Del miedo a la esperanza

Por: Carlos Montoya Cely, Coordinador de Conflicto, paz y postconflicto-Pares


La escena parece sacada de una película de Fernando Vallejo: cuatro hombres fuera de un local comercial en el centro de Maicao, en La Guajira. Un sicario se acerca en moto, él y quien conduce disparan varias veces contra sus víctimas. Antes de huir, cuando los hombres ya están en el suelo, el sicario vuelve a disparar. Los remata con sevicia y se fuga. La noticia fue trasmitida en el noticiero de medio día. El hecho es tan aterrador como nuestra costumbre frente a estos eventos.

Parece que estamos condenados a vivir en el miedo. Sólo así se puede entender cómo en tiempos de construcción de paz y esperanza, el candidato con tiquete asegurado para segunda vuelta, y altas probabilidades de llegar a la presidencia, Iván Duque, es el único que de manera decidida representa el reciclaje de la guerra y todas las expresiones de violencia. Y con todas las expresiones de violencia me refiero a la forma como el uribismo entiende la sociedad colombiana.

No sorprende que sea el favorito. Si nuestro silencio contra la violencia ha sido tan prolongado, y nuestra relación con la tragedia tan normalizada. Si no sentimos estupor ante la muerte violenta de cientos de colombianos que mueren a diario, entonces mucho menos podremos reconocer la zozobra de hombres y mujeres que sobreviven sin servicio de salud, agua potable, electrificación, escuelas y demás servicios que dignifican la vida.

Y sin embargo, la elección de Duque como representante del uribismo es casi una acción magistral. Es joven, carismático y hasta hace unos meses absolutamente anónimo. La última característica, que en este contexto no debería generar ningún valor, se convierte en su mayor virtud dados los antecedentes de cada uno de los representantes de esta colectividad.

En todos los espacios en los que tiene oportunidad, Duque advierte que su gobierno “no tendrá un espejo retrovisor”, tratando de alejarse  de las casas políticas que aliadas con los paramilitares apoyaron entre 2002 y 2010 a Álvaro Uribe. Durante la primera parte de la campaña se quiso mantener lejos de estos apoyos, pero como era de esperarse, esto no fue posible, en tarima se dejó ver con Nadia Blel, hija y heredera del parapolítico Vicente Blel (quien al parecer  también compartió tari