El ajedrez presidencial después del plebiscito



La política electoral es un juego de repeticiones. Los actores políticos se encuentran cada dos o tres años en elecciones. Por ello, aquellas frases que en elecciones “nunca nadie está muerto en política” o “nadie pierde, todos ganan” parecen proféticas. Antes del plebiscito del 2 de octubre los cálculos eran los siguientes.

German Vargas Lleras se sentía en segunda vuelta y casi presidente. El mejor escenario para él era que el Sí ganara por pocos votos, de tal forma que su poco apoyo al proceso de paz tuviera una justificación, su imagen sería vendida como el hombre de mano dura que daría confianza al país y obligaría a las FARC a cumplir los acuerdos. Además ganando por poco y con un uribismo derrotado, obligaría al ex presidente Uribe a buscarlo y ofrecerle su apoyo. Vargas Lleras aspiraba a aglutinar toda la derecha y parte del centro.

Humberto de La Calle, del partido Liberal, aspiraba a que el Sí ganara por mucho, al menos un 60-40 a favor de proceso de paz. Eso lo catapultaría como el hombre que garantizaría el cumplimiento de lo acordado en La Habana y daría confianza a todos los sectores sociales. Su candidato vicepresidencial debería ser una persona de mano dura, que diera la otra cara de la imagen que necesitaba proyectar. Sería el hombre llamado a hacer la transición entre la Colombia de la guerra y la Colombia de la paz.

El otro candidato con opciones importantes era Sergio Fajardo, para él el mejor escenario era sencillamente que el Sí ganará, por poco o mucho pero que ganara. Lo que quería Fajardo era que el país superara el binomio paz-g