Fracking a fondo

Por: Alexander Riaño, coordinador de la Línea Conflictos Asociados al Desarrollo – Pares 

El 2018 marca un punto de quiebre para la discusión sobre el sector minero energético en Colombia y, en especial, para la industria de los hidrocarburos. Además de la anunciada decisión de la corte constitucional sobre consultas populares que está en la puerta del horno, este año el fracking adquirió gran importancia en la agenda pública nacional. Se trata de un debate tremendamente complejo sobre el cual el nuevo gobierno deberá tomar decisiones. PARES presenta el primer artículo de una serie de entregas donde analizaremos a fondo las implicaciones de la explotación de Yacimientos No Convencionales:

Como desastre, como necesidad o como una gran oportunidad. Estas tres categorías agrupan los distintos discursos y narrativas que existen sobre un debate central para Colombia: la explotación de Yacimientos No Convencionales a través de la técnica de estimulación o fracturamiento hidráulico – Fracking. Se trata de uno de los ejes centrales de conflictividad social que se posicionó como punto neurálgico de la agenda pública del país (jugando con Google Trends se identifica un pico histórico en el interés sobre el término en junio de 2018).

Desde el Gobierno nacional se levantan alertas sobre el agotamiento de reservas de petróleo y gas y su relación con la autosuficiencia energética; desde las comunidades y organizaciones ambientales se manifiesta una preocupación inmensa por los eventuales y devastadores impactos sobre los ecosistemas, las fuentes de agua y la salud de los ciudadanos; y desde los gremios y las empresas se promocionan las bondades y aportes al desarrollo de una actividad con mínimos y controlables impactos sobre el ambiente y las personas. Si cada una de estas narrativas tiene algo de razón, es de vital importancia adelantar una discusión amplia, informada y desde múltiples perspectivas que permita construir acuerdos sociales a nivel local y nacional alrededor de esta agenda de conflictividad.

Este es un debate de alta complejidad en términos políticos y técnicos. Poder entenderlo implica analizar varias dimensiones del problema como la política económica, fiscal y energética; las dinámicas de movilización y protesta social; los factores de justicia y protección ambiental; elementos de ingeniería e, incluso, dinámic