La reconstrucción de la Sierra de La Macarena

Por Óscar Iván Pérez H, Investigador de Conflictos asociados al desarrollo-Pares


La historia de La Macarena ha estado marcada por la violencia. En diciembre de 1954 un reducido número de colonos compuesto inicialmente por una sola familia, los González, llegó a la región en busca de refugio contra la violencia desatada por el enfrentamiento entre conservadores y liberales. A mediados de la década de 1970, cuando el municipio había crecido en habitantes por el impulso que dieron el comercio de pieles de tigrillos y jaguares y el turismo con grupos pequeños de extranjeros, llegó la bonanza de la economía cocalera y, una década después, el auge maderero. Más adelante, en la presidencia de Andrés Pastrana Arango (1998-2002), La Macarena hizo parte del corazón de la zona de distensión cedida a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) durante las negociaciones de paz, decisión que permitió el aumento de los cultivos de coca y la victimización de sus habitantes. En este periodo, a los visitantes no se les permitía ingresar a la región sin un permiso previo de la guerrilla, la nueva autoridad, so pena de ser secuestrados o asesinados.

Hoy, aunque el orden público se ha normalizado y la economía ha virado hacia actividades legales, el municipio sigue estando aislado. Recorrer los 224 km que separan a La Macarena de Villavicencio, la capital del departamento del Meta, toma 1 hora, si es por aire, o 15 horas, si es por tierra, debido al mal estado de las carreteras y a la inexistencia de un vía que los conecte directamente. El aeropuerto de La Macarena carece de una torre de control moderna y es poco más que una pista en el centro del municipio. Al bajar del avión, vehículos de tracción animal esperan a los visitantes para cargar sus maletas y llevarlas hasta los hoteles. La mayoría de sus calles son destapadas, en polvo amarillo, más transitadas por motos que por carros. De acuerdo con el Índice de Necesidades Básicas Insatisfechas (NBI), la pobreza del municipio atrapa al 80% de sus habitantes.