Homenaje a Federico García Lorca

Por: María Victoria Ramírez. Columnista Pares.

Debajo de las multiplicaciones

hay una gota de sangre de pato.

Debajo de las divisiones

hay una gota de sangre de marinero.

Debajo de las sumas, un río de sangre tierna;

un río que viene cantando

por los dormitorios de los arrabales,

y es plata, cemento o brisa

en el alba mentida de New York.

Fragmento del poema Oficina y denuncia de Federico García Lorca


Este mes, en el que de nuevo crímenes imperdonables se han cometido en Colombia, es el mismo mes en el que se cumplen 84 años del fusilamiento de Federico García Lorca, exactamente el 18 de agosto. Alrededor del mundo se realizan homenajes al poeta, y Colombia no fue la excepción. Para esa dolorosa conmemoración, el proyecto Contagio Poesía de la ciudad de Pereira, realizó un video en el que 12 personas, poetas, actores, activistas sociales, entre otros, leyeron obras del gran maestro español, desde distintas partes de Colombia y desde otros países.


Las obras completas de García Lorca comprenden prosa, verso, epístolas, partituras musicales y dibujos. Una de las ediciones más bellas es la de Editorial Aguilar, con prólogo de Jorge Guillén.

Hasta hace apenas unos años, descubrí una faceta desconocida del maestro, la de pianista. Me emocioné muchísimo cuando escuché algunas piezas de un cancionero popular porque he admirado y disfrutado con la poesía y la prosa de García Lorca en líneas como: “la ciudad está dormida y acariciada por la música de sus románticos ríos…”.


“Cuando sueno tan triste y muriente es porque lloro algo que se fue para siempre…” o “Quiero morirme siendo ayer. Quiero morirme siendo amanecer”. O en escritos que dejaban ver su veta de humanista, es decir, universal. En una de las últimas entrevistas que diera García Lorca, poco antes de morir, manifestaba: “Yo soy español integral y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más, yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista, abstracta, por el sólo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula, pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego no creo en la frontera política.”


Leer la poesía de Lorca o escuchar la musicalización de sus poemas en la voz de Silvia Pérez Cruz cantando Pequeño vals vienés, de Fito Páez, Romance de la pena negra o Paco Ibáñez, Romance de la luna luna, ayuda en estos momentos sombríos en los que la tenaza de la muerte nos acecha en formas microscópicas y macroscópicas, visibles e invisibles. Sus versos dan fuerzas para continuar respirando.


Las masacres de jóvenes en Samaniego, Nariño, en Cali y en Medellín perpetradas en los últimos días, nos sacuden, nos cuestionan, nos lastiman. Como lo expresa muy bien el profesor Guillermo Aníbal Gärtner Tobón, exmilitar y abogado risaraldense, Magíster del Instituto de Altos Estudios de la Universidad de Granada, en un mensaje sobre estos acontecimientos expresa:


“Desde niño he vivido tantos episodios dolorosos aquí en Colombia. En el Quindío, durante la época de la violencia liberal conservadora, luego en Antioquia, saltando como se dice, tiempos del peor terrorismo de Estado y de la guerra sucia, y tantas cosas terribles que probablemente seguirán pasando, triste, triste y doloroso de estos jóvenes en esa condición y en esas circunstancias, es algo que me ha golpeado de una manera que solamente éste tu poema interpreta” el profesor se refiere al siguiente al poema escrito por Miguel Ángel Rubio Ospina:


SONETO DE URGENCIA PARA CONJURAR LA SANGRE

A los nueve jóvenes asesinados en Samaniego, Nariño.

Fueron nueve sueños detenidos por las ráfagas,

nueve razones para el estallido y la pena,

nueve tristezas, nostalgias, nueve profundas llagas,

ya se oyen los aullidos de la hiena.

¡Ay Samaniego como dueles en la entraña!

Como el olvido nos recuerda tu nombre en sangre,

la mano negra que tu fe daña,

y el gatillo asesino, hienas de la masacre.

Este soneto te escribo para conjurar la sangre,

con el corazón negro de tanta cochambre,

con la sed de un país nuevo, una patria sin hambre.

Con la esperanza puesta en la juventud marchante,

en la risa de tus veinte años, en la sensualidad tocante,

para silenciar las hienas, con la urgencia de tu enjambre.


En 1936 los fusiles nos arrebataron al mundo un espíritu inmenso. Sobre este crimen atroz, Pablo Neruda diría: “Los poetas de América española y los poetas de España, no olvidaremos ni perdonaremos nunca el asesinato de quien consideramos el más grande entre nosotros, el ángel de este momento de nuestra lengua. Y perdonadme que de todos los dolores de España os recuerdo sólo la vida y la muerte de un poeta. Es que nosotros no podremos nunca olvidar este crimen, ni perdonarlo. No lo olvidaremos ni lo perdonaremos nunca. Nunca”