«Descontrol en el Quinto B» Una crónica carcelaria

Por: Mateo Gutiérrez León. Especial para Pares.


¡Esooooos de traslado! ¡Esooooos de traslado! Así eran los gritos del ordenanza del Quinto B. Su función era pararse en la puerta y atender cualquier recado necesario en el patio -llamar a una persona, avisar que era hora de alguna de las tres comidas, prevenir los operativos, avisar la entrada de la guardia al patio o anunciar la visita-. El preso al que le estaban anunciando su traslado no era cualquiera: era la “pluma” del patio, un hombre curtido en la cárcel y que sabía llevar las cosas. Inmediatamente el patio entró en un revuelo generalizado, los pasilleros intentaban acordar cómo se iba a reestructurar la jerarquía y acordaron la subida de la nueva «pluma», quien era pasillero y se consideraba una persona seria.


Los primeros días en que estuvo a cargo, la situación fue normal. No hubo mayor cambio y la rutina era la misma de siempre, sin embargo la nueva «pluma» empezó a traer del patio de al lado otros de sus “causas”, es decir los presos de la banda con los que había delinquido, y empezó a desplazar poco a poco a los pasilleros antiguos para poner a sus causas en los cargos de poder.


La actitud de estos nuevos pasilleros frente al patio empezó a generar descontento: poco a poco las “pelas