La tragicomedia de Duque

Por: Diego Alejandro Restrepo, investigador de la Línea Conflicto, Paz y Postconflicto – Pares


Marx decía, expandiendo las palabras de Hegel, que los grandes personajes y hechos ocurrían dos veces en la historia, una vez como tragedia y la segunda como farsa o caricatura. Para el caso colombiano podríamos afirmar que la historia se repite, la primera como tragedia del gobierno de Álvaro Uribe y la segunda como tragicomedia protagonizada por el joven-viejo de mejillas sonrojadas y actual presidente de Colombia, Iván Duque.

Apoyada por lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, y por el fracaso de los diálogos entre el ‘bobierno’ de Pastrana y las FARC, la primera tragedia del siglo XXI se desenvolvió sobre la base del discurso antiterrorista y la lucha paradójicamente frontal contra las drogas (los dos jefes de seguridad de Uribe están en la cárcel por narcotráfico y apoyo a grupos paramilitares). De este modo, el expresidente dio inicio a una estrategia de seguridad que, de manera temprana, ubicó a la población civil como objeto de la guerra. Así lo expresa el reciente fallo del Consejo de Estado que condenó a la Nación por el atentado al Club el Nogal debido a la exposición de población civil generada por las reuniones frecuentes de altos funcionarios del gobierno, entre ellos, la Ministra de Defensa de ese entonces Marta Lucía Ramírez, actual Vicepresidenta del país, con fines institucionales.

La concepción represiva y punitiva de la seguridad nacional derivó en una serie de estigmatizaciones a movimientos y organizaciones de la sociedad civil y en violaciones sistemáticas de Derechos Humanos. Así lo demuestran más de 10.000 ejecuciones extrajudiciales de jóvenes pobres durante los dos gobiernos de Álvaro Uribe, la criminalización de campesinos cocaleros y, como consecuencia de la aspersión aérea con glifosato, el desplazamiento de cultivos de coca hacia zonas rurales de otros departamentos y municipios, como es el caso de Tumaco.