Frente Amplio que es el agrupamiento político que actualmente contiene a toda la izquierda uruguaya y en octubre del 2004 consiguió la conquista del gobierno nacional. En este contexto, la originalidad del movimiento de Cooperativismo de Vivienda por Ayuda Mutua uruguayo (FUCVAM). 


El origen de FUCVAM está asociado a este proceso de acumulación de propuestas e ideas en el que, junto con la clase obrera, participaron también otros sectores sociales como las clases medias, la intelectualidad, los estudiantes, los jubilados y pensionistas. El cooperativismo de vivienda aparece estrechamente ligado a los ejes de las grandes luchas del pueblo uruguayo en los últimos decenios.


Pares: Usted dice que el trabajo en conjunto para llevar adelante la obra constructiva de un barrio o de un asentamiento es una forma de que la comunidad tenga en sus propias manos su destino. ¿Cómo está constituido este modelo?


G.G.S: Esta propuesta tiene tres pilares. Un primer pilar es que la gente sin capacidad de ahorro, trabajadoras y trabajadores, tienen un capital que es su fuerza de trabajo, es decir pueden trabajar en conjunto y el capital que la gente aporta es su, trabajo, nuestro trabajo en la obra de construcción. Y a eso le llamamos ayuda mutua.


El otro fundamento es el componente de capacitación. La cooperativa no deja de ser una empresa solidaria colectiva, pero es una empresa que tiene que funcionar, es decir, un grupo de 150 familias tienes que construir 150 viviendas y eso no es poca cosa; hay que organizar a esos cientos de familias de las cuales algunas pueden tener mano de obra especializada y otras no.  

«Las cooperativas de vivienda tienen como objetivo principal proveer de alojamiento adecuado y estable a sus asociados mediante la construcción de viviendas por esfuerzo propio, ayuda mutua y administración directa.» Foto: Pares

Entonces ahí comienza el otro elemento fundamental de la autogestión, y es que la gente tenga el control político del proyecto. De un lado tenemos el trabajo, por otro lado la autogestión y la capacitación de la gente, pero el gran problema de la vivienda siempre es la plata para construir, no se puede tener sólo palabras, hay que tener dinero, y allí, en el caso uruguayo, el fondo Nacional de Vivienda otorgaba el préstamo a la cooperativa de vivienda.


Esa financiación cubría tres elementos claves: lo primero, la tierra; sin tierra no se puede construir; lo segundo, los materiales de construcción y lo tercero, y muy importante, es que se deben cubrir los salarios del equipo de asistencia técnica. La gente puede querer construir y puede tener la necesidad, pero hay que tener equipos técnicos donde hay que tener unos especialistas.


Pares: ¿Cómo están conformados esos equipos técnicos que constituyen una fase fundamental en el proceso de autoconstrucción de viviendas?


G.G.S: No solamente están conformados por un ingeniero y un arquitecto, ahí se rompe el esquema constructivo con una propuesta que para el momento fue revolucionaria, y fue la de crear grupos multidisciplinarios de técnicos. Los equipos de asistencia técnica debían tener un arquitecto para construir, un abogado para capacitar a la comunidad en toda la fase legal de la cooperativa, un contador para los temas financieros y un asistente social para articular y capacitar a la gente. Ese equipo de asistencia técnica lo elige cada cooperativa que impulsa el modelo con esos elementos.

Los sectores pudientes de mi país, en su momento, creyeron que no íbamos a poder. Esa Ley de Vivienda se aprueba en 1968, pero el debate comienza en 1966. Son dos años de debate parlamentario en un momento del país con una fuerte polarización de la lucha de clases; había movilizaciones obreras, estudiantiles, guerrilla de por medio, en fin, lo que era la década de los años 60 en América Latina.


Quién abraza esta idea es la clase trabajadora; desde ellos comienzan a gestarse las cooperativas por ayuda mutua que se basan en el aporte de trabajo de sus asociados en la construcción de las viviendas: 80 horas mensuales de mano de obra solidaria en tareas afines a las de peón, contratando capataces y personal especializado.


Pares: ¿Y cómo funciona la propiedad sobre las viviendas, de quién es la vivienda?


