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El coronavirus y la recesión económica mundial

Por: Redacción Pares


La crisis del coronavirus es ante todo una amenaza para la salud pública, pero también es, y cada vez más, una amenaza económica. El terremoto del COVID-19 desencadenará una recesión en algunos países y una desaceleración del crecimiento anual global por debajo del 2,5%, a menudo tomado como el umbral de recesión para la economía mundial, según el último informe de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo (UNCTAD).


Como le dijo a Pares el experto económico José Roberto Acosta, el miedo al contagio ha paralizado principalmente el turismo internacional, una de las actividades que más producen ingresos mundialmente; ejemplo de esto es la actual situación que vive Italia, en donde las medidas de aislamiento han generado vacíos en ciudades como Venecia, una de las más atractivas para los visitantes que llegan a dicho país.


El mundo llega ya a los 100.000 casos de coronavirus. Por el momento, doce países y territorios de América han documentado 18 pacientes infectados con el COVID-19. En Estados Unidos han ocurrido las únicas muertes del continente. La Organización Panamericana de la Salud afirma que las naciones latinoamericanas y caribeñas afectadas se encuentran ya en la fase de respuesta y subraya la urgencia de fortalecer la contención.


El impacto resultante en el ingreso global en comparación con lo que los pronósticos habían proyectado para 2020 será de alrededor del billón de dólares, en el mejor de los casos, y de dos billones, en el peor.


“La duración y la profundidad de la crisis dependerán de tres variables: cuán lejos y cuán rápido se propagará el virus, cuánto tiempo pasará antes de que se encuentre una vacuna y qué tan efectivos serán los encargados de formular políticas para mitigar el daño a nuestra salud y a nuestro bienestar físico y económico”, señalan los expertos.


La incertidumbre que rodea a cada una de estas variables se suma a la sensación de ansiedad de los individuos, que es una cuarta variable que determinará los resultados de la crisis.


Dos salidas a la crisis


Hay dos salidas posibles de las consecuencias económicas de la sacudida del nuevo coronavirus: la de costumbre, hasta la próxima crisis, y la de la asunción de un liderazgo político que enderece las fallas estructurales económico- sociales y económico-medioambientales de la economía mundial.


La opinión consensuada es que esta crisis tiene el potencial de alterar lo que fue una recuperación global titubeante, pero bien alineada, que se había establecido durante el segundo semestre de 2017, gracias a una serie de políticas encaminadas a anular las amenazas a una confianza económica renovada, lo que a su vez había sustentado una serie de pronósticos optimistas de crecimiento para los próximos años.


Desde esta perspectiva, si el brote es de corta duración, una combinación familiar de políticas monetarias (idealmente limitadas a recortes en la tasa del banco central pero posiblemente con algunas medidas menos ortodoxas para bajar las tasas de interés a largo plazo) y de estabilizadores fiscales automáticos deberían ser suficientes para salvar el día, con la recuperación asumiendo la forma de «V» que siguió, por ejemplo, la crisis provocada por el virus del SARS en 2003.


Reducir la desigualdad


Abordar las desigualdades económicas debería ser una parte central de la respuesta política con un reconocimiento de los beneficios tanto a corto como a largo plazo.


Las crecientes desigualdades durante varias décadas han erosionado el poder adquisitivo de la mayoría de los hogares desde mucho antes del brote de Covid-19, y ahora plantean serios obstáculos en contra de una recuperación sólida después del brote.


Al apoyar el crecimiento del empleo, el gasto gubernamental también estimula el crecimiento de los salarios. Una regulación más estricta del mercado laboral también es importante ya que respalda los ingresos (por ejemplo, con salarios mínimos), la seguridad de los ingresos (por ejemplo, con pensiones, seguro de desempleo y prestaciones por enfermedad) y la capacidad de obtener ingresos (por ejemplo, con disposiciones de atención médica, educación y más).


Lo que se necesita para salir de esta crisis


Según la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y el Desarrollo, los bancos centrales no están en condiciones de resolver esta crisis por sí solos.


“Una respuesta adecuada de política macroeconómica necesitará un gasto fiscal agresivo con una inversión pública significativa, y apoyo de asistencia social dirigido a trabajadores, empresas y comunidades afectadas negativamente”, según el análisis.


Todo ello, “requerirá la coordinación internacional de estos programas”. La UNCTAD reconoce que los llamados a un mayor gasto público siempre generan temores de despilfarro y problemas financieros en el futuro.


Estos temores “son inapropiados frente al gasto masivo por la mala gestión macroeconómica, como la austeridad fiscal que frena el crecimiento y erosiona los ingresos fiscales, los rescates de los de los bancos privados por parte de los bancos centrales, los subsidios a los combustibles fósiles y la escala de evasión y evasión fiscal internacional”, señala el documento.


Reducir algunos de estos gastos sería suficiente para lanzar un Global Green New Deal (un nuevo acuerdo verde mundial) que incluye mejoras en los sistemas de salud pública.


Los Gobiernos que están dispuestos a hacer «lo que sea necesario» para estabilizar la economía tienen que aumentar el gasto hasta que la demanda del sector privado y el empleo vuelvan a tasas de crecimiento saludables.


Las lecciones de la década anterior son claras: la combinación de una política monetaria agresiva e intervenciones fiscales tímidas deja a los inversores privados en un limbo de «esperar y ver» y alienta el espíritu especulativo.


En la crisis actual, también existe el riesgo adicional de que una respuesta fiscal lenta podría aumentar el alto riesgo de contagio. Los gobiernos deben dar una señal clara de que las preocupaciones de la deuda pública son secundarias a las preocupaciones de salud pública.


Los llamados a relajar las posiciones fiscales no deberían verse limitados por el argumento de que un mayor gasto es ineficaz si las empresas enfrentan cuellos de botella en sus cadenas de suministro.


Si bien existen cuellos de botella, la verdadera restricción que enfrenta la economía global es la falta de gasto, especialmente la inversión en infraestructura física y social, así como en investigación e innovación financiadas con fondos públicos. Además, el progreso técnico y el crecimiento de la productividad se ve frenado por el bajo gasto en estas áreas.