Duque en la ONU

Por: León Valencia, director – Pares


Según lo anunciado desde el gobierno, el discurso del presidente Duque en la Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) será, lamentablemente, una vuelta atrás. Los últimos discursos habían tenido como eje la paz de Colombia. Le hablábamos al mundo con esperanza, con la convicción de que habíamos encontrado una salida para nuestro problema mayor, para nuestro dolor más profundo, para la guerra que nos acosa desde mediados del siglo veinte. Le decíamos al mundo que necesitábamos su ayuda para la paz, para el postconflicto, para la reconciliación, para empezar de nuevo. Hablábamos en comunión con nuestros vecinos de América Latina. Ahora, todo indica que el interlocutor real del discurso será Estados Unidos, el tristemente célebre Donald Trump, y no el foro de todas las naciones.

Va decir Duque que el eje ya no es la paz y la reconciliación de los colombianos, que el eje es la seguridad, otra vez la seguridad; la lucha contra el narcotráfico, otra vez la lucha contra el narcotráfico, a la manera de Estados Unidos, atacando los eslabones más débiles de la cadena: a los campesinos cocaleros y a los consumidores locales; fumigando con glifosfato, otra vez fumigando con glifosfato para satisfacción de las empresas norteamericanas que producen el químico y para desgracia de nuestros campesinos y de nuestra flora y de nuestra fauna; otra vez persiguiendo en las calles a los consumidores como delincuentes, no como victimas de un flagelo que recorre al mundo; otra vez haciéndonos los de la vista gorda frente a la enorme corrupción que es a la vez causa y efecto del fenómeno, la estrecha relación entre empresarios legales y carteles de la droga, entre sectores de la fuerza pública y narcotraficantes.

Maduro, el inefable Maduro, será otro tema. No la angustia del pueblo venezolano, no la grave crisis de esa nación en manos de un régimen inepto y corrupto y de una oposición no menos inepta y corrupta, sino la atribución de izquierdas a ese régimen, la disputa ideológica con su trasfondo de intervención militar, que el embajador en Washington, Francisco Santos, proclama abiertamente y Duque sólo entre dientes. Una intervención que agregaría más dolor, más angustia a Venezuela, y de contera incendiaría nuestras fronteras, si es masiva, si es decisiva en la caída del gobierno; o fortalecería a Maduro y a Diosdado Cabello, si es lateral, si es apenas una intentona, nada bueno en ninguna versión. Ahí veremos que las soluciones para el millón de migrantes serán pobres o retóricas, sólo humo, para encubrir la idea obsesiva de extirpar el llamado castro-chavismo y nosotros seremos los calanchines de esa aventura.

Y hablará Duque de la paz y el postconflicto; claro, tendrá que hablar del tema, no podrá eludirlo; porque las Naciones Unidas trajeron a su Consejo de Seguridad a n