La falacia del punto medio

Por: Guillermo Linero Montes*. Columnista Pares.


“La geometría solo puede dividir una recta en dos partes

iguales sabiendo antes cuáles son los dos puntos extremos”**

Kelsen


Los opuestos políticos -centralismo y federalismo, liberal y conservador, o izquierda y derecha- no son exclusivamente de nuestra tradición cívica. Esa discriminación polarizadora, de dos fuerzas que se compensan, proviene de la tradición de los países europeos y no estrictamente de los modelos democráticos. En los regímenes monárquicos o dictatoriales, donde no ocurría la política por prohibida, saltaban a la vista las relaciones de poder polarizadas: amos-esclavos y reyes-súbditos.


Con todo, en los últimos años, correspondientes a la llamada posmodernidad, han surgido fuerzas políticas autodenominadas de centro, “centrismo” le denominan los politólogos. Una tendencia política en esencia polémica, pues difícilmente puede precisársele una ideología, como sí es posible hacerlo con las tendencias de derecha e izquierda.


La izquierda, por ejemplo, al buscar la igualdad social, promueve la inclusión que es un objetivo más cercano a las utopías que a lo realizable, y esto hace que la izquierda permanezca en continua insatisfacción. En consecuencia, su discurso es el cambio y su ideología el progresismo. Por su parte, la derecha considera que la inequidad es una condición natural y, por tal razón, para ella son inevitables las diferencias económicas fundadas en una tradición y en unas reglas de juego, a su juicio inamovibles.


Estas diferencias tajantes, entre la izquierda y la derecha, permiten su contrastación –que es un método infalible para determinar la existencia de algo- como es, que la primera tiene por ideología el colectivismo y la segunda el individualismo. Pero, ¿cómo saber si el centro tiene alguna ideología?

Además de la contrastación, la coherencia constituye un instrumento útil para comprobar la existencia de una ideología. Si pensamos en la izquierda y en su defensa de los pobres, la coherencia reside en la palmaria realidad de la pobreza. Igual de coherente –que no plausible- es ver a la derecha propendiendo por la defensa de quienes tienen propiedad, pues sus alineados la tienen.


Siendo consecuentes, si buscamos, como ya lo he hecho yo, esa coherencia en el centrismo, no hallaremos ninguna distinta al equilibrio natural de las fuerzas opuestas, izquierda y derecha; es decir, a un inatrapable punto medio. Fulcro le llaman los físicos al lugar preciso donde se encuentran una fuerza de potencia y otra de resistencia.


Un punto que en política, contrario a como sucede en el mundo físico, siempre es inestable, debido a la agitada actividad ideológica de los polos o fuerzas que lo originan. Así, cuando el equilibrio ocurre, no pasa de ser una fugaz experiencia. El centro sólo adquiere vida impregnado de un polo o de otro: o es centro izquierda o es centro derecha. De ahí las aseveraciones acerca de que el centro únicamente existe en calidad de falacia argumentativa.


Hay quienes dicen que la debilidad del centro es su condición de cambiante, igual va a un polo como a otro. Sin embargo, los que van desde su lugar hasta un punto donde ya comienza el espacio de su oponente, son naturalmente la izquierda y la derecha. Cuando la primera cree conveniente asumir algunos asuntos con los presupuestos de la ideología de derecha, aflora como centro izquierda; y la segunda, cuando se compromete con actuaciones propias de la ideología de izquierda, aflora como centro derecha. No obstante, ni la una ni la otra son el centro; porque de serlo, entonces este sería una singularidad: una cosa y su contraria a la vez; pero, tratándose de la política, ese movimiento ocurre por la sola estrategia de aprovechar la oportunidad; es un hecho falaz.


De tal suerte, no es descabellado decir que polarizar es la única virtud del centro. No en calidad de ideología, que no la tiene, sino simplemente desde su condición de contingente, de oportunidad. Por eso el presidente Duque, que es de pura derecha, anuncia de pronto que él es de puro centro. De hecho, la polarización, si tiene algo positivo es que a los partidos de derecha los atenúa tornándolos en partidos de centro derecha (cristianos o conservadores) pues no alcanzan a ser de centro; y a los partidos de izquierda en partidos de centro izquierda (ambientalistas o neoliberales) que tampoco alcanzan a ser de centro. Gracias a la tensión de estos dos polos, existen esos partidos de porte tibio. Partidos que practican el neoliberalismo como opción económica y en aspectos militares hacen lo que les indican los Estados Unidos.


Pero, ¿qué es en verdad el centro?


Sin lugar a dudas la mejor definición de centro, es la desarrollada científicamente por la lógica, en su precisa figura denominada la “falacia del punto medio”, que consiste en guardar distancia de las posturas ideológicas existentes, tomando partido por una posición intermedia o equidistante. Por ejemplo: Uribe afirma que la sangre es azul, mientras que Petro afirma que es amarilla, por lo que Fajardo, sin preguntarse por el verdadero color de la sangre, asegura que es verde.


Finalmente, cabe citar a la autora de este ejercicio de lógica, a la profesora de filosofía Tasia Aránquez Sánchez, que explica mejor la falacia del punto medio: “Aparentemente, la doctrina del punto medio nos permite encontrar la solución más virtuosa a un problema, pero puede servirnos para dar una apariencia de racionalidad (de cálculo) a una posición comúnmente aceptada. Mediante esta operación se elude el debate sobre el fondo –que en el ejemplo sería hablar del color verdadero de la sangre- y se hace parecer desmesuradas a las partes adversarias”***


 

* GUILLERMO LINERO MONTES: Santa Marta, Colombia, 1962. Pintor, escritor y crítico literario. Es abogado de la Universidad Sergio Arboleda.

** Tasia Aránguez Sánchez. La falacia del punto medio en el debate público. Universidad de Granada. En: https://dialnet.unirioja.es/servlet

*** Ibídem.