Hambre en Colombia

Por: Luis Eduardo Celis


Siempre ha habido hambre en Colombia, no es un tema nuevo. Miles y ahora millones de familias colombianas no tienen acceso a la suficiente cantidad de alimentos para suplir sus necesidades calóricas día a día. Es un drama que muchos sufren en silencio, un drama desgarrador que sume a las familias en la desesperanza y las marca para siempre, sobre todo a las niñas y niños que la padecen.

En 2003, cuando Luis Eduardo Garzón, electo alcalde de Bogotá, formuló el programa “Bogotá sin Hambre”, construido y liderado por Eduardo Díaz Uribe, se hablaba que había por lo menos medio millón de personas que sufrían hambre en la ciudad, una afrenta que fue asumida con una política pública. Desafortunadamente, hoy el hambre sigue rondando en miles de hogares de Bogotá y la geografía es extensa, o pregunten por la Guajira, el Chocó

Cauca, Córdoba, Magdalena, Norte de Santander, Cesar, Huila, Nariño y Sucre, donde se concentra la mayor pobreza en Colombia.

En la misma administración de Luis Eduardo Garzón, el Secretario de Educación, Abel Rodríguez Réspedes, colocó como primera prioridad para mejorar los procesos educativos, que se sirviera comida caliente en los colegios, dijo sabiamente: “con hambre nadie aprende nada, solo amargura en el corazón”. Desde ahí surgieron los programas de alimentación escolares, que han sido un paso adelante en las políticas educativas y hoy, en miles de colegios, se sirve desayuno y almuerzo; y ha sido toda una revolución.

La pandemia ha mostrado la fragilidad de la sociedad en la que vivimos. En estos días la Red de Bancos de Alimentos, que lidera la Conferencia Episcopal, nos dijo que antes del inicio de la pandemia el 89 % de los colombianos comían tres comidas al día, pero para diciembre de 2021, esa cifra bajó al 69,1 %, es decir, casi 14,4 millones de colombianos comían dos veces al día y alrededor de 155.000 ni siquiera alcanzaban a una comida diaria.

En estudios del DANE, se afirma que el 54.2 % de las familias colombianas presenta inseguridad alimentaria, y eso lo ratifica la FAO, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación, que colocó a Colombia entre los países con más alto riesgo de inseguridad alimentaria, lo cual produjo un airado reclamo del presidente Iván Duque. Descaro total.

Las causas que los estudios sobre hambre ubican como las determinantes son: pobreza, inestabilidad laboral, escasez alimentaria y desperdicio, infraestructura deficiente, mercados inestables, cambios climatológicos, guerras y conflictos. Todas estas razones están presentes en Colombia, lo cual muestra el tamaño del desafío que tenemos.

Colombia está en el grupo de 14 países donde la agricultura puede crecer, es un grupo pequeño en comparación con el conjunto de países donde han llegado al limite de la producción de alimentos. Antes de la apertura económica promovida por el presidente Cesar Gaviria, éramos autosuficientes en alimentos. Luego nos volvimos importadores y, cada año, entran diez millones de toneladas de alimentos que se podrían producir en Colombia a menores costos, si hubiera una política que promoviera al campesinado colombiano y se transformara la propiedad rural. Esa que está hiper-concentrada y si, además, se cambiara el uso de la tierra; hoy la ganadería tiene demasiada tierra y baja productividad. Sin embargo, son unas transformaciones a las que se oponen poderosos que han defendido este antidemocrático orden a sangre y fuego.

Afrontar el hambre que hoy viven cerca de cinco millones de familias colombianas implica un enorme reto de política pública que este gobierno no tuvo interés en asumir, negó una renta básica que hubiera podido darles alimentos a estas familias, había los recursos para ello, pero prefirió darle cuantiosos recursos al sector financiero para ampliar sus arcas y no comida a cinco millones de familias.

El próximo gobierno debe asumir este reto. Es una afrenta para toda la sociedad que, en Colombia, con tanto potencial rural, la gente sufra hambre.

 

*Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido su autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.