El cambio o el populismo

Por: Walter Aldana

Político Social Alternativo


Ante la crisis bipartidista en el mundo, recientemente han aparecido personajes de la talla y el tamaño de Trump en Estados Unidos, Bolsonaro en Brasil y hoy Rodolfo Hernández en Colombia. Ellos —con el respeto que se merece el embolador don Luis— son la caricatura del poder: lenguaje chabacano, grosería en sus expresiones, actitudes misóginas, racismo y desprecio por el papel de la mujer en la sociedad (dejándole solo la casa, cómo espacio para su desarrollo). Al igual que Trump o Bolsonaro, este señor Rodolfo Hernández también es un producto de una estrategia definida y desarrollada a través de los medios de comunicación.

Que existan personas con poder, pero poco desarrolladas en el pensamiento crítico, es normal, aunque lamentable. Lo que sí es irónico e inaudito, es que amplios sectores de la población, como las mujeres, o sectores territoriales, como los pobladores del Vichada, voten por personajes como Hernández, quien desconoce por completo la geografía patria. La sola respuesta que dio el candidato presidencial en el cubículo de votación frente a la pregunta de qué haría después de sufragar, “me voy a dormir”, dibuja una estrategia mediática de "me importa poco la jornada electoral".

El uribismo vio que perdería las elecciones con Federico Gutiérrez y dio la orden de votar por Hernández a varios de sus potenciales electores. Pretenden resurgir de las cenizas como el ave Fénix, pero la pérdida de escaños el pasado 13 de marzo en el Congreso señala su deceso. Veremos si se reinventan al lado de quien les insultó y desacreditó.

La derecha echa mano del miedo y la mentira, se le acabó el trillado discurso del castrochavismo, del comunismo internacional y ahora señalan que la campaña por la vida va a expropiar, a acabar las religiones, los subsidios, etc. Su única bandera es la anticorrupción, pero paradójicamente su actual candidato está llamado a investigación por celebración indebida de contratos.

La pregunta es simple, básica: ¿pasaremos del estado en que nos encontramos en que el ejecutivo concentra los poderes legislativos y judiciales al estado de show con Hernández, a la expectativa cotidiana de las erróneas declaraciones? Solo imaginar su presentación en la tribuna de las Naciones Unidas, causa escozor.

Necesitamos a un estadista como Gustavo Petro, un personaje reconocido por su inteligencia y no por la grosería. Urgen las propuestas de solución a la crisis social, económica y política, y no el discurso populista del bla, bla y bla. Colombia será potencia mundial de la vida, o el hazme reír al estilo Bucaram en Ecuador, ustedes deciden, yo me la juego por el...CAMBIO.

 

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