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El encarecimiento de la comida en 2024

Por: Germán Valencia

Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia



El primero de marzo de 2024 se cumplirá un año de continua caída en el nivel de inflación en Colombia. Según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE), el acumulado anual de crecimiento del Índice de Precios al Consumidor (IPC) pasó de 13.34%, en marzo del año anterior —el nivel más alto desde 1999—, a uno de 8.35%, en enero de este año. Y según proyecciones optimistas, está reducción continuará dándose todo el periodo.

 

En un comunicado de prensa, el DANE (https://www.dane.gov.co/files/operaciones/IPC/cp-IPC-ene2024.pdf) mostró que enero de 2024 los sectores que más ayudaron a que el nivel de precios cayera fueron las divisiones de Recreación y cultura, e Información y comunicaciones, que presentaron una caída negativa del -0.21% y -0.12%, respectivamente. Al igual que la Educación, que no varió, y la división de Prendas de vestir y el calzado, que alcanzó la baja cifra del 0.3%.

 

Está es una muy buena noticia para los colombianos. Pues, por un lado, luego del rebrote de la inflación en 2022 y 2023, en este nuevo año el nivel de inflación se sitúa por debajo de los dos dígitos, lo que hace que tengamos una economía cada vez más sana, robusta y mejor manejada monetariamente. Lo que lleva a considerar como muy positivas las acciones de control monetario que viene implementando la Junta Directiva del Banco de la República desde hace un par de años.

 

Y por el otro, el sistema económico le está entregando señales a la ciudadanía de que el tratamiento contra el cáncer de la inflación en Colombia está funcionando. Lo que se considera una la buena noticia para la población, en especial para la más pobre. Pues se le está diciendo que el incremento del IPC no seguirá comiéndose lentamente el poder adquisitivo de compra que obtuvo en enero con el aumento del salario mínimo legal vigente —que fue del 12%—. Resultando un gran respiro en el mejoramiento del nivel de vida en términos reales.

 

Sin embargo, el mismo comunicado de prensa del DANE llama la atención que las divisiones de Transporte, Restaurantes y Bebidas alcohólicas son las que presentan mayor variación mensual, con un cambio positivo en enero de 1.99%, 1.72% y 1.11%, respectivamente. Y con un acumulado anual superior al promedio del IPC en el último año: el Transporte creció el 13.22%, los Restaurantes el 11.70% y las Bebidas del 11.55%.

 

A pesar de que para algunos analistas este comportamiento de los precios por subsectores es normal, quiero dejar planteado que esta variación debe tomarse como una señal de alarma para la economía, en particular para la población de menores ingresos en el país. La variación en el Transporte, los Restaurantes y las Bebidas alcohólicas, al igual que en el rubro de los Alimentos son una señal de que el país este año se enfrentará a una situación de aumento significativo en el costo de los alimentos en general.

 

Como dije, para el Gobierno Nacional —tanto para el Ministerio de Hacienda y Crédito Público como el de Minas y Energía— la variación de la división de Transporte es normal. Para ellos es recurrente que en enero suben los peajes, los sistemas integrados de transporte urbano en las grandes ciudades, la gasolina y los aceites para vehículos, entre otros factores de esta división.

 

Pero lo cierto es que el incremento que viene dándose en la división del transporte es inusual. Durante todo el año 2023 vimos como la gasolina subió su costo, al punto de casi duplicar el precio, debido a la disminución programada del Estado de reducir el subsidio al consumo de este bien y como estrategia para atacar el déficit creciente del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC).

 

Para este año la tarea será similar, pero ahora con el precio del Aceite Combustible Para Motores (ACPM). Este combustible tiene un subsidio similar y, al igual que la gasolina, viene dejando diariamente un hueco fiscal cercano a los 50 mil millones diarios. El Gobierno sabe que debe comenzar de manera urgente con un programa de incremento mensual del precio de este combustible, similar al usado en 2022-2023 con la gasolina, con el objetivo de acabar el subsidio a los transportadores.

 

Como se ha advertido, esta decisión gubernamental causará algunos problemas en el país, entre ellos, el aumento de protestas por parte del sector de los camioneros. Pero el mayor efecto lo tendremos en el aumento del costo de los alimentos. Los camioneros querrán trasladar la disminución del subsidio al ACPM —o el aumento en el precio del combustible— al sistema de costo de su servicio, que en la mayoría de casos es la división de Alimentos y con ello de nuevo a los Restaurantes y Bebidas.

 

Otro componente detonante del aumento del costo de los alimentos en Colombia en 2024 será el que está provocando el fenómeno climático de El Niño. Todos hemos visto y sentido como el calor aumenta cada día más. A pesar de las cortas lluvias en algunos lugares del país, lo cierto es que el fenómeno atmosférico se ha expandido y está afectando los sembrados y plantaciones de las que obtenemos los alimentos que se compran en el mercado.

 

En este sentido, este año asistiremos a una escasez de productos provenientes del campo. El mismo DANE ya reporta alza en el precio de los mangos, las habichuelas y las carnes de aves. Todos ellos productos agropecuarios que utilizamos tanto en los hogares como en los restaurantes y espacios comerciales donde se venden alimentos.

 

En conclusión, el costo de los alimentos que consumimos en Colombia aumentará este año más de lo habitual. Tanto para los que preparamos en casa como para los que se ingieren en los establecimientos comerciales. Veremos este 2024 subir los costos a productos como las frutas frescas, la leche, la mantequilla de vaca, las carnes de res y de aves; y tubérculos como la arracacha o el ñame. Todos ellos reportaron incrementos superiores al nivel de inflación.

 

Este incremento afectará al IPC —aunque lo más seguro es que siga cayendo debido a otros componentes que presionaran su caída—. Pero, sobre todo, reducirá el bienestar y el nivel de vida de la población. Tendremos un año en que la pobreza y el hambre aumentarán. Somos un país donde la mayoría de la población gasta un porcentaje mayor de sus salarios en comida —en promedio un 40%— y, por tanto, el aumento en el precio de los alimentos afecta de forma desproporcionada a la población de menores ingresos.

 

*Este artículo es resultado de las dinámicas académicas del Grupo de Investigación Hegemonía, Guerras y Conflicto del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia.

** Las opiniones expresadas en esta publicación son de exclusiva responsabilidad de la persona que ha sido autora y no necesariamente representan la posición de la Fundación Paz & Reconciliación al respecto.

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