El famoso plebiscito



Pensé mucho en escribir esta columna, no sé si es políticamente correcta, pero explicaré argumentos de muchos analistas y expertos en temas de posconflicto y paz, sobre lo inconveniente de realizar un referendo o plebiscito por la paz, muchos de ellos no se atreven a decirlo públicamente.

Actualmente el gobierno nacional planea dos estrategias para la refrendación de los acuerdos: por un lado, el plebiscito por la paz, que cursa en el Congreso de la República y que entre otras medidas plantea la reducción de umbral y la posibilidad de realizar campañas para el SI y el NO de forma equitativa. Por otro lado, en el Congreso también se tramita la creación de una comisión legislativa de alto nivel que se encargaría de aprobar todo lo referente al proceso de paz una vez este se firme, igualmente se le otorgarían facultades extraordinarias al presidente para que emita decretos con fuerza de ley en el marco de la firma de los acuerdos,  estas facultades no le permiten al presidente tocar la constitución o emitir leyes maco.

Por su parte las Farc platean la realización de una Asamblea Nacional Constituyente, como mecanismos de refrendación popular y para la puesta en marcha de los acuerdos de paz. Sin embargo, es una Asamblea Nacional  Constituyente que se caracterizaría por ser corporativa, donde diferentes estamentos de la sociedad enviarían delegados, como los estudiantes, campesinos, indígenas, trabajadores entre otros. Los cierto es que al día de hoy no hay acuerdo entre las partes sobre los mecanismos de refrendación, sin lo cual es difícil avanzar el cierre de la negociación de paz.

En todo caso, hay un debate en torno al plebiscito por la paz y se refiere a la necesidad y conveniencia del mismo. Quienes están a favor del plebiscito básicamente tienen dos argumentos: uno, que fue una promesa del presidente refrendar los acuerdos mediante una expresión popular, para ello se planteó inicialmente un referendo y ante la imposibilidad de realizarlo se optó por un plebiscito. Dos,  el proce