El papayazo que la izquierda no quiere aprovechar



El país sigue arrojando hechos favorables a la izquierda, pero la izquierda no se da por aludida, no se mueve, no se sacude. Es una verdadera lástima. Está desperdiciando una oportunidad fabulosa para meterse en serio a la contienda presidencial.

Óscar Iván Zuluaga no despega, parece como si no existiera. Tanto que en la encuesta de Cifras y Conceptos aparece por debajo de Enrique Peñalosa, que aún no ha sido proclamado candidato. Es muy probable entonces que uno de los temas de la reunión entre Uribe y Pastrana hubiese sido la búsqueda de un candidato viable, quizás alguien del Partido Conservador para jugar a dos bandas: salir de Zuluaga y dividir al conservatismo para restarle fuerzas a Santos.

Pero esta maniobra no es fácil. Un personaje de renombre, un Luis Alberto Moreno, por ejemplo, difícilmente se mete a última hora en una campaña para correr el riesgo de quemarse. Tampoco es sencillo bajar del bus a Óscar Iván Zuluaga después de haber sido proclamado con bombos y platillos en una tortuosa convención. Ahí está la primera circunstancia favorable para la izquierda. Un candidato unitario con arrastre en la opinión pública tiene todas las posibilidades de situarse rápidamente en el segundo lugar de la competencia. Pero este no es el único hecho favorable. Hay más. El avance de Santos en las encuestas es lento, la intención de voto a su favor es aún baja y ya estamos a cuatro meses de las elecciones, de ahí que la pretensión de ganar en primera vuelta no está cuajando. La izquierda podría forzar una segunda vuelta y por primera vez competir con opción por el sillón presidencial. También ocurre que la única persona en dificultades en el uribismo no es Óscar Iván Zuluaga. El propio Uribe está sufriendo en las plazas públicas ante el asedio de manifestantes que lo rechiflan o le tiran tomates, como sucedió en Tunja y en