La destrucción de la constitución de 1991

Por: Ariel Ávila, subdirector – Pares


La élite política tradicional y el gobierno de Iván Duque no solo quieren hacer trizas el acuerdo de paz, sino también la Constitución de 1991. Actualmente, cursan en el Congreso una serie de actos legislativos o proyectos de reforma constitucional. Muchos de ellos, son verdaderos retrocesos en la garantía de derechos que otorgó la Constitución de 1991. Otros son maquillaje, pero sin nada de fondo y hay una que otra cosa buena. Pero lo cierto es que, a este ritmo, la constituyente que tanto promocionó el uribismo la van a lograr a punta de reformas parciales. Hay ejemplos increíbles.

En primer lugar, alargar los periodos de los actuales alcaldes y gobernadores. Es decir, la clase política tradicional siente que el cambio político es inevitable, y quieren detenerlo modificando la Ley. A la luz de los resultados de primera y segunda vuelta presidencial es, más o menos, claro que las fuerzas alternativas ganarían Bogotá, Cali, Barranquilla, Bucaramanga, varias ciudades intermedias, además de varios departamentos. Los más dignificados serían los partidos tradicionales como el Partido Cambio Radical, el partido de la U, los Liberales y Conservadores. Así que mediante una argucia en la ley quieren impedir que se vote. Comportamientos de regímenes autoritarios.

En segundo lugar, también se ha metido uno de los orangutanes más increíbles y es que el Fiscal General lo designe el Presidente, es decir, un fiscal de bolsillo, más de lo que ya es. Esto no solo impedirá que se avance en investigaciones de personas cercanas al gobierno de turno, sino que sobre todo, la Fiscalía podría convertirse en una policía política diseñada para la persecución de la oposición y los críticos al gobierno. Ejemplo de este tipo de cosas abundan en la región y, nuevamente, es típico de regímenes autoritarios.