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La valentía de Guillermo Cano

Por: Daniela Quintero. Redacción Pares


Una lucha incansable por hacer buen periodismo. El periodista bogotano Guillermo Cano Isaza fue asesinado en 1986 al salir del periódico El Espectador tras varias denuncias que señalaban al más poderoso narcotraficante, Pablo Escobar. Pocos tuvieron sus agallas y es por eso que es reconocido por haber dejado un legado en la labor periodística.


Este lunes se conoció que el exintegrante del Cartel de Medellín y mano derecha de Escobar, Jhon Jairo Velázquez, alias Popeye, habría participado en la planeación del asesinato de Cano.


“Sobre alias ‘Popeye’ hay indicios que darían cuenta de su participación en una reunión en la que los cabecillas del Cartel de Medellín, entre ellos Pablo Escobar, concertaron atentar contra Guillermo Cano Isaza por sus publicaciones contra la organización narcotraficante y definieron la forma y quiénes ejecutarían el crimen”, informó en un comunicado la Fiscalía.


‘Popeye’ había estado un tiempo en libertad luego de pagar las tres quintas partes de su condena, pero el año pasado fue recapturado en el marco de una investigación por unas supuestas alianzas con una «oficina» de ajuste de cuentas para extorsionar a personas en Medellín y se encuentra recluido en la cárcel de máxima y mediana seguridad de Valledupar ‘La Tramacúa’.


La Fiscalía indicó que la medida de aseguramiento en el caso Cano se hará efectiva en el momento en el que “Popeye” cumpla su periodo de detención en ‘La Tramacúa, y ahora debe responder como presunto coautor del delito de homicidio agravado.


La vida de Cano


Cano heredó los dotes periodísticos de su familia. Su abuelo Fidel Cano fundó el periódico El Espectador, que en sus inicios se caracterizó por hacerle frente a las anomalías del poder político en los años 30.


También siguió los pasos de su padre Gabriel Cano, y poco a poco fueron construyendo un medio que reflejaba sus principios: la lucha a favor de los derechos humanos; estos, que estaban empezando a desvanecerse por el rezago de la época de La Violencia y posteriormente el auge del narcotráfico en los años 80.


Al estar vinculado desde muy temprana edad en el periódico asumió la co-dirección del mismo junto a su padre. Ya en 1952, a sus 27 años, fue nombrado director de El Espectador hasta la fecha de su muerte.


De acuerdo con información oficial, en 1986 recibió el Premio Nacional de Periodismo CPB en la modalidad de prensa, por su columna dominical «Libreta de Apuntes», en la

cual hizo una de las denuncias contra Escobar que le costó la vida. En 1980 le fue otorgado el Premio Simón Bolívar a la vida y obra de un periodista.


Denuncias contra el narcotráfico


A comienzos de los años 80 Colombia estaba cruzando uno de sus periodos más cruentos: la expansión de las guerrillas, el poderío del narcotráfico, la creación de los primeros grupos de autodefensas, y un sistema político permeado por estos dos últimos.


Ese fue el detonante para que Cano decidiera hacer lo correcto: informar y denunciar a todo aquel que estuviera en el camino de la ilegalidad. Fue así como en 1983 su intuición lo llevó a escarbar en unos archivos viejos de El Espectador, luego de ser advertido por el editor judicial de la época, para buscar las conexiones de Escobar con el narcotráfico.


Así las cosas, según lo relató el mismo periódico, en nota judicial publicada en 1976 se documentó sobre la captura de seis narcotraficantes en Itagüí, Antioquia con 39 libras de cocaína. Entre los detenidos estaba Pablo Escobar Gaviria y su primo Gustavo Gaviria Rivero.


Por lo tanto, Cano decidió publicarla de nuevo en agosto de 1983. Según narró El Espectador, dos meses después el Congreso despojó a Esobar de su inmunidad parlamentaria. A partir de este momento Cano tuvo sus días contados.


En su “Libreta de Apuntes” del 6 de noviembre del mismo año expresó:

Hace más de una semana que la Cámara de Representantes, a pesar de iniciales vacilaciones y dilaciones, levantó la presunta inmunidad parlamentaria que dizque protegía al individuo Pablo Escobar Gaviria, en mala hora elegido suplente a la Cámara Baja en papeleta con su protegido, el señor Jairo Ortega.


El susodicho individuo Escobar Gaviria está sub júdice por narcotráfico y sindicado por la justicia de Colombia como presunto autor intelectual, en unión de su primísimo Gustavo Gaviria, de la muerte violenta de dos agentes de seguridad al servicio de la República.


Hace también un poco más de una semana que el juez que investiga el doble y abominable homicidio impartió orden de captura, en cumplimiento del correspondiente auto de detención y ya sin dudas constitucionales respecto a la posible inmunidad parlamentaria, del sujeto antes dos veces mencionado, y es la hora de ahora que Escobar Gaviria, como su primo carnal Gustavo, siguen gozando de cabal libertad como si las órdenes de los jueces no fueran de obligatoria obediencia por parte de las autoridades encargadas de hacer efectivas las capturas de los delincuentes convictos o de los presuntos delincuentes.


Hace mucho más de un mes otro juez de la República dictó auto de detención y expidió la correspondiente boleta de captura contra otro individuo de las mismas calañas y las mismas mañas de los primos Escobar Gaviria, el narcotraficante Carlos Lehder, vinculado dentro y allende de nuestras fronteras al delito de comerciar con estupefacientes y de enriquecerse con esa abominable y punible profesión.


Durante mucho tiempo estos personajes siniestros lograron engañar y embobar a las gentes ingenuas halagándolas con migajas y propinas, con dineros todos calientes, mientras la sociedad, acobardada y en algunos casos engolosinada con los espejismos y atractivos de la vida cómoda del jet-set emergente, veía crecer a su alrededor el imperio de la inmoralidad. Desenmascarados estos grandes personajotes de la mafia del narcotráfico, la justicia, tan lerda y temerosa en el pasado, comenzó a actuar.


Pero sus arranques, de un día para otro, han quedado como paralizados. Se sabe quiénes son y por dónde andan los fugitivos de la justicia; muchas gentes los ven, pero los únicos que no los ven o se hacen que no los ven son los encargados de ponerlos, aunque sea transitoriamente, entre las rejas de una prisión.


Cano murió abaleado a sus 61 años el 17 de diciembre de 1986 tras la orden dada a un grupo de sicarios adscritos al Cartel de Medellín. Antes de conocerse sobre la responsabilidad de ‘Popeye’ en este crimen, era considerado un caso en la impunidad.


#ATENCIÓN Medida de aseguramiento en cárcel para alias Popeye por magnicidio del periodista Guillermo Cano Isaza. En la misma decisión fue asegurado con medida no privativa de la libertad alias Maxwell, señalado hombre de confianza de Pablo Escobar pic.twitter.com/ikUT4mb9iD — Fiscalía Colombia (@FiscaliaCol) May 27, 2019