Duque sin Trump

Por: Guillermo Linero Montes. Columnista Pares.


En la actualidad, la probidad de quienes ejercen la diplomacia está fundada en su preparación y agudeza para aplicar las relaciones internacionales a la luz de los principios del presente. Es decir, los funcionarios con cargos diplomáticos –que no lo son de carrera- han de saber discriminar entre los temas dominantes del pasado (digamos, las relaciones basadas en la división política y en el solo hecho económico) y los temas del presente (digamos, los basados en los derechos humanos y el medio ambiente); y han de mirar hacia los intereses universales ligados a la protección de la especie, más que a la aldea geopolítica, anclada a los lineamientos ideológicos de los países vecinos o de sus socios comerciales.


En el contexto de la reciente campaña por la presidencia de los Estados Unidos, fue muy evidente el desconocimiento que tienen, de esos principios de la actualidad, los diplomáticos de Duque en Washington. No otra cosa puede concluirse luego de la expresa preferencia, precisamente, por el candidato de las formas del pasado, por quien en su gobierno descontó las preocupaciones acerca del medio ambiente y vio en la defensa de los derechos humanos un atentado a la propiedad privada.

La avanzada diplomática de Duque en Washington, se equivocó, por ejemplo, con respecto al principio de los derechos humanos, al aferrarse al trumpismo -que ya no a Trump- cuyos principios cívicos y morales provienen de la primera mitad del siglo diecinueve y del movimiento supremacista cuyos miembros, igual a los nazis, creían ser de una raza superior, caracterizada por el desprecio a quienes ellos, y solo ellos, consideraban por debajo de su nivel social y/o racial, especialmente a negros y ahora también a migrantes.