El color del gabinete de Petro

Por: León Valencia, para @infobae


Al momento de escribir esta columna Petro tiene ya ocho ministros: José Antonio Ocampo en Hacienda, Álvaro Leyva en Relaciones Exteriores, Alejandro Gaviria en Educación, Carolina Corcho en Salud, Cecilia López en Agricultura, Patricia Ariza en Cultura, Susana Muhamad en Medio Ambiente y Desarrollo sostenible, y Francia Márquez, vicepresidenta de la República, para el nuevo Ministerio de la Igualdad y la Mujer. Aún le faltan un poco más de la mitad de los ministros, aunque ya suenan nombres para estos cargos. Los designados dan para un primer análisis de hacia dónde va la composición del gabinete.

Todos estos ministros se movieron en las últimas elecciones en las dos coaliciones de izquierdas, el Pacto Histórico y la Coalición de la Esperanza, la primera más definida ideológicamente, la segunda más hacía el centro del espectro político. Algunos —empezando por Álvaro Leyva— militaron en los partidos tradicionales, pero en los últimos veinte años, en el sacudón que le pegó Álvaro Uribe Vélez a la política colombiana levantando sin ambages las banderas de la derecha, todos se ubicaron en la orilla izquierda.

Si mantiene este color en los nuevos nombramientos, el gabinete será definitivamente la contracara de los gobiernos uribistas. Pero también se apartará de la ortodoxia económica de Santos.

Hasta ahora no aparece la representación del Partido Liberal de César Gaviria, que muy pronto anunció su apoyo al nuevo gobierno. Tampoco aparecen personas afines al Partido Conservador, Cambio Radical o al Partido de la U, grupos que, en declaraciones después de segunda vuelta, manifestaron que no irían a la oposición.

Lo más extraño es que aún no aparece una representación del Partido Verde, a pesar de que una fracción de esa fuerza apoyó a Gustavo Petro desde la consulta y la primera vuelta; y otra fracción, en la que están Claudia López y Ariel Ávila, lo apoyó en segunda vuelta, ayudándole a consolidar el gran triunfo de Bogotá.

La mayoría han ocupado ministerios o puestos públicos de importancia y han jugado un papel relevante en la vida nacional, lo que quiere decir que Petro está apelando a figuras reconocidas y a personas trajinadas en la política y, al menos, en esta primera etapa de su gobierno, quiere privilegiar la experiencia sobre la juventud.

Son personas con mucho carácter que no esconden su pensamiento y tampoco lo declinan fácilmente, así que Petro tendrá unos interlocutores con ideas propias, con estrategias pensadas, con habilidades discursivas, que pondrán a prueba día a día la capacidad del primer mandatario para escuchar y definir colectivamente los planes y programas. Eso mismo tendrá que hacer en sus relaciones con el Congreso que se instala el 20 de Julio, de composición tan diversa.

La participación de las mujeres en el gabinete ha sido fielmente resguardada, de ocho tienen cinco cupos. Es una indicación de que la equidad de género será respetada. No hay otro camino. Porque el voto femenino en el último tramo de la campaña fue muy importante y también porque en este tema hay ya un sensibilidad especial en el país.

Ahora bien, Petro en los anuncios de cada nombramiento incluía un apretado resumen del quehacer de los designados y allí marcaba el terreno de las transformaciones que debían realizar. Lo hizo con el primero de los nombrados —Álvaro Leyva— al que le encargó la tarea de poner el Ministerio de Relaciones Exteriores en función de la paz.

Los ministros que le faltan no son de poca monta. Pero el gran quebradero de cabeza es la definición del ministro o ministra de la Defensa. Debería ser un ministro civil para no regresar a la época de ministros salidos de las filas militares. Tendrá la misión de recuperar el liderazgo que ha perdido el actual ministro sobre los generales. Diego Molano se convirtió extrañamente en un vocero de la cúpula y en un defensor de sus irregularidades y errores, y eso es demasiado grave para la conducción de las Fuerzas Armadas.

Otra misión no menos complicada del nuevo Mindefensa será recuperar la unidad de las filas y concertar con ellas una reforma profunda a las Fuerzas Armadas para ponerlas a tono con el postconflicto y la alternación política entre derechas e izquierdas. Para nadie es un secreto que los acuerdos de paz, las graves violaciones a los derechos humanos y los notorios hechos de corrupción, han abierto discusiones de hondo calado entre la oficialidad del país, y han roto la unidad de mando tan indispensable en el estamento militar.