Gobierno Duque y postconflicto

Por: Ariel Ávila, subdirector – Pares


No es aún muy clara la política de la administración Duque frente a la política de paz, la implementación del acuerdo y las agendas de la construcción territorial de Estado. En diferentes reuniones privadas, sobre todo con la comunidad internacional, el presidente y los miembros de su gabinete han dicho que continuarán con la implementación, y que su prioridad es la política de reincorporación, además insinúan que no pueden decirlo públicamente, pues ello molestaría a sus bases radicalizadas, pero que ellos saben que deben ir hacia adelante con el fin de la guerra. En todo caso, en la práctica nada avanza, no se implementa nada, solo parece que se debate y se habla pero nada más allá de esto. Por ejemplo, en las regiones del país todo está paralizado, en Nariño, Cauca o Antioquia ya no hay funcionarios, ni iniciativas para sacar a esos municipios de la ola de violencia que los azotó por décadas. Es decir, en Bogotá se vive una incertidumbre por la implementación del acuerdo, pero en las regiones se siente la parálisis.

Entre analistas y expertos hay cuatro líneas de análisis o de interpretación. La primera, y más optimista, cree que el gobierno Duque está ganado tiempo, acumulando capital político para poder avanzar en el Acuerdo de Paz. Para este grupo de analistas está claro que el proceso de paz debe ir hacia adelante, saben que el país que prometieron en campaña es un país de locos, pero deben saber dar la justificación del cambio de discurso, pues los sectores radicalizados del uribismo son fuertes. Así las cosas, pasando los primeros seis meses de gobierno, se podrá avanzar en la implementación.

La segunda interpretación es más técnica. Durante el proceso de empalme quedó claro que los equipos designados por el presidente Duque no tenían ni idea de implementación del Acuerdo, no sabían ni siquiera cuáles programas existían. Todo parece indicar que el Centro Democrático creía que el postconflicto era solo discurso o espuma. Pero a medida que se han adentrado en el gobierno, todos ellos se han encontrado con una gran complejidad, con programas andando y con muchas relaciones entre el Estado y las comunidades, por ende echar para atrás es complicado. Hay anécdotas graciosas, la cara de Miguel Ceballos cuando visitó el primer Espacio Territorial de Capacitación. O lo que Archila ha intentado hacer con los fondos internacionales en la Alta Consejería para el Postconflicto.

Una tercera línea cree que la situación en el gobierno y el peso de los diferentes sectores políticos aún no está definido. Dentro del gobierno hay sectores radicalizados frente al proceso de paz, otros sectores más conectados con la imagen internacional de Colombia creen que ese no es el problema y algunos quieren avanzar en la implementación pero no reciben líneas claras del presidente Duque. Habrá que esperar a que el balance esté definido.

Una cuarta línea, un poco más conspirativa, que es en la que creo, ve que la diferencia entre la práctica y el discurso hace parte de una estrategia para ir dejando morir el acuerdo de paz. El gobierno Duque no puede, o mejor sabe, que es inconveniente destruir el proceso de paz públicamente. Por ello en las reuniones dicen que van a avanzar. Pero en la vida real no hacen nada, no dan presupuestos, no renuevan contratos de funcionarios, no hacen la mínima acción para determinar qué fue lo que se hizo en el anterior gobierno.

Hay un sector en el uribismo que cree que les irá mejor en política si crean, al menos, un muñeco o un espejismo de que las FARC revivieron, y con el discurso del miedo y la seguridad mantendrá el poder y entretenida a su base social. No saben el daño que le hacen al país, pero todo lo piensan en pro de eternizarse en el poder.