Duque, ni visión de futuro, ni eficacia en la coyuntura

Por: León Valencia, director – Pares


En el libro El Regreso del Uribismo que escribí cuando comenzaba al gobierno de Iván Duque afirmé que la separación del cargo era uno de los escenarios que tenía al frente el presidente. Era, desde luego, la opción más improbable, porque no había mecanismos institucionales distintos a su renuncia y al ascenso de Marta Lucía Ramírez.


Pero la crisis del gobierno a los cien días era tan profunda que la caída de Duque no resultaba un escenario descabellado. Tenía un poco más del 20% de aceptación en las encuestas y un rechazo que rondaba el 70%. No tenía mayorías en el Congreso. Su propio partido y su líder, Álvaro Uribe Vélez, lo criticaban y presionaban. Las protestas sociales se extendían por todo el país.


A dos años de gobierno, el escenario de la caída de Iván Duque se puede descartar. No porque haya enderezado su marcha y levantado cabeza, sino porque vamos hacia el tramo final de su mandato en medio de la catástrofe generada por la Covid-19 y en ese contexto nadie buscará su renuncia. Llegará cojeando al final de su presidencia y seguramente le abrirá las puertas del gobierno a un candidato alternativo, crítico y distante de las estructuras políticas tradicionales. Pero el tiempo que le falta será realmente penoso.


Duque tuvo un respiro en la opinión pública al empezar la pandemia. Al terminar la vigencia del primer estado de emergencia y pese a los cuestionamientos sobre la estrategia del Gobierno para enfrentar la crisis, el presidente registraba un 52% de aprobación, un gran salto de 29 puntos. Esta foto no se repitió en la encuesta realizada a finales de junio donde la aprobación de Duque pasó de 52% a 41% perdiendo 11 puntos y la desaprobación saltó de 39% a 52%. La tendencia a la baja quizá continuará en los próximos meses a medida que la pandemia cause más estragos en la salud, la vida y la economía.


La situación real el presidente es ahora más grave que al principio. En ese tiempo su obsesión de tumbar a Nicolás Maduro no le daba resultado; el compromiso de reducir los cultivos ilícitos y aminorar el narcotráfico se caía y Estados Unidos le jalaba las orejas; perdía el pulso de realizar cambios al acuerdo de paz por la vía jurídica; se veía obligado a ceder a las protestas estudiantiles; la estrategia de hacer una gran reforma tributaria se quedó a medias; pero la economía empezaba a reaccionar favorablemente a pesar de la caída en los precios del petróleo.


Ahora ese factor clave en la marcha de un gobierno se fue al suelo con el confinamiento obligado por el coronavirus. Los más optimistas afirman que la economía caerá hasta -5.5% y los pesimistas señalan que la caída en el 2020 llegará a -7.0%. Las consecuencias sociales serán desastrosas. El desempleo saltó a 21.5% y la pobreza aumentará de manera exponencial. Se le fue el único conejo que hubiera podido presentar al final de la jornada.


Podría haber aprovechado las enormes dificultades que generó la pandemia para ganar el favor de la opinión y mostrar otro temple, otra faceta de su vida, un nuevo liderazgo. Esa fue la ilusión que tuvieron los seguidores del uribismo en las primeras semanas de la crisis cuando se concentró en la atención de la crisis y levantó en las encuestas, pero esa ilusión se desvaneció rapidamente.


Duque no tenía en su equipaje para este viaje en la pandemia mayores habilidades, ni fuerza de carácter. Tampoco estaba bien rodeado, ni se preocupó por buscar inmediatamente una nueva coalición, una fuerza realmente mayoritaria para convocar al país a la unidad y empezar la tarea de atender tanto los efectos inmediatos de la crisis, como los duraderos, mediante grandes reformas.


Se ha movido siempre en la duda fatal. Entre las presiones para que alivie o anule el confinamiento para favorecer a los empresarios y atender necesidades sentidas de la comunidad y los llamados de los expertos y algunos mandatarios locales para que priorice la salud y la vida de los colombianos siendo más estricto y riguroso en el confinamiento. En esas dos aguas ha nadado una y otra vez. Los tres días sin IVA que decretó para aliviar la economía y sus consecuencias en el aceleramiento de los contagios y las muertes pesarán mucho a la hora de los balances. También la incapacidad para meter en cintura al sistema de salud.


Duque no ha tenido ni visión de largo plazo, ni capacidad para atender con eficacia las graves consecuencias inmediatas del coronavirus.