G.G.S: Ese es otro elemento fundamental y revolucionario que tiene esa propuesta, la propiedad será colectiva. Imagínese en un país capitalista hablar de que la propiedad va a ser colectiva es revolucionario. Y cómo funciona: yo como cooperativista tengo un contrato de uso y goce de por vida con ley de herencia para mis hijos sobre esa vivienda, pero la propiedad es del conjunto de la cooperativa.


Esto es muy importante porque la vivienda no entra en el mercado inmobiliario, pero si yo, por ejemplo, me tengo que ir porque conseguí trabajo en otro lugar, entonces solo me llevo lo que nosotros llamamos el capital social comunitario, que son las horas de ayuda mutua que hice, más el crédito que pagué a la cooperativa.

«El sistema cooperativo de usuarios se ha extendido en el país, transformando significativamente el concepto de propiedad de un gran número de asalariados uruguayos. Se defiende la propiedad comunitaria, por oposición a la propiedad privada.» Foto: Pares 

Este es un crédito blando, ya que se luchó por tener un interés del 2% anual, por lo tanto es una vivienda fuertemente subsidiada y esto es clave para Colombia y para cualquier país del mundo. El problema de la vivienda debe involucrar al Estado y sus finanzas para resolver el problema de los que no tienen, de lo contrario no se resuelve; y lo que ha sucedido en América latina es que la gente construye donde puede y cómo puede y se gestan asentamientos irregulares con todos los problemas que eso trae al conjunto de la sociedad.


En nuestro país, durante muchos años, fue una lucha para hacer posible la conquista de la ley y de la financiación estatal para las cooperativas de vivienda. Sin una fuerte organización de los pobladores que luchen para la conquista de los elementos políticos indispensables para la vivienda, no hubieran existido las organizaciones de vivienda popular.


En América Latina, en Colombia, lo primero que te dicen es que la Constitución dice que una vivienda digna es un derecho, pero también te dicen que no hay plata para eso. Entonces tiene que haber un marco legal, tiene que haber una ley que contemple a los sectores populares que son dónde está el déficit habitacional.


Y este debate de si la vivienda es una mercancía o es un derecho se resuelve fácil: por supuesto que es un derecho fundamental que hay que conquistarlo con los instrumentos políticos, con un marco legal y una financiación que, obligatoriamente, afectará con impuestos a los que tienen el capital.


Pares: ¿Cuáles son los principales obstáculos que debe enfrentar este modelo de autogestión?


G.G.S: Yo anduve por varios países: Paraguay, Bolivia, Honduras, Nicaragua, El Salvador, Guatemala y también en algunos países de África y Asia; en todos estos países los opositores a este programa son los mismos, siempre el capital arma fondos de vivienda del Estado pero para ellos. Esta es la gran pelea. Uno ve, por ejemplo el derecho a la salud que no es discutido, el derecho de la educación tampoco es discutido, pero nunca se contempla el derecho a la vivienda.


En la agenda pública en Colombia debe estar el derecho a la vivienda como derecho, como lo desarrollamos en todos los países. Igual, lo primero fue organizar equipos técnicos que comprendieron esta idea, lo segundo fue capacitar a grupos de gente con necesidad de vivienda en el modelo cooperativo: cómo se organiza, cómo se desarrolla, cómo se construye etc.


Luego de tener varios grupos, formamos federaciones para dar la pelea frente al Estado por estos instrumentos políticos y en cada país tratamos de impulsar alguna experiencia piloto, porque yo te puedo contar esto si es muy lindo pero dónde está, cómo lo toco. Los planes piloto son muy importantes porque es demostrar que la gente sí puede si se le capacita.


Se gana en calidad de vida. En un país como El Salvador, donde la violencia ciudadana es terrible, cuando terminamos la primer Cooperativa de Vivienda se fue hacer una evaluación pensando en si la vivienda quedó bien, si es linda, sin embargo la gente lo que decía es que ahora podían vivir en paz.


