La violencia se ha desplazado a la esfera privada

Por: Germán Valencia. Instituto de Estudios Políticos, Universidad de Antioquia. Columnista Pares.

Las primeras tres semanas de 2021 han servido en Colombia para alzar la voz de protesta por el incremento de la violencia que se genera en contra de las mujeres y niñas. Esta voz evidencia una de las muchas problemáticas que ha desnudado la pandemia del COVID-19. Antes de marzo del 2020, los espacios públicos eran los lugares más comunes para cometer delitos; pero hoy, luego de las medidas de control tomadas por las autoridades, se ha dado un giro en el fenómeno de la violencia: el crimen se ha trasladado de la esfera pública a la privada.


El aislamiento social preventivo obligatorio ha cambiado la estructura de las cifras de los delitos: ahora los grandes números, que antes los ocupaban los crímenes que se cometían en la calle, han pasado a tenerlos los delitos ocurridos en los hogares. Las cifras más abultadas, que anteriormente la tenían el hurto a establecimientos comerciales, vehículos y el asalto por contacto y agresión en la calle, ahora las tienen los delitos sexuales, la violencia intrafamiliar y la violencia contra las mujeres.

El aislamiento social ha enseñado un fenómeno latente pero oculto y escasamente atendido por las autoridades en Colombia. En ciudades como Bogotá, Medellín o Cali se presenta un incremento de las llamadas telefónicas que se hacen a la línea de emergencias y seguridad 123 sobre este tipo de delitos. Las denuncias y llamadas a la Policía por la violencia de pareja o violencia de género, y parricidios viene en aumento. En Medellín, por ejemplo, con tan solo ocho días de diferencia, aumentaron las llamadas por violencia familiar en cerca de un 50% (pasando de 200 llamadas en el Puente de Reyes a 292 en el siguiente fin de semana).