El derechos a la vivienda digna para todos los ciudadanos es clave en la construcción de comunidad, la vivienda es un disparador, es fundamental y clave para crear una sociedad distinta, es un disparador que nos une. A la gente, luego de que aprenden a construir juntos, puedes llevar adelante cualquier otro emprendimiento. Es creer que la gente puede y no negarle la posibilidad del desarrollo, este es un debate mundial.


Pares: ¿Cómo llega esta propuesta a Colombia?


G.G.S: Colombia importa mucho en este proyecto por lo que han sido, son y serán los acuerdos de paz. En esa medida, a través de We Effect puedo llegar hasta aquí para colaborar en la reinserción de los excombatientes, tratando de resolver el problema de la vivienda. En los acuerdos, aparentemente, el tema de la vivienda tampoco se trató y este es un asunto fundamental para consolidar un acuerdo de paz. Es lo único que va a fincar a la gente en el territorio: si tú no tienes la vivienda en el territorio vas hacer un nómada y vas a andar de un lado para el otro.


Ustedes tienen una identidad rural muy importante en la gente que va a necesitar tierra, para producir, para vivir y por eso el componente de la vivienda tiene que estar con un elemento central; yo estoy convencido que la vivienda es un tema estratégico para la reinserción y hay que aprovechar la capacidad organizativa de la gente, la historia que ha tenido.


En Colombia va a ser fácil va hacer la capacitación de la gente. La gente absorbe esto, quiere esto por naturaleza y nadie quiere tanto algo como el que construye con sus propias manos lo que sea. El problema van a ser los instrumentos políticos para construir la financiación, el marco legal. Ahí es donde yo creo que hay que fortalecer mucho a la organización para que pueda impulsar una política de incidencia amplia y abierta para lograr un marco legal y lograr la financiación.

«En América Latina llevamos 30 años promoviendo el desarrollo cooperativo y fortalecer la capacidad de las organizaciones que trabajan con campesinos y campesinas y cooperativas de vivienda.» Foto: Pares

Si eso no se logra será muy difícil poder desarrollar el modelo; es decir, ellos tienen algunas ideas en algunos lugares donde he estado, ya hay una parte de financiación, pero todavía falta conquistar el resto, y ese resto dependerá muchísimo de que haya una política de difusión, de propaganda sobre el modelo.


¿Qué tiempo lleva eso? dependerá de la voluntad política y acá en Colombia cumple un rol muy importante el poder local. Si hay una alcaldía que apoya con otorgar algún terreno por ejemplo, en brindar los servicios de agua y energía mucho mejor, si no hay eso es muy difícil. Lo primero debe ser la tierra y los servicios.


Hay grupos que han conseguido algunos terrenos, según me han informado, entonces tendremos que trabajar sobre eso. Yo insisto que es necesario e indispensable hacer algunas experiencias piloto para que esto no quede en palabras sino que la gente pueda ir y ver realmente cómo se construye, cómo se puede. Es que no se educan a los sectores más humildes para el «se puede», y eso hay que romperlo: sí se puede.


Pares: El plan piloto que están llevando a cabo en Colombia es en el Espacio Territoriales de Capacitación y Reincorporación ETCR de Tierra Grata en el departamento del Cesar ¿Ya estuvieron allí, cómo evalúan esta experiencia?  


G.G.S: A mí me pareció un asentamiento muy organizado, con gente muy inquieta y muy interesada en resolver el problema. También en Pondones, en La Guajira, estuve conversando con ellos. La gente tiene una suerte de interrogantes, como los tiene todo el mundo, de hacia dónde vamos con esto. Ahora recién estamos comenzando la tarea y veremos cómo vamos a poder hacer talleres explicativos donde la gente pueda sacarse todas las dudas al respecto.


En Uruguay hay 560 cooperativas de vivienda y con esto quiero decir que no es una experiencia, es una realidad. por otra parte, el modelo se adapta a cualquier territorio, no hay problema, y la gente es muy creativa y cuando ve que el objetivo está claro le mete muchas ganas y eso es parte de la victoria La gente tiene que ser consciente de la empresa que va a comenzar, pero definitivamente si se ha podido en tantos países, también se va poder en Colombia, soy completamente optimista al respecto.

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